Crónicas

Colmenar Viejo, 30 de agosto de 1985: la tarde en que murió El Yiyo

Ana Teresa Ramos

Ana Teresa Ramos

Redactor

30 de Agosto de 2026
Colmenar Viejo, 30 de agosto de 1985: la tarde en que murió El Yiyo
Hay tardes que quedan para siempre en la memoria de un pueblo. La del 30 de agosto de 1985 fue una de ellas. En la plaza de toros de La Corredera, en Colmenar Viejo, una corrida de feria terminó convertida en una de las páginas más trágicas de la historia del toreo.

José Cubero Sánchez, El Yiyo, tenía 21 años.

Aquel día ni siquiera estaba anunciado inicialmente en el cartel. Había entrado en la corrida para sustituir a Curro Romero, que se había lesionado el día anterior en Linares. Junto a él estaban Antonio Chenel "Antoñete" y José Luis Palomar, con toros de la ganadería de Marcos Núñez.

Yiyo era ya mucho más que una joven promesa. Nacido en Burdeos y criado en el barrio madrileño de Canillejas, había tomado la alternativa en Burgos en 1981 y se había convertido en uno de los toreros jóvenes más destacados de su generación. Había salido por la Puerta Grande de Las Ventas y su carrera parecía destinada a alcanzar las mayores cotas.

Pero aquel 30 de agosto, el destino tenía reservado para él el último toro de la tarde.

Se llamaba Burlero. Era el sexto de la corrida, pertenecía a la ganadería de Marcos Núñez y estaba marcado con el número 24. El toro tuvo una actuación brava y encastada. Yiyo lo lidió hasta llegar a la suerte suprema.

Llegó la estocada...

El torero había entrado a matar y, después de conseguir clavar la espada, se apartó del animal. Burlero estaba herido de muerte y parecía que todo había terminado.

Pero no fue así. El toro se revolvió inesperadamente y buscó al torero. Yiyo cayó al suelo. En el intento de evitar la embestida, el animal volvió a hacer por él y lo alcanzó por el lado izquierdo, introduciendo el pitón por la zona de la axila.

La cornada había alcanzado el corazón. Fue una herida mortal.

La noticia de la época, publicada al día siguiente, describió que el toro había sorprendido al torero cuando este ya se retiraba de su cara y que Yiyo quedó tendido en el ruedo. El animal cayó muerto instantes después. La presidencia concedió las dos orejas de Burlero.

Los hombres de la cuadrilla acudieron rápidamente para recoger al torero y llevarlo a la enfermería.

Ya no había nada que hacer. El médico de la plaza, Javier de la Serna, certificó que Yiyo había llegado muerto a la enfermería. Tenía solamente 21 años. Su cadáver permaneció allí hasta aproximadamente las diez de la noche, mientras se realizaban las diligencias correspondientes.

En medio de aquella tragedia quedó una frase que se convertiría en una de las más recordadas de la historia reciente del toreo, mientras era trasladado hacia la enfermería, Yiyo le dijo a su hombre de confianza, el peón Pablo Saugar, Pali:
"Pali, este toro me ha matado".
Una frase breve. Terrible. La frase de un hombre que, con apenas 21 años, parecía saber que la herida era definitiva.

La muerte de Yiyo conmocionó al mundo del toro y a todo Colmenar Viejo. No era solamente la muerte de un torero joven: era la desaparición de una de las grandes esperanzas de la tauromaquia española.

Y había además un recuerdo todavía reciente que hacía la tragedia aún más dolorosa.

Un año antes, en septiembre de 1984, Yiyo había vivido de cerca la muerte de Paquirri en Pozoblanco. Tras la cogida mortal del torero gaditano, fue Yiyo quien tuvo que enfrentarse al toro Avispado.

Ahora era él quien había muerto delante del toro.

El 30 de agosto de 1985, Colmenar Viejo quedó unido para siempre al nombre de José Cubero.

Con el paso de los años, la localidad quiso mantener viva su memoria. En 1991 se inauguró un monumento dedicado al torero, obra del escultor Antonio Ballester, titulado «El último brindis». Originalmente se instaló frente a la Puerta Grande de la plaza de toros y posteriormente fue trasladado a la glorieta que lleva el nombre de Yiyo.

También quedó otro recuerdo material de aquella tarde: la cabeza de Burlero, que con el tiempo llegó al Museo Taurino de Las Ventas, junto al traje de luces que Yiyo llevaba aquella tarde en Colmenar Viejo.

Hoy, 41 años después, resulta difícil mirar aquella fecha sin pensar en todo lo que pudo haber sido.

Yiyo tenía 21 años.

Le quedaba casi toda la vida por delante. Le quedaban plazas, temporadas, triunfos y tardes que nunca llegaron.

Pero la historia quiso detenerlo allí, en La Corredera, frente a un toro llamado Burlero.

Aquel 30 de agosto de 1985, José Cubero salió a torear.

Y ya no volvió a casa.

Cuarenta y un años después, Colmenar Viejo sigue recordándolo.
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