El sevillano firma una faena antológica al cuarto y abre la Puerta Grande, mientras Paco Ureña y Borja Jiménez pasean una oreja cada uno en una tarde de máxima emoción y entrega.
Morante de la Puebla, De buenas hechuras, acapachado y bien presentado de perfil, fue el primero, un toro noble y de buen embroque al que Morante de la Puebla recibió con verónicas de gusto, levantando los primeros olés de la tarde. Tomó dos puyazos y conservó su condición durante la faena de muleta, aunque acusó cierta falta de transmisión y de fuelle. El sevillano construyó un trasteo de mucho sabor, ligando los muletazos sin apoyarse en inercias y conduciendo las embestidas con notable ajuste. Hubo reunión, temple y torería en una labor que tenía la oreja en la mano de haber acertado con la espada. Un pinchazo y media estocada dejaron el premio en una ovación.
Paco Ureña, El segundo tuvo mayor perfil que el anterior, un toro de armónicas hechuras y muy agradable de presencia que destacó por la extraordinaria calidad de sus embestidas. Paco Ureña inició la faena con estatuarios, para después construir un trasteo de profundidad, llevando al animal con la muleta baja y mucha firmeza. El de Domingo Hernández fue perdiendo algo de celo conforme avanzó la faena, aunque nunca dejó de mostrar su categoría en el embroque. La espada terminó por negar el triunfo: media estocada al tercer intento. Ovación tras aviso.
Borja Jiménez, A la puerta de chiqueros se marchó Borja Jiménez para recibir al tercero, protagonizando momentos de apuro al tener que echarse al suelo para librar el lance. El de Domingo Hernández mostró buenas intenciones, pero llegó al último tercio corto de raza y con una embestida poco entregada, desplazándose sobre las manos. Borja se plantó en los medios para iniciar la faena con pases cambiados, y desde ahí fue construyendo un trasteo que ganó enteros conforme avanzó. La última serie por el pitón derecho tuvo especial calado. Se volcó con la espada y dejó una estocada al primer intento. La petición de oreja fue mayoritaria, pero la presidencia decidió no concederla. Borja Jiménez dio la vuelta al ruedo tras una intensa petición y después de sonar un aviso.
Morante de la Puebla, escribió una de esas páginas que quedan en la memoria de una plaza. El cuarto salió de chiqueros algo encogido y, en sus primeros compases, llevó las embestidas por dentro. Ahí comenzó el ejercicio de máxima exposición del sevillano, que, desde el embroque más comprometido, fue consintiendo y enseñando al toro, hasta conseguir que las embestidas fueran ganando entrega. El ajuste fue absoluto. No sonó la música, pero la verdadera sinfonía se estaba interpretando en el ruedo. La faena fue creciendo poco a poco, hasta que el toro terminó entregándose por completo y Morante alcanzó entonces cotas de toreo sencillamente extraordinarias. Los olés rompían el silencio y se extendían por toda la plaza y más allá de sus tendidos.
Fue, sin discusión, una actuación histórica de Morante de la Puebla en Albacete y una de las faenas de mayor dimensión de su temporada. La estocada puso el punto final que todos esperaban y, esta vez sí, el premio fue unánime: dos orejas. La posterior vuelta al ruedo, lenta, solemne y larguísima, estuvo a la altura de una faena que ya forma parte de la historia reciente del coso albaceteño.
Paco Ureña, No era sencillo el compromiso que tenía Paco Ureña ante el quinto, pero el murciano volvió a echarse la tarde a la espalda. Después de un quite por gaoneras, inició la faena de rodillas en los medios, entregándose desde el primer muletazo ante un toro de Domingo Hernández que respondió con clase, nobleza y emoción. Paco Ureña abrió el compás y construyó una faena de mucha raza, entrega y verdad, consiguiendo meterse de lleno al público en el bolsillo. La conexión con los tendidos fue creciendo hasta desembocar en una petición mayoritaria y rotunda de la segunda oreja tras entrar a matar recibiendo. La plaza se tiñó de blanco, pero la presidencia decidió conceder únicamente un trofeo. La decisión provocó una nueva y sonora bronca en los tendidos.
Borja Jiménez, Una oreja paseó Borja Jiménez del sexto y último de la tarde, después de una actuación en la que el de Espartinas volvió a mostrar su absoluta disposición. Lo recibió con varias largas cambiadas de rodillas y continuó después a la verónica, templando las embestidas del de Domingo Hernández. El toro apuntó clase en sus viajes, aunque terminó afligiéndose tras lastimarse de los cuartos traseros. Hasta ese momento, Borja había dejado pasajes de gran nivel, toreando con firmeza y profundidad. Se volcó con la espada y dejó una estocada que le valió para cortar una oreja.