El sevillano cortó dos orejas, una en cada toro, y salió a hombros tras una tarde de capacidad y temple. Aarón Palacio paseó una oreja y Manuel Escribano se mostró firme y entregado ante una corrida exigente del hierro de Victorino Martín.
Manuel Escribano se las vio en primer lugar con un toro que desde los primeros compases dejó patente su escaso recorrido. El sevillano protagonizó un buen tercio de banderillas antes de enfrentarse a un animal complicado por el pitón izquierdo, por donde reponía con peligro y exigía el máximo al torero. Escribano tiró de oficio, firmeza y capacidad para encontrarle el sitio por el lado derecho, donde consiguió hilvanar dos tandas de mérito. Una estocada puso fin a una labor de mucho compromiso. Ovación.
Daniel Luque recibió al segundo con un capote de gran sentido lidiador, tratando desde el principio de ordenar las embestidas y abrirle los caminos. Al animal le costaba desplazarse, aunque tenía en la humillación una de sus principales virtudes. El sevillano fue capaz de ir haciéndolo poco a poco, construyendo una faena técnica y solvente, toreando de uno en uno hasta conseguir que el toro terminara entregándose. Hubo muletazos de profundidad por ambos pitones en una labor que fue creciendo en intensidad y expresión. Luque se aseguró con la espada, aunque necesitó después del descabello. Cortó una oreja.
Aarón Palacio, El tercero salió con nobleza y clase, virtudes que Aarón Palacio supo aprovechar desde el recibo capotero. El joven torero se estiró a la verónica con mucha despaciosidad, templando las embestidas del de Victorino Martín. En la muleta consiguió mantener ese ritmo y encontró sus mejores momentos toreando al natural, donde hubo muletazos largos, templados y con hondura. La faena tuvo consistencia y buen concepto, rematada con una estocada al primer intento. Oreja.
Manuel Escribano se marchó a la puerta de chiqueros para recibir al cuarto, en una muestra más de la disposición que marcó su tarde. Después de un buen tercio de banderillas, el sevillano se encontró con un toro que no concedió opciones y que desarrolló un peligro evidente por ambos pitones. Una auténtica alimaña que obligó a Escribano a tirar de todos sus recursos y de un oficio extraordinario para intentar sacar algo de donde apenas había. La estocada puso el punto final a una actuación de enorme compromiso. Ovación.
Daniel Luque recibió al quinto con un capote de mando y conocimiento, intentando encauzar desde el primer momento las embestidas del toro. En el último tercio apareció un Victorino con clase y humillación, cualidades que el sevillano exprimió con inteligencia. Luque construyó una faena de ritmo, temple y personalidad, dejando muletazos de notable factura y encontrando el equilibrio entre la exigencia y el gusto. Tras la estocada tuvo que recurrir al descabello, pero el conjunto de la obra le valió para pasear una oreja.
Aarón Palacio cerró la tarde ante un sexto que salió apretando y que, con capacidad, el torero supo sacar hacia los medios. El de Victorino Martín se quedaba corto por el pitón derecho, mientras que al natural ofrecía sus mejores viajes. Palacio no dudó en apostar por ese lado y logró tres tandas de gran contenido, con muletazos hondos y bien trazados. Terminó toreando al natural, a pies juntos, en un cierre de mucha torería. La espada quedó baja y, tras otro intento, necesitó dos descabellos. Ovación.