Paco Ureña paseó una oreja, David, Galván y Emiliano Osornio dos orejas por coleta; Fernando Adrián marra una gran faena con la espada; y el novillero Aitor Fernández cortó un apéndice
La temporada taurina está terminando. Apenas quedan un manojo de festejos contados con los dedos de las manos. Y con ello, llega el tradicional festival benéfico de la localidad madrileña de Chinchón, celebrado desde 1871. Un festival con mucha solera y lleno de alicientes, compuesto en esta edición por Paco Ureña, Fortes, Fernando Adrián, David Galván y los novilleros Emiliano Osornio, Aitor Fernández y Álvaro Chinchón. Todo un acontecimiento para rematar la temporada.
Paco Ureña abrió plaza, ante un animal de Daniel Ruiz que salía suelto en los primeros compases, pero consiguió meterlo en las telas, dejando un quite por gaoneras muy ceñidas, pese a las molestiasdel viento. Ya en la muleta, acusó de fuerzas en animal, pero tenía clase por el izquierdo, y así lo aprovechó el murciano, toreando al natural con mucho gusto y despaciosidad, con muletazos muy largos. Le costó entrar en la faena al respetable, y paseó una oreja tras una estocada entera y un tanto trasera. Oreja
Con el segundo, de Victoriano del Río y que apretó de salida, anduvo Fortes muy firme. Fue muy duro. Esta ganadería es muy buena salvo cuando te sale un animal así, metiéndose por dentro, soltando la cara y quedándose por debajo en cada muletazo. Estuvo resolutivo Fortes, tratando de robarle algún muletazo, sin opciones. Estocada la segunda. Silencio
David Galván, con el tercero, también de Victoriano del Río y con transmisión, inició la faena -que brindó al maestro Curro Vázquez- con doblones por bajo de torerísmas maneras. No hay mejor homenaje para el de Linares. La faena prosiguió por ambos pitones ante un buen astado, al que sometió por bajo, llevándolo muy largo, y con mucha expresión. Espada casi entera en toda la yema, que le permitió cortar dos orejas.
Al cuarto, muy enclasado de salida, Fernando Adrián dejó un ramillete de verónicas de mucho gusto, rematadas con una media. Eso mismo hizo en el quite. Esta vez con mayor gusto y empaque, levantando al público de sus asientos. Inició la faena de rodillas cambiándose al toro por la espalda. Ligó las tandas por ambos pitones -ante un buen toro de El Pilar-, acoplándose a sus embestidas y toreando con mucho temple. Acortó distancias en los últimos compases de la faena, con circulares, aunque el animal ya estaba agarrado al piso. Perdió los trofeos con la suerte suprema.
Abría el turno de los novilleros con caballos Aitor Fernández, novillero local, que venía de actuar en Madrid -como sobresaliente de Álvaro Serrano-. Tuvo como antagonista una pintura de La Cercada, novillo de al que quitó por saltilleras muy ceñidas, quedándose muy quieto. Ya en la muleta, el novillo se abría mucho, y consiguió ligar tandas sobre todo al natural, pese a no acabar de limpiar los muletazos. Oreja
En sexto lugar, el mexicano Emiliano Osornio, elegantemente vestido con su sombrero charro, cuajó a la verónica al novillo de salida. En el quite, volvió a lancear a la verónica con mucha delicadeza a y remató con una media garbosa que paró los rejones. La faena de muleta fue una oda a la Toreria, con muletazos cámara lenta por ambos pitones, hundido en el suelo y con la mano muy baja. Un final por bajo y una tocada arriba le permitieron cortar dos orejas, y quedar para el recuerdo de aficionado de Chinchón.
Al el cierraplaza, lo recibió Álvaro Chinchón por faroles de rodillas y lances a la verónica. Quitó por tafalleras de mucho gusto. En la muleta, se metía por dentro soltaba la cara el novillo, y el novillero local consiguió meterlo en los vuelos, y dejar muletazos sueltos, ya que no podía ligar, debido a la condición del animal, que terminó por rajarse. Perdió el triunfo con los aceros. Ovación