Extraordinario tentadero con Roca Rey en la ganadería San Isidro, propiedad de Raúl Tenorio
En un ambiente íntimo y plenamente campero, Roca Rey pudo vivir una mañana de esas que quedan grabadas en la memoria de los aficionados.

Manolo Herrera
Redactor
El ganadero Raúl Tenorio, responsable del prestigioso hierro de San Isidro, ha
tenido el honor de recibir -jueves 12 de
marzo- en su finca, que lleva el mismo nombre que la ganadería, a la máxima
figura del toreo mundial: Roca Rey. El
torero hispano-peruano visitó la casa ganadera
para disfrutar de una jornada de campo marcada por la pasión
por el toro bravo y la
esencia más pura del toreo.
En un ambiente íntimo y plenamente campero, Roca Rey pudo vivir una mañana de esas
que quedan grabadas en la memoria de los aficionados. En la placita de la finca
tentó cinco extraordinarias utreras
de la ganadería de San Isidro, ejemplares que permitieron al diestro expresar
su concepto del toreo con
profundidad, temple y sentimiento.
Las utreras
respondieron con calidad,
clase y bravura, ofreciendo embestidas que invitaron al torero a
recrearse y a soñar el toreo en esa dimensión tan especial que
solo se alcanza en el campo, lejos del ruido de las plazas y ante la
autenticidad del animal bravo. Allí, en esa intimidad donde el torero se
encuentra consigo mismo, Roca Rey pudo
saciarse toreando y disfrutando de cada embestida, dejando momentos de gran
belleza y pureza.
La jornada, además de servir
como preparación y entrenamiento para la
temporada, fue también una muestra del excelente momento
ganadero que atraviesa el hierro de San Isidro. La casa que dirige Raúl Tenorio continúa consolidando un toro con personalidad, nobleza
y transmisión, cualidades
que se dejaron ver claramente durante la tienta.
La ganadería de San Isidro
está ubicada en la
localidad madrileña de Villarejo de
Salvanés y procede del encaste Daniel
Ruiz y Cuvillo. Este origen ganadero se refleja en un tipo de animal con
clase en la embestida, movilidad y una notable capacidad para el lucimiento un del torero.
Sin duda, fue una jornada campera
plena de torería
y afición, en la
que campo, toro y torero se unieron para recordar que el toreo, antes que
espectáculo, es un arte que nace y se sueña en la dehesa.


