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Fernando Adrián: la elegancia y el valor de un torero en plenitud

Conversamos con el maestro Fernando Adrián, una de las figuras más destacadas del momento, sobre su trayectoria, su concepto del toreo y los desafíos que marcan su camino en una temporada clave. Entre entrega, técnica y emoción, el diestro nos abre las puertas de su mundo más personal y profesional.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

27 de Marzo de 2026
Fernando Adrián: la elegancia y el valor de un torero en plenitud
Fernando, después de varios años de esfuerzo y constancia, ¿qué ha significado para usted consolidarse en plazas como Las Ventas y salir por la Puerta Grande?

Consolidarse en la afición de Las Ventas es, sin duda, la recompensa a años de trabajo silencioso. Salir por la Puerta Grande no es solo un triunfo personal, es el reconocimiento de la afición más exigente del mundo. Cada paso en Madrid ha sido una prueba de paciencia, de constancia, de mantener la ilusión en cada entreno, en cada tienta, en cada corrida, hasta que el ruedo te devuelve todo lo que has invertido. Para mí, cada gesto de la afición es un reflejo del camino recorrido y de la fe que nunca perdí.

 Su triunfo en la Copa Chenel marcó un antes y un después en su carrera. ¿Cómo vivió aquel momento y qué cambió a partir de entonces?

La Copa Chenel fue un punto de inflexión. Marcar ese triunfo fue como encender una luz en el horizonte: de repente, todo lo trabajado parecía tener sentido. La tarde de Santiago Domecq en Las Ventas en 2023 también fue crucial, y luego aquel toro de Juan Pedro en la Beneficencia me permitió plasmar naturales que había imaginado miles de veces.

Ha hablado en varias ocasiones de la dureza del camino hasta llegar a las grandes ferias. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de su trayectoria?

Los momentos más duros siempre tienen que ver con la espera y la incertidumbre. Estar en el banquillo, ver pasar oportunidades mientras uno se prepara día a día, es un ejercicio de paciencia y de fortaleza mental que desgasta más que cualquier toro. Pero esos años también curten, enseñan a valorar cada tarde y a entender que en el toreo no hay atajos: solo esfuerzo, constancia y amor por la profesión.

Después de años esperando oportunidades importantes, ¿qué le ha ayudado a mantener la motivación y la fe en sí mismo?

La motivación siempre ha venido de dentro. Saber que el toreo es mi vida y que nada sustituye la sensación de estar en un ruedo me ha mantenido firme. Cada entrenamiento o cada tentadero fue un recordatorio de que el esfuerzo no se pierde, y que la paciencia trae recompensas. La fe en uno mismo es la que te levanta cuando los días son largos y las oportunidades escasas.

En su evolución como torero, ¿cómo definiría hoy su concepto del toreo y en qué ha cambiado respecto a sus inicios?

Hoy busco un toreo pausado, largo y profundo. La quietud y la naturalidad se han convertido en mis pilares: todo lo que no es esencial, lo dejo atrás. Cuando empecé, mi toreo era más impulsivo, quizá más intenso, pero con los años he aprendido que la verdadera emoción nace del control, de la serenidad y de respetar los tiempos.

Recientemente ha habido cambios en su equipo de apoderamiento. ¿Qué busca en esta nueva etapa profesional?

Cada cambio es una oportunidad para crecer, para organizar mejor la temporada y para concentrarme en lo que realmente importa: torear y conectar con la afición. Agradezco también todo lo que mi anterior apoderado, Maximino Pérez, hizo por mi carrera. Es un gran amigo.

Sus actuaciones más recientes han despertado gran interés entre la afición. ¿Siente que está viviendo el mejor momento de su carrera?

Siento que estoy en un momento muy maduro, sí, aunque siempre hay margen para crecer. Cada tarde es un nuevo desafío y ofrece un aprendizaje distinto. No me gusta conformarme; cada triunfo debe ser un escalón hacia algo más grande. Hoy, la confianza y la experiencia se mezclan con la ilusión de cada paseíllo, y eso hace que el toreo sea aún más grande.

 ¿Cómo gestiona la presión cuando pisa una plaza de máxima responsabilidad como Madrid?

La presión en Madrid es enorme, pero se gestiona con preparación y concentración. Antes de cada tarde trato de aislarme de todo lo externo y centrarme en el toro y en mi toreo.

Mirando al futuro, ¿qué metas se marca Fernando Adrián para las próximas temporadas?

Seguir creciendo como torero, conquistar aficiones y aprender de cada corrida. No hay secretos: esfuerzo diario, constancia y pasión. Quiero seguir expresándome como siento el toreo, y hacerlo feliz a la gente que ama esta fiesta. Cada tarde es un paso hacia adelante, y mi objetivo es que cada paso tenga sentido y deje huella.

Por último, ¿qué mensaje le daría a los aficionados que siguen su carrera y confían en usted?

Que su apoyo es imprescindible. Saber que hay alguien que valora tu esfuerzo y tu toreo es lo que da fuerza para levantarse cada día. Mi compromiso es seguir creciendo, mejorar y regalar tardes que emocionen, porque al final, torear es un diálogo: ellos me dan energía, yo intento devolverles emoción.
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