Tal día como hoy, hace 66 años, Rafael de Paula toma la alternativa
Tuvo como padrino al madrileño Julio Aparicio y como testigo a Antonio Ordóñez

Pablo García
Redactor

Hoy se recuerdan los años que han pasado desde la toma de una de las alternativas más recordadas en la historia del toreo. Fue la Goyesca de Ronda la que acogió en 1966 el doctorado de Rafael de Paula, el gitano de Jerez, de manos de Julio Aparicio y Antonio Ordóñez como testigo.
Recuerdan las crónicas que la tarde estuvo marcada por el buen juego del encierro de Atanasio Fernández y el triunfo rotundo de la terna, que salió a hombros del coso rondeño. Aparicio, Ordóñez y De Paula lucieron vestidos blancos bordados en negro, solemne para la ocasión, ante un lleno absoluto. Este ambiente y el resultado estuvieron naturalmente a la altura de una tarde asignada para permanecer en la memoria de los presentes y de la tauromaquia en general.
De Jerez acudió un buen grupo para presenciar el debut como matador de su vecino, con un peso importante a este otro factor. Manolo Liaño, en su crónica para El Ruedo, definió a De Paula como “torero, gitano y de Jerez”. Sobre su forma de entender y ejercer el toreo, destacó el “arte exquisito” que llevaba dentro y puso nombre a lo que tanta gente llevaba sintiendo con el matador en su época anterior. Todo lo que hacía De Paula, dijo, tenía “olor, color y sabor”.
El recién doctorado dejó su firma desde el capote, especialmente con la pureza del ramillete de verónicas con las que recibió al toro que abrió plaza y al sexto de la tarde. Sin embargo, fue después con la muleta cuando alcanzaría uno de sus momentos cumbre. Frente al toro de su alternativa, castaño marcado con el número 10, firmó una faena concebida desde derechazos impecables y naturales con hondura. Sin necesidad de artificios. La estocada, eso sí, quedó algo baja debido a un extraño del toro en el momento de entrar a matar y, aún así, De Paula recibió el reconocimiento del respetable con una oreja.
El sexto también fue escenario del talento del torero jerezano. Se sentía la inspiración de un torero entregado hasta la máxima concepción de valor. Se le reconocen recursos ayudados por bajo, pases de la firma, trincherazos, kikirikíes, naturales y pases en redondo. Luego de pinchar dos veces en la suprema, media estocada y descabello, cortó otra oreja y dio la vuelta al ruedo.
Sesenta y seis años después, aquella Goyesca de Ronda permanece como una fecha fundamental en la trayectoria de Rafael de Paula y en el toreo como se sigue entendiendo hoy. Pues fue el día en el que el gitano de Jerez confirmó sobre el ruedo que había nacido para interpretar el toreo de una manera diferente, con un arte que tenía “olor, color y sabor”.


