Una terna digna de final, en San Martín de Valdeiglesias
Una gran tarde de toros en la que Héctor Gutiérrez paseó dos orejas, Fernando Plaza dio una vuelta al ruedo, y Mario Navas cortó un apéndice

Ruben Castillo
Redactor

Van pasando los días en el calendario, y con ello va avanzando la Copa Chenel. San Martín de Valdeiglesias acogía en el día de hoy el último de los tres festejos que componen la segunda fase del certamen, con un cartel que podría considerarse como una final. Abre la terna del mexicano Hector Gutiérrez, que dejó grandes sensaciones en la primera fase en San Agustín del Guadalix, mismo sitio donde triunfó Mario Navas, que cerrará el cartel junto a Fernando plaza, quién despertó expectación en su anterior comparecencia. Los toros corresponden a las ganaderías de Castillejo de Huebra y Adolfo Martín.
Hector Gutiérrez -blanco y oro- dejó bonitas verónicas para recibir al primero de Adolfo, que colocó la cara de salida, y que tenía transmisió. Así lo aprovechó el mexicano, que dejó muletazos de gran profundidad y largura, con la “pata palante”, llevándose al toro detrás de la cadera, por ambos pitones. Una estocada algo desprendida y un descabello le valieron la primera oreja de la tarde.
Al cuarto, Héctor Gutiérrez le formó un auténtico lío. De salida, el de Castillejo fue duro, embistiendo a saltos y soltando la cara, pero el puyazo templó su embestida, y en la muleta sacó clase y despaciosidad, que fue aprovechada por el mexicano, cuajando al toro por los dos pitones, a cámara lenta y con una torería propia de un trianero y no de un mexicano. Mató una tocada, y cortó una oreja con fuerte petición de la segunda.
Fernando Plaza -blanco y oro- abrió su tarde con el sobrero de Castillejo de Huebra, puesto que su hermano, quien corría como titular, acusó de fuerzas y fue devuelto. El segundo bis fue muy duro para estar delante. En los primeros tercios salía desentendido de los capotes, y según fue perdiendo fuerza, comenzó a soltar la cara en cada muletazo. Plaza tragó, y consiguió robarle algún muletazo, pero sin redondear nada más allá. Estocada y varios golpes de descabello. Silencio
Con el quinto, de Adolfo Martín, que embistió en los capotes haciendo el avión y al ralentí, Fernando Plaza bordó el toreo caro, cuajando al toro por el pitón izquierdo -que embestía de ensueño-, con muletazos de gran hondura, con la figura hundida, llevándolo atrás, a cámara lenta. Se terminó por rajar el animal, y Plaza cerró la faena con naturales de uno en uno pegado a tablas, que levantaron al respetable de sus asientos. Un pinchazo y una estocada le privaron de una oreja, pese a la fuerte petición. Vuelta al ruedo
Mario Navas -sangre y oro- cuajó con la capa al tercero de la tarde, dejando un ramillete de verónicas de cante grande, rematado con una media, para pasar a llevar al toro al caballo con garbosas chicuelinas. Con el tranco inicial el toro tenía clase, pero la fue perdiendo con el transcurso de la lidia, volviéndose complicado para estar delante. Navas estuvo muy firme ante los derrotes del animal -que embestía a media altura-, y consiguió ligar alguna tanda, con gran calado en los tendidos. Complicado fue de nuevo para entrar a matar, llegando a romper el fajín de MN. Silencio.
El sexto, de Adolfo Martín, que apretó en varas, tuvo clase en la muleta, e inició la faena Navas por doblones muy toreros, para seguir toreando en redondo, ante un animal con clase, pero con dureza. Dejó una faena breve, pero con mucha intensidad, tratando de hacerle las cosas al animal con mucho gusto y empaque. Un final por ayudados, y un pinchazo y estocada le permitió cortar un apéndice.


