Opinión

Antonio Aparicio tira de pundonor y paga con sangre una oreja en un desigual encierro

El novillero se jugó la vida ante un lote complejo, silenciando su labor en el primero tras tirarse a matar sin hueco y paseando una merecida oreja en el sexto tras sobreponerse a una dura voltereta en una demostración absoluta de valor y firmeza.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

5 de Septiembre de 2026
Antonio Aparicio tira de pundonor y paga con sangre una oreja en un desigual encierro
Antonio Aparicio vivió la cara y la cruz de la tauromaquia en un festejo marcado por las escasas opciones que ofreció el encierro. Su paso por el ruedo fue una auténtica demostración de firmeza, valor y pundonor, teniendo que sobreponerse a las complicaciones de su lote hasta lograr tocar pelo en el tramo final de la tarde.
En el primer novillo de su lote, el tercero de la reunión, Aparicio se topó con un ejemplar descastado y reservón que rehusó emplearse tanto en las telas como en el caballo. Tras un castigo mal ejecutado y protestado por los tendidos, el astado llegó al último tercio a la defensiva y buscando el abrigo de los adentros. Tras un peligroso apuro de Miguel Ángel Ramírez en banderillas, el diestro no lo dudó y se jugó el tipo pegado a las tablas para tirarse a matar sin hueco posible. Su esfuerzo y exposición se saldaron con el silencio del respetable, mientras el novillo era pitado en el arrastre.
La recompensa a su entrega llegó en el sexto y último de la función, el único colaborador relativo de toda la jornada. Aparicio logró expresarse con gusto por el pitón diestro en una entonada tanda inicial antes de que el animal comenzara a frenarse y a perder celo. Aguantó los parones con enorme firmeza, pero durante un desplante el astado hizo por él, propinándole una dura voltereta y una severa paliza sobre el albero.
Sin chaquetilla y visiblemente mermado tras el percance, volvió a la cara del novillo con una determinación incontestable para firmar una estocada efectiva al segundo intento. El público reconoció su valentía concediéndole una oreja de mucho peso, premio al coraje de quien no se dejó nada en el tintero.

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