Antonio Ferrera conquista Madrid a base de ingenio y buen toreo
Antonio Ferrera logra su cuarta Puerta Grande en Las Ventas, mientras que Paco Ureña cae herido en el tercero.

Antonio Tortosa
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaLas Ventas
GanaderíaToros de Adolfo Martín
FestejoCorrida de toros. Vigésimo primer festejo de la Feria de San Isidro 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Adolfo Martín, bien presentado, ligeros de carnes, con juego desigual y exigentes.
Antonio Ferrera
silencio, oreja y oreja tras aviso en el que mató por Paco Ureña
Manuel Escribano
silencio tras aviso y silencio tras aviso
Paco Ureña
silencio y herido
El festejo se abrió con ‘Volador’, un ejemplar serio y largo que fue aplaudido de salida, pero que pronto demostró su nula entrega. Antonio Ferrera se topó con un animal que midió cada embestida y repuso con saña. El extremeño tuvo que tirar de oficio y agilidad de piernas para robar muletazos de mucho mérito sobre la diestra, retrasando el embroque en un trasteo donde el lucimiento era una quimera. Tras atascarse con los aceros, fue silenciado.
La réplica llegó de las manos de Manuel Escribano frente al segundo, de nombre ‘Mentiroso’. El sevillano se fue a portagayola, salvando con agilidad un pitonazo cuando el toro se frenó en seco. Fino y ofensivo, el de Adolfo empujó bien en varas y permitió a Escribano protagonizar un vibrante tercio de banderillas que puso a la plaza en pie, especialmente tras un cuarto par pedido por el público en el que quebró por dentro sentado en el estribo. Sin embargo, en la muleta el animal resultó deslucido, incierto y falto de raza, diluyendo cualquier esperanza de triunfo.
El drama sobrecogió a Madrid en el tercer capítulo. ‘Peluquero’, un astado veleto y complicado que no entró por los ojos, desarrolló sentido y peligro desde los primeros tercios. Pese a todo, Paco Ureña se puso sobre la diestra dispuesto a sacarlo de las tablas. En un embroque, el animal se frenó y prendió al murciano. Ya en la arena, lo levantó con violencia, infiriéndole una cornada en el muslo izquierdo. Con una raza encomiable y la ropa destrozada, Ureña volvió a la cara del toro jugándose la vida ante un animal que lo buscaba con fiereza. Dejó una estocada corta y la plaza entera rugió en una calurosa ovación mientras el torero caminaba, por su propio pie y con el muslo herido, hacia la enfermería.
Saltó el cuarto, otro ‘Mentiroso’, un animal cuajado que humilló de salida. Tras un soberbio tercio de banderillas de Ángel Otero, llegó la obra cumbre de la tarde. Antonio Ferrera entendió a la perfección la clase y entrega del astado. Comenzó al natural, arrancando los primeros olés rotundos de la tarde, para luego firmar un pasaje inolvidable: tiró la espada simulada y toreó al natural con la mano diestra, enganchando al toro con enorme suavidad y llevándolo largo y profundo. Fue una faena inteligente y medida que remató, tras un primer intento, con una gran estocada citando en largo. La oreja de ley no se hizo esperar.
Manuel Escribano volvió a irse a la puerta de chiqueros para recibir al quinto, ‘Malagueño’. Fue un trance agónico, pues el toro salió distraído, pero el de Gerena lo solventó con una larga y despaciosas verónicas. Volvió a brillar en banderillas ante un animal tardo, cerrando con un espectacular par al violín. En el último tercio, Escribano se mostró firme y asentado frente a un astado que embestía con codicia pero que se quedaba corto, impidiendo la ligazón. Sonó un aviso antes de matar y su labor fue silenciada.
Cerró la tarde ‘Monedero’, un sexto toro imponente y ofensivo que lidió Ferrera en los primeros compases, en un tercio de varas en el que el mismo torero picó el toro, marcado por una fuerte polémica y protestas ante la confusión del palco presidencial en el cambio de tercio. Ya en la muleta, Antonio Ferrera se enfrentó a un animal que embestía humillado pero que exigía una barbaridad. El extremeño cuajó una faena de tremendo esfuerzo, encontrando momentos de mucho relajo al natural, con la figura completamente vertical, para acompañar la exigente pero enclasada embestida del toro. Tras dejar una estocada desprendida citando desde las tablas, saludó desde el tercio.







