El novillero corta tres en una tarde de ‘no hay billetes’ con astados de Los Maños, marcada por el gravísimo percance de Tomás González.
La plaza de toros de Arganda del Rey (Madrid) ha vivido una tarde de enorme intensidad este martes 8 de septiembre de 2026 con la celebración de la segunda de la XXXVII Feria de Novilladas ‘Vid de Oro’, colgando de nuevo el cartel de ‘No Hay Billetes’ en los tendidos. Se ha lidiado un encierro perteneciente a la ganadería de Los Maños, de juego desigual, exigente y de aparatosa presencia, en una jornada donde la cara y la cruz se repartieron entre el triunfo arrollador y la tragedia en el ruedo.
Víctor Barroso abrió plaza con un abreplaza que ya hizo extraños en el capote y resultó informal y descompuesto en la muleta; el gaditano no terminó de cogerle el pulso y mató de estocada trasera y tendida para ser silenciado. Tras la dramática cogida de Tomás González, tuvo que hacerse cargo de la muerte de ese utrero, escuchando silencio tras dos avisos. En su turno natural, el cuarto de capa cárdena ensabanada, acusó una acusada querencia a la puerta de chiqueros que limitó sus opciones, siendo silenciado de nuevo.
Tomás González protagonizó los momentos de mayor angustia de la feria. Su oponente ya había sembrado el pánico en el tercio de banderillas alcanzando y derribando a dos subalternos de su cuadrilla —Omar Guerra y Miguel Ángel Ramírez—, quienes tuvieron que pasar a la enfermería. Con el novillo saliendo con la cara alta, el extremeño logró hilvanar un par de series antes de que, tras dar la espalda en un desplante, el animal hiciera presa con extrema violencia, prendiéndole a la altura del glúteo derecho y sosteniéndolo en el aire. Con pronóstico grave, fue intervenido en la enfermería de una ‘herida por asta de toro en región perianal posterior con afectación de piel, esfínter no afectado’, siendo posteriormente trasladado al hospital para someterse a un TAC por fuertes dolores abdominales.
López Ortega firmó una actuación memorable que le catapultó directamente a la puerta grande tras cortar cuatro orejas. En el tercero, tras un meritorio recibo de capa y buen tercio de banderillas de su cuadrilla, brindó al público y se arrodilló en los medios para arrancar una serie en redondo de tremendo compromiso, matando de estocada tendida para pasear una oreja con leve petición de la segunda. En el quinto, un jabonero bocinegro al que brindó dejando la montera en la puerta de la enfermería, toreó con mando y ligazón antes de una estocada atravesada, premiándose su labor con la vuelta al ruedo tras petición. El éxtasis llegó en el sexto, donde Marcos Prieto saludó montera en mano tras un gran tercio de banderillas; López Ortega cuajó una faena exquisita al natural, adornada con preciosas trincheras, desorejando por partida doble al animal y sumando dos trofeos con ovación en el arrastre para el utrero.