Roca Rey cortó las dos orejas del quinto toro de Victoriano del Río tras una faena de gran autoridad y entrega. Samuel Navalón paseó una oreja del tercero, mientras Alejandro Talavante dejó destellos de su personal concepto del toreo en sus dos actuaciones.
Alejandro Talavante tuvo delante un primer toro de Daniel Ruiz que apenas mostró argumentos desde su salida. El animal salió sin entrega y muy justo de fuerzas, aunque sin llegar a doblar excesivamente las manos. Esa falta de fortaleza se hizo todavía más evidente cuando el extremeño tomó la muleta, prolongándose muy poco la faena. Talavante decidió abreviar y tomó la espada, pero no acertó con los aceros, protagonizando un rosario de pinchazos antes de dejar una estocada. Pitos.
Roca Rey se encontró con un segundo de hechuras más armónicas y mejor perfil, al que recibió con verónicas templadas y un quite variado por chicuelinas y gaoneras. El peruano comenzó la faena de rodillas, ejecutando pases cambiados en el tercio que hicieron vibrar a la plaza. El toro de Victoriano del Río mostró durante toda la lidia su querencia hacia las tablas, aunque también dejó patente su humillación y clase frente a la poderosa muleta de Roca Rey. El diestro limeño lo sometió con muletazos de mucho mando, llevando la franela arrastrada por la arena. Sin embargo, el desacierto con la espada terminó por esfumar el premio. Ovación tras aviso.
Samuel Navalón recibió al tercero de rodillas en el tercio, toreando a la verónica con entrega desde el primer lance. El valenciano, forjado taurinamente en Albacete, mostró una gran disposición y galleó con soltura para conducir al toro hasta el caballo, conectando rápidamente con los tendidos. Durante el quite por tafalleras, el animal lo arrolló con los cuartos traseros y lo dejó a merced sobre la arena, prendiéndolo a la altura de la corva, aunque afortunadamente sin consecuencias graves. Muy entregado durante toda la faena, Navalón toreó con profundidad y la mano baja ante un toro noble, de buen embroque, pero al que le costaba romper hacia adelante. El valenciano no escatimó valor, pisó terrenos comprometidos y terminó poniendo al público en pie con unas bernadinas. Un pinchazo previo a la estocada le privó de la Puerta Grande. Oreja.
Alejandro Talavante volvió a conectar con la afición de Albacete ante el cuarto, al que recibió con un farol. El toro de Daniel Ruiz dejó entrever pronto su calidad, aunque también evidenció cierta falta de raza y emoción. El extremeño arrancó la faena de rodillas en el tercio, protagonizando una arrucina de gran impacto, en el comienzo de una labor marcada por la inspiración y la personalidad. El animal exigía un toreo delicado, llevado con suavidad y precisión, pero carecía del fondo necesario para sostener las series largas. Ante la imposibilidad de ligar los muletazos, Talavante sacó a relucir su creatividad y su particular concepto del toreo, desbordándose al natural con flexibilidad de cintura y muñecas. Una faena de gran expresión que, sin embargo, quedó sin el premio mayor por el desacierto con la espada. Ovación.
Roca Rey salió a por todas ante el quinto, al que cortó las dos orejas después de una faena de gran intensidad. El toro, pese a su cuajo, mostró una notable flexibilidad, aunque tendió a buscar la muleta por el pitón de dentro y midió su celo en los finales de los muletazos. El peruano supo conducirlo siempre por abajo, encontrando sus mejores pasajes sobre la mano derecha, donde mantuvo la franela muy cerca de la cara del animal para evitar que se desentendiera. En los terrenos de cercanías, Roca Rey se convirtió en un auténtico vendaval, imponiendo su personalidad y capacidad de entrega. Una actuación de figura del toreo que mantuvo al público en vilo y que, pese a un pinchazo previo a la estocada, terminó siendo premiada con las dos orejas.
Samuel Navalón se marchó a la puerta de chiqueros para recibir a portagayola al sexto, un toro de Victoriano del Río de amplio volumen que le obligó a tirar de juego de piernas durante toda la lidia. Tras brindar a Roca Rey, el valenciano inició la faena en el centro del ruedo con pases cambiados. En el toreo fundamental, encontró sus mejores momentos sobre la mano derecha, antes de que la actuación alcanzara mayor intensidad en los terrenos de cercanías. El cierre por luquecinas dejó a Navalón rozando la Puerta Grande, pero el desacierto con la espada acabó por impedirlo. A la tercera tentativa dejó media estocada. Petición minoritaria.