Opinión

Descansa en paz

Pablo García

Pablo García

Redactor

28 de Agosto de 2026
Descansa en paz
Manolete
Y evito utilizar el presente del subjuntivo —descanse— por ser fiel al convencimiento de que lo hace ya. Manuel Laureano Rodríguez Sánchez descansa, en indicativo, sobre la paz que merece haber firmado tardes imposibles. Como la de Linares, el 28 de agosto de 1947.

Manolete lidió el quinto, Islero, con un hieratismo acorde al personaje. Sin ánimo de adulterar una conversación adulta per se, el cordobés consumó una faena pornográfica. Tuvo entrega, posesión, culmen. Tanto que se recordará por siempre cómo, al entrar a matar, el de Miura hizo caer muerto al matador, si nos saltamos las horas de agonía, de cabeza al albero.

La plaza estaba llena. Claro. Pues solo cabía expectación ante semejante cartel. El diestro cordobés supo responder a la inercia cultural de su tiempo que lo sostenía en la cumbre de la idolatría torera. Sus maneras de torear trascendían el plano físico. Era expresión artística, exigencia ética, tauromaquia por excelencia.

Las crónicas de la época dirigen la mirada hacia su expresividad. El estilo, lo único que no se puede aprender en el toreo, que diría Joselito, es el don que cada uno trae al mundo. Manolete encarnó la capacidad de engañar al toro sin mentir, de sentir cada pase. Por sus maneras, creo que estaría de acuerdo conmigo cuando digo que la tauromaquia es de todo menos una fiesta. Es un acto de entrega —de ahí sus faenas pornográficas— y honestidad en el que el hombre se humilla hasta el animal y rinde culto a lo que tiene de divino.

Y detrás de ese hombre, aupado por la mística del fenómeno, la soledad. La suprema soledad que marca los últimos compases de la coda de un pasodoble. El aislamiento propio del héroe exhausto ante el peaje de la gloria. La quietud solemne en la que encontró refugio ante la exigencia imposible de las plazas en sus últimas tardes. El abandono tras el éxito en el que permanece hoy, descansando al fin, Manuel Rodríguez Sánchez. Así, aquella conversación con su barbero:

—¿Cómo quiere que le corte el pelo, maestro?
—Callado.

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