La Feria de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid vivió su segundo festejo de 2026 con un lleno en los tendidos y una tarde marcada por el triunfo de Manuel Diosleguarde y Roca Rey, que protagonizaron los momentos de mayor intensidad de una corrida de Victoriano del Río con distintos registros. El salmantino abrió la puerta grande tras desorejar al tercero y cortar después una oreja al sexto, mientras el peruano sumó tres trofeos en una tarde de firmeza, poder y máxima exposición.
Alejandro Talavante, por su parte, se encontró con el lote menos propicio y no pudo traducir sus esfuerzos en trofeos, quedando en silencio en ambos turnos.
Talavante se topa con un primero sin ritmo
El primero de la tarde no terminó de definirse en el capote de Alejandro Talavante. Ya durante la suerte de banderillas mostró complicaciones, poniendo en apuros a la cuadrilla y dejando entrever las dificultades que iba a presentar durante la faena de muleta.
Talavante decidió comenzar de rodillas, buscando desde el primer instante provocar la emoción de los tendidos. El torero extremeño trató de encontrar la distancia y la altura adecuadas para conducir las embestidas, pero al toro le faltó ritmo y continuidad para que las series pudieran alcanzar mayor profundidad.
La faena tuvo voluntad y disposición, pero el escaso fondo del animal terminó condicionando el resultado. Talavante llegó a tener al alcance una oreja, aunque la espada se convirtió finalmente en protagonista negativa: dos pinchazos, una estocada y un descabello terminaron con cualquier posibilidad de premio.
Silencio.
Roca Rey impone su ley ante un segundo encastado
El segundo encontró a Roca Rey dispuesto a no dejar pasar la oportunidad. El peruano se estiró a la verónica, aunque los mejores momentos capoteros llegaron posteriormente en un ajustadísimo quite por gaoneras, en el que se pasó al toro muy cerca y consiguió levantar al público de sus asientos.
La faena de muleta comenzó por estatuarios, con Roca Rey completamente quieto ante un ejemplar de Victoriano del Río encastado y exigente, que no regaló una sola embestida. El torero peruano tuvo que imponerse desde el principio mediante firmeza, mando y poder.
Cada serie fue una batalla por dominar las condiciones del astado. Roca Rey consiguió conducirlo con autoridad, sosteniendo la faena cuando el toro empezó a mostrar signos de rajarse.
Lejos de venirse abajo, el peruano apretó todavía más. El arrimón final, llevado al límite de las distancias, terminó de incendiar los tendidos. Las bernadinas ceñidísimas pusieron el broche a una faena de máxima exposición.
La estocada cayó sin puntilla y la petición fue contundente.
Dos orejas.
Diosleguarde firma una gran faena ante el extraordinario tercero
La tarde comenzó a tomar vuelo de verdad con el tercero. Manuel Diosleguarde se marchó decidido a la puerta de chiqueros para recibir al toro, protagonizando una espera que ya puso al público en máxima atención.
El saludo capotero fue variado y vistoso, y posteriormente el torero realizó un quite por saltilleras que terminó de meter a los tendidos en la lidia.
El toro de Victoriano del Río mostró nobleza, clase y buenas condiciones, y Diosleguarde supo aprovecharlas desde el primer muletazo. El salmantino toreó con profundidad y encaje, construyendo tandas hondas sobre ambas manos y exigiendo al animal sin dejar de darle sitio.
Hubo temple, ligazón y mando. El torero fue creciendo conforme avanzaba la faena y consiguió apretar a un toro que tenía calidad suficiente para responder cuando se le llevaba por abajo y con los tiempos adecuados.
La obra tuvo además el mérito de no quedarse únicamente en el lucimiento: Diosleguarde toreó con ambición y buscó constantemente la profundidad.
Cerró con unas manoletinas antes de cuadrar al animal y recetar una estocada que puso el punto final a una actuación de mucho contenido.
Los dos trofeos fueron incontestables.
Dos orejas.
Talavante, sin encontrar el vuelo ante el cuarto
El cuarto fue recibido por Alejandro Talavante por delantales, continuando después con unas tafalleras que dieron variedad al recibo capotero.
Sin embargo, el toro mostró desde el comienzo de la faena de muleta una embestida brusca. Tuvo cierta movilidad inicial, pero careció de la entrega necesaria para que Talavante pudiera desarrollar su concepto con continuidad.
El extremeño buscó soluciones y trató de construir una faena basada en la técnica y la colocación, pero el animal no terminó de ofrecer el recorrido necesario. La actuación no consiguió prender en los tendidos y el ambiente se mantuvo frío.
La suerte suprema terminó de complicar el resultado. Dos pinchazos, una estocada corta y dos descabellos hicieron que la labor quedara finalmente sin premio.
Silencio.
Roca Rey vuelve a la batalla ante un quinto de escasa transmisión
El quinto no terminó de entregarse de salida ante el capote de Roca Rey. El toro fue mejorando gracias también a la labor de ‘Viruta’, que consiguió ponerlo en mejores condiciones para la faena de muleta.
Tras brindar al público, Roca Rey no quiso esperar. Se fue de rodillas a los medios para iniciar la faena sobre la mano derecha con una serie de gran impacto, provocando inmediatamente la respuesta de los tendidos.
El toro fue noble, pero careció de la transmisión necesaria para mantener la emoción durante toda la obra. Ante esa circunstancia, Roca Rey puso lo que faltaba. Hubo muletazos templados, poderosos y de gran firmeza, tratando de extraer cada embestida de un animal que no terminaba de romper.
El peruano volvió a apostar por la máxima exposición en el tramo final, con un arrimón que elevó nuevamente la temperatura y unas manoletinas muy ajustadas.
La primera entrada a matar no fue suficiente, pero a la segunda consiguió dejar una estocada efectiva.
Tras el aviso, la petición de trofeo fue suficiente para que el presidente concediera una oreja.
Oreja.
Diosleguarde cierra la tarde desde la puerta de chiqueros
El sexto volvió a tener como protagonista a Manuel Diosleguarde, que repitió la apuesta de acudir a la puerta de chiqueros para recibir al último toro de la corrida.
El salmantino se encontró con un animal con fondo y clase, al que fue exprimiendo con solvencia por los dos pitones. La faena mantuvo un buen nivel durante buena parte de su desarrollo, con Diosleguarde tratando de administrar las condiciones del animal y llevarlo con temple.
La obra fue creciendo conforme avanzaban los muletazos y alcanzó su punto culminante en el tramo final. Las luquesinas aportaron variedad y emoción antes de que el torero se perfilara para la suerte suprema.
La estocada fue el broche a una actuación de notable contenido.
La primera oreja cayó acompañada de una fuerte petición de la segunda, que finalmente no fue concedida. La decisión del palco provocó una sonora bronca entre los aficionados.
Oreja con fuerte petición de la segunda.
Diosleguarde y Roca Rey, los nombres propios de Valladolid
La tarde dejó dos grandes protagonistas. Manuel Diosleguarde aprovechó al máximo sus dos oportunidades y demostró su capacidad para competir desde la entrega, el valor y el toreo profundo. Sus dos orejas del tercero y la oreja del sexto le permitieron salir a hombros y reivindicarse con fuerza en una plaza de la importancia de Valladolid.
Roca Rey, por su parte, volvió a demostrar por qué su tauromaquia se sostiene sobre una combinación de mando, poder y una extraordinaria capacidad para generar emoción. Sus tres orejas llegaron en dos faenas de registros diferentes: poder ante un segundo encastado y máxima exposición ante un quinto de menor transmisión.
Para Alejandro Talavante quedó la parte más amarga de la tarde. Su lote no le permitió desarrollar plenamente su concepto y, pese a buscar soluciones, se marchó de Valladolid sin trofeos.
La corrida de Victoriano del Río tuvo variedad de comportamiento y permitió que la tarde alcanzara momentos de verdadera intensidad, especialmente en las actuaciones de Roca Rey y Diosleguarde.
Valladolid respondió con un lleno y terminó reconociendo el esfuerzo de los dos grandes triunfadores de la jornada.