Crónicas

El Divino Calvo: el torero que convirtió el arte en leyenda

El 17 de julio de 1882 nació en Madrid Rafael Gómez Ortega, conocido como "El Gallo" o "El Divino Calvo", uno de los toreros más singulares de la historia. Su personalidad, su estilo innovador y su carácter impredecible marcaron una época y dejaron una huella imborrable en el mundo de la tauromaquia.

Ana Teresa Ramos

Ana Teresa Ramos

Redactor

17 de Julio de 2026
El Divino Calvo: el torero que convirtió el arte en leyenda
Madrid despertó aquel 17 de julio de 1882 con el nacimiento de quien, años más tarde, sería una de las figuras más admiradas y controvertidas del toreo: Rafael Gómez Ortega, "El Gallo". Integrante de una reconocida dinastía de toreros y hermano mayor de Joselito, su vida estuvo marcada por el talento, la fama y el profundo dolor que le produjo la temprana muerte de su hermano.

Desde sus primeras actuaciones, El Gallo llamó la atención por un estilo elegante, artístico y diferente al de sus contemporáneos. Cada tarde en la plaza era una incógnita: podía ofrecer una faena inolvidable o protagonizar una actuación llena de dificultades. Esa imprevisibilidad, lejos de alejar al público, aumentó su fama y lo convirtió en un personaje único dentro de la tauromaquia.

Su forma de entender el toreo también rompió con las costumbres de la época. Fue uno de los primeros en negarse a lidiar toros que consideraba inadecuados para desarrollar su arte, incluso permitiendo que algunos regresaran vivos a los corrales. Aquellas decisiones provocaron fuertes críticas, pero también despertaron la admiración de quienes veían en él a un auténtico artista que anteponía la calidad de la lidia al espectáculo.

Entre sus aportaciones destacan su dominio de la serpentina, el cambiado de mano por la espalda y el llamado pase del celeste imperio, una suerte que más tarde inspiraría a otros grandes maestros del toreo. Su influencia trascendió su propia época y dejó una marca en las generaciones posteriores.

Además de su talento en la plaza, El Gallo pasó a la historia por su ingenio. Una de las anécdotas más recordadas ocurrió cuando, tras conocer al filósofo José Ortega y Gasset, preguntó cuál era su profesión. Al responderle que era filósofo y que se dedicaba a pensar, el torero, sorprendido, pronunció una frase que con el tiempo se haría célebre: «Hay gente pa' tó».

Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, Rafael Gómez Ortega sigue siendo recordado como un torero irrepetible. Su personalidad, su valentía y su forma de entender el arte de la tauromaquia lo mantienen vivo en la memoria de los aficionados y en la historia de España.

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