Crónicas

El duende de la cantera florece bajo el viento en la Plaza Real

Armando Rojo desoreja al tercero de Yerbabuena en una tarde de entrega, raza y marcado acento lírico en El Puerto

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

27 de Julio de 2026
El duende de la cantera florece bajo el viento en la Plaza Real

Ficha del Festejo

PlazaPlaza Real de El Puerto de Santa María
GanaderíaErales de Yerbabuena

ABEL RODRÍGUEZ (Escuela T. Castellón)

Saludo tras aviso

GABRIEL GARCÍA (Escuela T. La Gallosina)

Oreja tras aviso

ARMANDO ROJO (Escuela T. Sevilla)

Dos orejas

MARIO TORRES (Escuela T. Ubrique)

Saludo tras aviso

FERMÍN ANGUITA (Escuela T. Jerez)

Oreja tras aviso

EL CALÉ (Escuela T. Sanlúcar)

Silencio tras Dos avisos

La brisa de levante, caprichosa e incómoda como un toro fiero, no pudo apagar el fuego sacro de la juventud que busca la gloria. La Plaza Real de El Puerto de Santa María vivió este Lunes una jornada de pasión y aprendizaje, una clase práctica donde los ecos del albero resonaron con esa épica y esa pureza que solo el toreo del mañana sabe regalar. Frente a un encierro de Yerbabuena, correcto en su presentación y de variado juego, la cantera taurina plantó cara a los elementos con verdad, entrega y los primeros retazos de una torería que empieza a perfilarse con nombres propios.  
​El coraje de la fe y el embrujo sevillano
​Abrió la función Abel Rodríguez, de la Escuela Taurina de Castellón, que saludó con gusto a la verónica. Tras un vistoso pique de quites entre las gallosinas de Gabriel García y sus réplicas por gaoneras, el castellonense brindó al maestro El Juli para firmar una faena de firmeza y agallas. A pesar de sufrir dos violentas volteretas por el pitón derecho, se rehízo por el lado izquierdo —el más potable del animal— para trazar pasajes de mérito. La espada y el descabello, implacables, le privaron del trofeo.  
​La primera oreja del festejo la cortó Gabriel García, de la escuela local La Gallosina. El portuense encandiló al respetable con un saludo variado de verónicas y chicuelinas. Con una serenidad impropia de su juventud y un empaque natural, templó con hondura por ambos pitones. Ni tan siquiera una fea cogida empañó su entrega: se levantó sin mirarse para regalar la tanda de mayor calado a los tendidos y pasear un merecido apéndice tras hundir el acero.  
​El gran momento lírico de la tarde llevó la firma de Armando Rojo, de la Escuela Taurina de Sevilla. Sorprendió desde el saludo de capa —verónicas, chicuelinas, medias y serpentinas bordadas con un temple supremo—. Pero más allá de las formas, el sevillano destiló ese andar por la plaza, ese aroma inconfundible de la orilla del Guadalquivir, ese duende que no se aprende: se nace con él. Faena de profunda torería, tirando largo por el derecho y toreando con los riñones al natural ante el mejor ejemplar de Yerbabuena. Una estocada rotunda dio paso a las dos orejas con los tendidos rendidos a su pellizco.  
​Entre el viento de levante, el empaque jerezano y el duende sanluqueño
​Mario Torres, de Ubrique, se topó con la dureza del dios Eolo en el tendido tres. Pagó la novatada del viento portuense en una faena de voluntad y arrestos, recibiendo un fuerte volteretón ante un animal que no terminó de romper. Tras dos pinchazos y estocada, saludó desde el tercio.  
​Por su parte, Fermín Anguita, representación de la Escuela de Jerez, demostró un desparpajo y unas hechuras torerísimas. Arropado por una auténtica legión de partidarios, el jerezano dejó chispazos de enorme empaque, destacando su toreo al natural de frente, arrastrando el muletazo con muerta largura. Pese a que el acero le fue esquivo y necesitó cinco intentos, su frescura le valió un apéndice.  
​Cerró la función El Calé, de Sanlúcar de Barrameda, que trajo a la Plaza Real el sello inconfundible del toreo gitano. Con la verónica por bandera y una sangre que mana arte por sus venas, dejó muletazos sueltos impregnados de ese pellizco reservado para unos pocos elegidos. Firmó una faena de gran proyección a la que solo le faltó el poso del tiempo, rematada con una buena estocada que necesita del descabello.  
​El Puerto volvió a demostrar que hay cantera, que hay afición y que, cuando el duende salta al albero, la tauromaquia se escribe con mayúsculas.  
​FICHA DEL FESTEJO
​Plaza Real de El Puerto de Santa María. Novillada sin picadores en clase práctica.  
​Entrada: Media plaza en tarde calurosa y azotada por el viento de levante.  
​Ganadería: Novillos de Yerbabuena, correctos de presentación y de juego variado. Destacó el excelente 3.º.  
​Abel Rodríguez (Escuela Taurina de Castellón): Saludos tras aviso.  
​Gabriel García (Escuela Taurina La Gallosina): Oreja tras aviso.  
​Armando Rojo (Escuela Taurina de Sevilla): Dos orejas.  
​Mario Torres (Escuela Taurina de Ubrique): Saludos tras aviso.  
​Fermín Anguita (Escuela Taurina de Jerez): Oreja tras aviso.  
​El Calé (Escuela Taurina de Sanlúcar - El Volapié): Silencio tras Dos avisos.  

Más noticias de Crónicas