Opinión

El Mene, una tarde que confirma que la ilusión ya es presente

El novillero firmó una actuación rotunda y salió por la puerta grande tras cortar cuatro orejas a un lote al que supo someter con temple, firmeza y personalidad. Dos faenas de gran intensidad, culminadas con sendas estocadas, dejaron la sensación de estar ante uno de los nombres jóvenes a seguir muy de cerca.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

8 de Septiembre de 2026
El Mene, una tarde que confirma que la ilusión ya es presente
Foto: Rubén Sánchez
Hay tardes que sirven para ganar un triunfo y otras que sirven para ganar crédito. La de El Mene tuvo ambas cosas. El novillero firmó una actuación de enorme dimensión, cortó cuatro orejas y dejó sobre el ruedo algo mucho más importante que los trofeos: la sensación de que existe un torero con personalidad, capacidad y una ambición que no parece tener límites.

Desde su primer novillo dejó claro que había llegado dispuesto a aprovechar la oportunidad. El animal fue creciendo después del castigo en varas y encontró en El Mene un novillero capaz de acompañar esa evolución sin precipitarse. Poco a poco fue llevándolo a su terreno, gobernando la embestida con temple y firmeza hasta conseguir que el novillo terminara completamente entregado a su muleta.

La faena fue de menos a más, como el propio animal, y terminó alcanzando una intensidad que hizo vibrar a los tendidos. El Mene supo leer perfectamente cada momento de la lidia y, sobre todo, tuvo la capacidad de no conformarse cuando ya había conseguido lo más difícil. Siguió creciendo hasta cerrar una actuación de gran calado, premiada con dos orejas. La vuelta al ruedo del novillo completó una escena de gran importancia.

El segundo confirmó que lo ocurrido anteriormente no había sido fruto de la casualidad. El novillo salió obediente y humillando, ofreciendo unas condiciones que permitieron al novillero expresar con mayor profundidad su concepto. El Mene volvió a torear asentado, llevando la embestida muy cosida a la muleta y aprovechando cada una de las virtudes de su oponente.

La faena volvió a crecer conforme avanzaban los muletazos hasta desembocar en un final de máxima entrega. Esta vez, además, la espada estuvo a la altura de la obra. La estocada en todo lo alto puso el broche a una actuación rotunda y las dos orejas volvieron a viajar a sus manos, mientras los tendidos reclamaban incluso un premio mayor.

Cuatro orejas resumen una tarde triunfal, pero no explican por sí solas la dimensión de lo realizado. El Mene dejó la impresión de ser un novillero capaz de entender al toro, dominarlo y hacerlo crecer dentro de la propia faena. Tiene temple, tiene firmeza y, sobre todo, tiene hambre.

El camino hacia la alternativa todavía puede ser largo, pero actuaciones como esta aceleran cualquier proceso. El Mene no salió únicamente por la puerta grande; salió con la vitola de torero al que habrá que prestar mucha atención. Porque cuando un novillero es capaz de mantener semejante nivel durante toda una tarde y responder con autoridad a dos toros de diferente condición, ya no hablamos solamente de futuro. Hablamos de presente.

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