Crónicas

El valor de Antonio Aparicio y Mario Vilau salvan un deslucido encierro

Tarde de exigencia y escasa materia prima en la que la disposición de la terna tuvo que suplir las bruscas, deslucidas y mermadas embestidas del encierro. Antonio Aparicio paseo una oreja tras sufrir una dura voltereta en el sexto, mientras que Mario Vilau cortó un apéndice con protestas y Javier Cuartero fue ovacionado tras mostrar oficio ante un lote sin opciones.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

4 de Septiembre de 2026
El valor de Antonio Aparicio y Mario Vilau  salvan un deslucido encierro

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de toros de Calasparra
GanaderíaNovillos de Aldeanuevas
FestejoEl encierro enviado al festejo se caracterizó por su falta de raza, nobleza y transmisión. Salvo contados pasajes de movilidad en la segunda mitad del festejo, los novillos pecaron de reservations, buscando las tablas de salida o quedando mermados tras tercios de varas deficientes y protestados. Animales complicados, cortantes en sus trayectorias, defensivos y sin entrega, que exigieron la máxima atención de los espadas y sus cuadrillas.

Mario Vilau

Ovación y Oreja

Javier Cuartero

Ovación y Silencio

Antonio Aparicio

Silencio y Oreja

Mario Vilau abrió la tarde ante un astado de imponente volumen que pronto evidenció su absoluta falta de fuelle. El catalán no dudó en marcharse a la boca de riego para recibirlo a porta gayola, una declaración de intenciones que chocó frontalmente contra la brusca apatía de su oponente. El animal se negó a embestir por ambos pitones y puso en apuros a las cuadrillas durante el tercio de rehiletes. Vilau justificó su firmeza en todo momento e intentó sacar pases de donde no los había, cobrando finalmente una estocada atravesada de rápida resolución que le valió una ovación del respetable.

Javier Cuartero se las vio en segundo lugar con un novillo reticente a ir hacia adelante. El ejemplar acusó un puyazo prolongado y defectuoso en el caballo que condicionó aún más sus limitadas virtudes. Tras brindar a la concurrencia, Cuartero intentó meterlo en la muleta, logrando extraer pases diestros de mérito a un animal que se quedaba corto y medía constantemente la figura del novillero. Por el lado izquierdo la respuesta fue nula, por lo que, tras fallar con los aceros en un primer intento, finiquitó la faena de un certero golpe de espada y saludó desde el tercio.

Antonio Aparicio enfrentó en el tercer capítulo a un novillo descastado que rehusó emplearse tanto en las telas como en el peto. Tras un castigo mal ejecutado y ampliamente protestado por los tendidos, el animal llegó al último tercio a la defensiva y buscando el abrigo de los adentros. En banderillas, Miguel Ángel Ramírez sufrió un peligroso apuro sin consecuencias mayores. Aparicio se jugó el tipo pegado a las tablas para tirarse a matar sin hueco posible, siendo su labor silenciada mientras el astado era despedido entre pitos.

Mario Vilau volvió a saltar al ruedo en el cuarto de la tarde ante un novillo algo más activo de salida, aunque tras encajar un puyazo caído la faena de muleta nunca terminó de tomar vuelo. El diestro administró con perspicacia las escasas embestidas del oponente, hilvanando pases aislados con oficio y aprovechando cada viaje. Resolvió la papeleta con una estocada certera que le valió la concesión de un apéndice por parte de la presidencia, el cual generó una sonora división de opiniones y protestas en las gradas.

Javier Cuartero no tuvo opción alguna de lucimiento ante el quinto novillo de la reunión. Se trató de un ejemplar deslucido y carente de transmisión que rápidamente buscó la querencia de los adentros. Consciente de la imposibilidad de estructurar algo de mérito, el novillero decidió cortar por lo sano y abreviar su labor para no alargar el trago, escuchando un respetuoso silencio por parte de la afición.

Antonio Aparicio cerró la función encontrando al único colaborador relativo de la jornada. El sexto permitió al novillero expresarse con gusto por el pitón diestro durante una buena tanda inicial antes de que el astado comenzara a frenarse y a perder celo. Aparicio aguantó los parones con gran firmeza, pero durante un desplante el animal hizo por él, propinándole una dura voltereta y una severa paliza sobre el albero. Tras reponerse del percance, volvió a la cara del novillo sin chaquetilla para firmar una estocada efectiva al segundo intento, paseando una oreja como justa recompensa a su valentía.

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