La cuarta cita del Alfarero de Oro de Villaseca de la Sagra estuvo marcada por la entrega y el valor de una terna que no escatimó esfuerzos ante una novillada de Montealto seria, fuerte y exigente, pero con pocas facilidades para el lucimiento.
Emilio García-Torres fue quien dejó la actuación más destacada, especialmente frente al tercero, aunque la espada redujo el premio a una ovación. Gonzalo Capdevila y Cristian González también mostraron una notable disposición durante una tarde en la que las dificultades del ganado terminaron imponiéndose.
Gonzalo Capdevila abrió plaza con una declaración de intenciones al recibir al primero a portagayola. El novillo, bien presentado y con poder, exigió al gaditano desde el comienzo. Capdevila supo darle espacio y tiempo, encontrando algunos pasajes interesantes por el pitón derecho, aunque en determinados momentos se vio obligado a tirar de oficio ante la fuerza del animal. Por el lado izquierdo el utrero ofreció menos opciones y, cuando regresó a la diestra, ya había perdido buena parte de su inicial entrega. Dos entradas a matar, con sendos sustos incluidos, precedieron a una estocada contraria.
El segundo correspondió a Cristian González y mantuvo la línea de seriedad del encierro. El novillo salió con mucha pujanza en el capote y planteó una faena de muleta en la que el salmantino tuvo que imponerse a unas embestidas exigentes. Con valor y temple consiguió construir algunos momentos estimables por ambas manos, siempre intentando dominar las condiciones de su oponente. Sin embargo, los repetidos fallos con el acero terminaron por dejar la actuación sin recompensa.
La tarde alcanzó su momento de mayor interés con Emilio García-Torres frente al tercero. El novillo destacó por su seriedad y por la viveza con la que se movió durante los primeros tercios. Tras un buen tercio de banderillas protagonizado por Alberto Serrano y David Adalid, el salmantino encontró sus mejores momentos en dos tandas diestras de buen trazo. La faena fue perdiendo consistencia al intentar el toreo al natural y terminó buscando mayor cercanía, terreno donde llegó la parte más emocionante de su actuación. Un espadazo que hizo guardia y un descabello dejaron el resultado en ovación.
Capdevila volvió a mostrar disposición ante el cuarto, otro ejemplar de gran presencia que protagonizó una destacada pelea en varas, llegando incluso a derribar al caballo en su primer encuentro. El gaditano inició la faena de rodillas y logró hilvanar algunos pasajes por el pitón derecho antes de que un fuerte volteretazo afectara a la condición del novillo. A partir de ahí, Capdevila tuvo que recurrir a la cercanía para mantener viva una labor que se fue construyendo a base de entrega y voluntad. Tras matar a la segunda, necesitó recurrir al descabello.
Cristian González se enfrentó al quinto, otro novillo de buena presencia que salió con fuerza aunque no terminó de emplearse en el capote. En el caballo mostró menos celo y llegó a protestar durante la faena de muleta, condicionada también por una cierta falta de fuerzas. El salmantino mantuvo la firmeza, toreando con paciencia y buscando los muletazos uno a uno, aunque el animal nunca terminó de romper. Una estocada puso el punto final a una labor meritoria.
El sexto, el ejemplar más basto del conjunto, cerró una tarde complicada. Emilio García-Torres volvió a mostrar voluntad y trató de aprovechar las escasas posibilidades de un novillo que manifestó querencias y una embestida poco ordenada. El salmantino corrió la mano con disposición, pero la falta de emoción del animal hizo que la faena fuera perdiendo intensidad. Tras la estocada tuvo que recurrir al descabello.
En definitiva, Montealto presentó una novillada de notable presencia y mucha exigencia, pero con una condición que dejó poco margen para el triunfo. La terna respondió con actitud y compromiso, destacando especialmente Emilio García-Torres, que dejó la mejor imagen de la tarde en el tercero pese a contar únicamente con cuatro novilladas de rodaje. El valor y la disposición estuvieron presentes en Villaseca, aunque el toreo y los trofeos quedaron en un segundo plano ante las dificultades del encierro.