Crónicas

Emilio de Justo y Aarón Palacio, presente y futuro en Calatayud

Alejandro López

Alejandro López

Redactor

6 de Septiembre de 2026
Emilio de Justo y Aarón Palacio, presente y futuro en Calatayud

Ficha del Festejo

PlazaCalatayud
GanaderíaToros de Tornay y Zacarías Moreno.
FestejoPuerta Grande para el extremeño y el maño tras cortar una oreja a cada toro; Diego Urdiales saluda dos ovaciones después de sortear el lote menos propicio de una corrida de Tornay y Zacarías Moreno

Diego Urdiales

ovación y ovación.

Emilio de Justo

oreja y oreja.

Aarón Palacio

oreja y oreja.

Calatayud (Zaragoza), 5 de septiembre de 2026. — La tarde de toros en Calatayud dejó un triunfo compartido entre dos generaciones y dos maneras de entender el toreo. Emilio de Justo, consolidado como una de las grandes figuras del escalafón, y Aarón Palacio, uno de los jóvenes nombres llamados a protagonizar el futuro de la Fiesta, abrieron juntos la Puerta Grande tras cortar dos orejas cada uno.

El extremeño impuso su autoridad ante un lote de distintas exigencias, especialmente en una importante faena al quinto, mientras que el joven torero zaragozano dejó patente su frescura y personalidad en sus dos actuaciones. Diego Urdiales, por su parte, se quedó sin premio material después de sortear el lote menos propicio del festejo, aunque su buen gusto y su disposición fueron reconocidos con dos ovaciones.

La corrida reunió toros de Manuel y Antonio Tornay Maldonado, lidiados en primer, segundo y tercer lugar, y de Zacarías Moreno, que completaron la segunda parte del festejo. El encierro ofreció un juego desigual, con ejemplares faltos de fuerza, otros de embestida complicada y varios toros que exigieron poder y capacidad.

Al final, la balanza se inclinó del lado de Emilio de Justo y Aarón Palacio, que encontraron en la Puerta Grande el reconocimiento a una tarde en la que uno representó la madurez y la autoridad, y el otro la ilusión y la ambición de una generación que llama con fuerza a las puertas de las grandes ferias.

Diego Urdiales abre plaza ante un noble sin fuerzas

El primer toro de la tarde, de Hermanos Tornay, correspondió a Diego Urdiales.

El riojano se encontró con un animal de condición noble, pero muy condicionado por su falta de fuerzas. El toro tenía voluntad para acudir a los engaños, aunque su escaso fondo limitó las posibilidades de una faena de mayor vuelo.

Urdiales trató de afianzar la embestida desde el primer momento.

Con su habitual concepto, basado en el temple y en la búsqueda de la armonía, intentó acompañar al toro sin exigirle en exceso. Hubo detalles de buen gusto y algunos muletazos ejecutados con la naturalidad característica del torero de Arnedo.

Pero el animal no terminaba de sostener el ritmo.

Cada intento de alargar la faena encontraba el mismo límite: la falta de fuerza. El toro se fue apagando y el eco en los tendidos fue menor del que merecían algunos pasajes de la labor.

Urdiales lo intentó hasta el final.

Mató al toro y saludó una ovación, reconocimiento a su buen hacer ante un ejemplar que, por sus limitaciones físicas, no permitió mayor lucimiento.

Emilio de Justo se impone a las dificultades del segundo

El segundo de la tarde fue a parar a manos de Emilio de Justo.

El toro presentó una embestida complicada y le costó romper con verdadera franqueza. No fue un animal que se entregara desde el principio ni que permitiera al torero desarrollar una faena cómoda.

El extremeño tuvo que ir haciéndose poco a poco con él.

Sin prisas, pero con mucha firmeza, Emilio de Justo fue imponiendo su mando. Midió los tiempos, corrigió las dificultades de la embestida y consiguió que el toro comenzara a pasar por donde él quería.

La faena fue construyéndose a base de poder.

No era momento para esperar que el toro regalara nada. Había que mandar y Emilio de Justo asumió esa responsabilidad.

Poco a poco, fue encontrando mayor continuidad en los muletazos. La faena no se basó en la facilidad, sino en la capacidad para dominar una embestida que nunca terminó de romper con claridad.

Tras imponerse al animal durante el último tercio, Emilio de Justo dejó una estocada que rubricó su actuación.

La petición fue suficiente para que paseara una oreja.

Primer trofeo para el extremeño y una demostración de autoridad ante un toro que exigía más oficio que inspiración.

Aarón Palacio corta la primera oreja de su tarde

El tercero, también de Hermanos Tornay, permitió a Aarón Palacio comenzar a construir su triunfo.

El toro tuvo una condición desigual según el pitón.

Por el derecho ofreció mayores posibilidades y permitió al joven torero zaragozano desarrollar los mejores momentos de su faena. Por el izquierdo, en cambio, tendía a venirse por dentro, obligando a Palacio a estar muy pendiente de cada embroque.

El maño entendió pronto por dónde debía construir la faena.

Sobre la diestra llegaron los pasajes de mayor importancia.

Palacio aprovechó el mejor pitón del toro para ligar varias tandas, toreando con una frescura que conectó con los tendidos. Hubo naturalidad y ambición, dos ingredientes que marcaron toda su actuación.

También quiso probar por el izquierdo.

Ahí tuvo que exponerse más.

El toro se venía por dentro y Aarón Palacio no rehuyó el compromiso, dejando muletazos de mérito ante una embestida que exigía mayor ajuste.

La faena tuvo su rúbrica en una buena estocada.

El público pidió el trofeo y el joven torero paseó una oreja.

Era el primer paso hacia la Puerta Grande.

Urdiales vuelve a quedarse sin opciones

El cuarto volvió a llevar el hierro de Zacarías Moreno y correspondió nuevamente a Diego Urdiales.

Tampoco esta vez tuvo fortuna el riojano en el sorteo.

El toro mostró poca entrega y una embestida recta, con más disparo que verdadera franqueza. Era un animal que acudía, pero sin terminar de humillar ni de permitir el toreo ligado y profundo.

Urdiales volvió a intentarlo.

Buscó la colocación, trató de dar los tiempos adecuados y procuró extraer de cada arrancada todo lo posible.

Pero las opciones fueron escasas.

El toro no tenía la clase necesaria para permitir al riojano expresar su concepto. Las embestidas resultaban demasiado rectas y faltas de entrega.

La faena quedó inevitablemente condicionada.

Urdiales lo despachó de una estocada, aunque fue necesario recurrir posteriormente al verduguillo.

El público volvió a reconocer su esfuerzo.

Ovación.

Dos actuaciones sin premio material, pero dos reconocimientos a la disposición de un torero que tuvo que enfrentarse al lote más deslucido de la tarde.

Emilio de Justo firma una faena de poder al importante quinto

El quinto fue uno de los toros más importantes de la tarde.

Con el hierro de Zacarías Moreno, salió un animal bravo y exigente, de esos que obligan al torero a estar a la altura desde el primer momento.

Y Emilio de Justo lo estuvo.

El extremeño se encontró ante un toro con poder y capacidad para exigir. No permitía medias tintas ni errores.

Había que ponerse delante.

Emilio de Justo asumió el reto.

La faena tuvo como base el mando, con series de mano baja y una muleta poderosa. El torero de Torrejoncillo llevó al animal muy sometido, obligándolo a seguir el largo recorrido de los engaños.

Fueron tandas de mucha autoridad.

Emilio no quiso contemporizar.

Cada muletazo buscaba imponer su terreno y obligar al toro a pasar por abajo. La exigencia del animal encontró respuesta en un torero capaz de mantener la firmeza y el sitio.

Fue una de esas faenas en las que el triunfo se construye desde la capacidad.

El toro tenía importancia.

Y Emilio de Justo supo darle importancia.

Tras una actuación de poder y dominio, llegó el momento de la espada.

La estocada fue suficiente para poner en sus manos la oreja que necesitaba.

Segunda oreja de la tarde.

Y con ella, la Puerta Grande.

Aarón Palacio confirma su gran tarde con el sexto

El sexto era la última oportunidad de la tarde y Aarón Palacio no la dejó escapar.

El joven maño se encontró con un buen toro, con una condición que le permitió desarrollar su concepto.

Después de la oreja cortada al tercero, Palacio salió dispuesto a confirmar su triunfo.

Y lo hizo desde el temple y el gusto.

La faena tuvo un tono diferente a la anterior.

Si ante el tercero había tenido que adaptarse a la desigual condición de los pitones, ante el sexto pudo dejar correr más la muleta y buscar una mayor expresión.

El joven torero aprovechó la calidad del animal.

Hubo tandas templadas, muletazos largos y una actitud de entrega que volvió a conectar con los tendidos.

Palacio toreó con gusto, pero también con la ambición de quien sabe que tiene ante sí la posibilidad de abrir la Puerta Grande.

La faena fue creciendo.

El maño consiguió los momentos más destacados llevando al toro con suavidad y dejando que la embestida recorriera toda la largura de la muleta.

Una buena estocada puso el punto final.

El público pidió el premio.

Una oreja.

La segunda de su tarde.

Y la Puerta Grande para Aarón Palacio.

Presente y futuro salen en hombros

La tarde de Calatayud terminó con una imagen cargada de simbolismo.

A hombros, Emilio de Justo y Aarón Palacio.

El extremeño representó el presente consolidado del toreo, la autoridad de un matador curtido en tardes de máxima exigencia y capaz de imponerse a los toros desde el poder.

Su triunfo tuvo dos caras.

La primera, la capacidad para imponerse a un segundo complicado.

La segunda, la importancia de una faena de autoridad al bravo y exigente quinto de Zacarías Moreno.

Dos orejas de distinto signo, pero ambas conseguidas desde la firmeza.

Aarón Palacio, por su parte, representó el futuro.

El joven zaragozano demostró que la juventud no está reñida con el compromiso. Aprovechó el mejor pitón del tercero, asumió riesgos al natural y después confirmó su triunfo con una faena de temple y gusto al buen sexto.

Dos orejas.

Dos actuaciones de distinto corte.

Y una misma conclusión: su nombre sigue creciendo.

Urdiales, sin trofeos pero con el reconocimiento del público

La cara diferente de la tarde fue la de Diego Urdiales.

El riojano sorteó el lote menos propicio de la corrida.

Un primero noble pero falto de fuerza y un cuarto de poca entrega y embestida recta limitaron considerablemente sus posibilidades.

Aun así, Urdiales dejó detalles de su clase.

En el primero intentó afianzar una embestida que se apagaba. En el cuarto trató de encontrar la forma de torear a un animal que no terminaba de entregarse.

No hubo trofeos.

Pero sí dos ovaciones.

El público de Calatayud reconoció así la disposición y el esfuerzo de un torero que no tuvo la materia prima necesaria para alcanzar el triunfo de sus compañeros.

Una tarde de triunfo y contraste ganadero

La combinación de los hierros de Manuel y Antonio Tornay Maldonado y Zacarías Moreno ofreció una tarde variada.

Los tres primeros toros tuvieron comportamientos diferentes: el primero pecó de falta de fuerza, el segundo presentó complicaciones en su embestida y el tercero ofreció sus mejores posibilidades por el pitón derecho.

La segunda mitad del festejo también tuvo distintos matices.

El cuarto dejó pocas opciones a Diego Urdiales; el quinto fue un toro importante, bravo y exigente, que encontró en Emilio de Justo a un torero a la altura de sus condiciones; y el sexto permitió a Aarón Palacio expresar una tauromaquia de mayor temple y gusto.

Calatayud presenció, por tanto, una tarde con dos protagonistas claros.

Uno ya consolidado.

Otro que continúa creciendo.

Emilio de Justo y Aarón Palacio.

Presente y futuro.

Poder y frescura.

Experiencia y ambición.

Dos maneras de afrontar el toreo que se encontraron en una misma tarde y terminaron unidas por la imagen más deseada: la salida en hombros por la Puerta Grande de Calatayud.

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