Crónicas

Emilio de Justo y Valladolid, la historia continúa

Alejandro López

Alejandro López

Redactor

11 de Septiembre de 2026
Emilio de Justo y Valladolid, la historia continúa

Ficha del Festejo

PlazaValladolid
GanaderíaToros de El Vellosino y la Purísima.
FestejoEl diestro extremeño suma una nueva Puerta Grande en Valladolid tras cortar tres orejas. David de Miranda firma un importante debut con una oreja y fuerte petición de la segunda, mientras Morante deja detalles de toreo caro ante el lote de menos opciones.

Morante de la Puebla

silencio y ovación.

Emilio de Justo

oreja y dos orejas.

David de Miranda

oreja con fuerte petición de la segunda y ovación tras aviso.

Hay plazas que terminan formando parte de la biografía de un torero. Valladolid es una de ellas para Emilio de Justo. El coso del Paseo de Zorrilla volvió a ser escenario de otra actuación triunfal del extremeño, que abrió por segunda vez consecutiva la Puerta Grande de la Feria de la Virgen de San Lorenzo después de firmar dos faenas de distinto corte, pero ambas con suficiente entidad para sumar tres orejas.

La tarde tuvo además un protagonista destacado en la figura de David de Miranda, que debutó en Valladolid dejando una impresión importante. El onubense cortó una oreja al tercero, acompañada de una fuerte petición de la segunda, y mostró capacidad, firmeza y recursos frente a un ejemplar al que tuvo que poner mucho de su parte para conseguir extraerle una embestida que carecía de la transmisión necesaria.

Morante de la Puebla, por su parte, se encontró con el lote de menores opciones. El sevillano dejó, sin embargo, una de esas estampas que justifican por sí solas una tarde: un ramillete de verónicas al cuarto que levantó al público de sus asientos. Después, ante dos animales con diferentes dificultades, dejó detalles de su particular concepto y de ese toreo de sabor que continúa distinguiéndole.

La corrida, de Vellosino y La Purísima, resultó desigual tanto en presentación como en comportamiento. El quinto fue el ejemplar más destacado de un conjunto que ofreció posibilidades diversas, con animales nobles pero, en algunos casos, faltos de transmisión, fuerza o entrega.

Emilio de Justo, otra vez a hombros

Emilio de Justo volvió a demostrar la especial relación que mantiene con Valladolid. El extremeño salió decidido desde el principio y terminó convirtiéndose en el gran triunfador de la jornada con tres orejas.

Su primera faena tuvo como punto de partida un ejemplar de La Purísima, segundo de la tarde, que salió con mayor brío de chiqueros y al que De Justo recibió con disposición. El extremeño manejó el capote con soltura, incluso a una mano, cambiando el animal de pitón.

El toro no terminó de repetir y perdió emoción en los primeros compases. Además, un golpe contra el burladero antes del inicio de la faena pareció mermarle físicamente. Emilio de Justo tuvo que trabajar para afianzarlo y conseguir que la embestida recuperara algo de la calidad que había mostrado en determinados momentos.

Brindó la faena a Mario Navas y comenzó una labor que fue creciendo progresivamente. Sin forzar inicialmente al animal, consiguió que este se viniera arriba y mostrara mayor clase y movilidad.

El extremeño toreó con mucho desmayo, metiendo los riñones y corriendo la mano con profundidad. Por el pitón derecho surgieron las mejores tandas, medidas, ligadas y templadas, aunque también encontró momentos de gran intensidad al natural.

El cierre, con naturales a pies juntos, tuvo pureza y personalidad antes de una estocada casi entera. La petición de trofeo fue suficiente para que el palco concediera una oreja.

El quinto, la faena de la tarde

Pero la gran obra de Emilio de Justo llegó con el quinto. El extremeño quiso recibirlo en la misma puerta de chiqueros y se marchó a la portagayola, ejecutando una suerte limpia antes de incorporarse y recibirlo posteriormente en el tercio con otra larga cambiada de rodillas.

El toro salió abanto y De Justo consiguió encelarlo después con unas vistosas chicuelinas. Ya en la muleta, el extremeño quiso poner toda la carne en el asador.

Brindó al público y se fue de rodillas a los medios. Un afarolado dio paso al cambio de mano y al inicio de una faena por naturales que pronto dejó patente que el animal tenía carbón, movilidad y ganas de pelea.

La faena fue explosiva. La intensidad aumentó especialmente cuando Emilio de Justo tomó la mano derecha. El toro repetía con mucha codicia, buscando la muleta con profundidad y queriendo comerse los engaños.

Frente a esa exigencia, el extremeño respondió con poder. Corrió la mano con firmeza, asentado y con profundidad, consiguiendo que las tandas tuvieran emoción y continuidad.

Tres grandes tandas de derechazos fueron el núcleo de una faena de alto voltaje. Los pases de pecho, llevados hasta la hombrera contraria, tuvieron especial importancia en una labor en la que De Justo se mostró poderoso y muy metido en la embestida.

El cierre llegó por bajo y al natural, antes de una estocada entera que puso en manos del extremeño las dos orejas.

Dos orejas.

Con tres trofeos en el esportón, Emilio de Justo volvió a abrir la Puerta Grande de Valladolid, prolongando así una historia de triunfos que parece no tener final en el coso del Paseo de Zorrilla.

David de Miranda, un debut con argumentos

La tarde supuso también un importante estreno para David de Miranda. El torero de Trigueros dejó una imagen de firmeza y capacidad durante sus dos actuaciones y encontró su recompensa frente al tercero.

El ejemplar de Vellosino fue protestado inicialmente por su presentación. Estrecho de hechuras y con escasa cara, despertó algunas críticas entre los tendidos.

David de Miranda quiso hacerse con él desde los medios y consiguió dibujar media docena de verónicas templadas y con gusto, rematadas con una cadenciosa revolera.

También dejó un quite meritorio con el capote antes de afrontar una faena de muleta basada en el mando, la capacidad y el valor.

Brindó igualmente a Mario Navas y comenzó de rodillas en el tercio, ejecutando unos ayudados por alto de gran belleza que conectaron inmediatamente con el público.

El problema estaba en el toro. El animal poseía nobleza, pero le faltaban transmisión, clase y motor. David de Miranda tuvo que pisar sus terrenos y obligarle a embestir para conseguir que la faena avanzara.

El onubense consiguió dos cambios de mano de enorme longitud y posteriormente construyó varias tandas de derechazos caracterizadas por la ligazón, el temple y el ajuste.

La faena fue creciendo hasta llegar a un final de mucha intensidad. Una buena tanda en redondo desembocó en un arrimón que puso al público en pie. Antes de la espada, unas bernardinas muy ajustadas elevaron todavía más la temperatura de los tendidos.

La estocada entera provocó una fuerte petición de trofeo. El palco concedió una oreja, aunque el público reclamó con insistencia la segunda.

Oreja con fuerte petición de la segunda.

Una segunda actuación por encima del deslucido sexto

David de Miranda tuvo que enfrentarse después al sexto, otro ejemplar de Vellosino que salió abanto y sin terminar de definirse.

El torero trató de fijarlo con paciencia, pero el animal mostró pronto síntomas de falta de raza y escasa emoción.

La faena comenzó con doblones por bajo para sujetarlo y conseguir que no se marchara. A partir de ahí, De Miranda volvió a imponerse con firmeza, especialmente por el pitón derecho.

La labor no terminó de conectar con los tendidos hasta los compases finales. El torero volvió a meterse entre los pitones y protagonizó un arrimón de máxima exposición, llegando el animal a rozarle la taleguilla.

Cerró con manoletinas ajustadas y se fue tras la espada. Una estocada entera y tres descabellos dejaron la obra en ovación tras aviso.

Aunque no hubo premio, la actuación volvió a dejar patente la capacidad del torero para mantenerse por encima de las condiciones de sus oponentes.

Morante, el toreo caro frente al lote más complicado

Morante de la Puebla tuvo que afrontar el lote de menores posibilidades de la corrida. El primero de la tarde, de Vellosino, fue protestado desde su salida por un exceso de kilos y una presencia que no terminó de convencer a los tendidos.

El animal salió abanto y acusó desde los primeros compases una evidente falta de poder. Morante no pudo lucirse con el capote y las protestas aumentaron.

En el inicio de muleta, tras un trincherazo, el toro se desplomó. El sevillano intentó buscar alguna opción por ambos pitones, pero la nobleza del animal no encontraba correspondencia en la emoción ni en la fuerza.

Morante decidió abreviar y, tras varios intentos, consiguió dejar una estocada entera al cuarto intento.

Silencio.

La pintura de Morante ante el cuarto

La verdadera muestra del concepto de Morante llegó con el cuarto. El ejemplar de Vellosino era más alto que sus hermanos, aunque también ofrecía un aspecto anovillado.

Salió abanto y sin celo, obligando a Morante a esperar pacientemente hasta encontrar el momento adecuado para hacerse con él.

Y entonces llegó uno de los grandes momentos de la tarde.

El sevillano dibujó un ramillete de verónicas que levantó al público del Paseo de Zorrilla. Hubo gusto, temple y personalidad en cada lance, de esas suertes que llevan inmediatamente la firma del torero.

El inicio de faena también tuvo un marcado sello morantista y parecía anunciar una obra importante. Sin embargo, el toro terminó sacando genio y comenzó a defenderse en sus embestidas.

Morante tuvo que tragar y mantenerse muy firme. Con un toque fuerte trató de provocar la embestida y consiguió arrancarle muletazos sueltos de enorme belleza y profundidad.

El problema fue la falta de continuidad. Cuando el toro se vio dominado comenzó a pararse, haciendo imposible que la faena alcanzara la dimensión que había apuntado en sus primeros compases.

Una estocada entera puso fin a la actuación, reconocida finalmente con ovación.

Vellosino y La Purísima, una corrida desigual

Los toros de Vellosino, junto al segundo, perteneciente a La Purísima, protagonizaron una corrida desigual de presentación y comportamiento.

El conjunto tuvo ejemplares de diferentes características. Hubo animales nobles y algunos con clase, pero también varios astados a los que les faltaron fuerza, transmisión o raza para permitir faenas de mayor continuidad.

El quinto fue claramente el ejemplar más destacado del encierro. Su movilidad, carbón y capacidad de repetir permitieron a Emilio de Justo construir la faena más rotunda de la tarde.

También el tercero ofreció nobleza, aunque sin el motor necesario para transmitir al tendido, circunstancia que obligó a David de Miranda a realizar un importante esfuerzo para sacar adelante su labor.

El comportamiento del lote de Morante fue el más deslucido, especialmente el primero, mientras que el cuarto ofreció genio y dificultades defensivas.

Valladolid vuelve a rendirse a Emilio de Justo

La tercera corrida de la Feria de la Virgen de San Lorenzo dejó una conclusión clara: Valladolid sigue siendo territorio de Emilio de Justo.

El extremeño volvió a demostrar que conoce perfectamente los secretos del coso del Paseo de Zorrilla. Su capacidad para interpretar las condiciones de los toros, su profundidad y, sobre todo, su poder frente al quinto le permitieron sumar tres orejas y salir nuevamente a hombros.

Pero la tarde no fue únicamente suya. David de Miranda aprovechó su debut con una actuación importante, cortando una oreja con fuerte petición de la segunda y dejando una imagen de torero preparado para compromisos mayores.

Y Morante de la Puebla, aun sin tocar pelo, dejó una de las imágenes más bellas de la tarde con su capote ante el cuarto y varios muletazos de enorme categoría frente a un toro que no permitió continuidad.

Tres toreros de conceptos diferentes, una corrida de juego desigual y una plaza que volvió a vivir una tarde marcada por la personalidad de sus protagonistas.

En el centro de todo quedó, una vez más, Emilio de Justo y Valladolid. Una historia que continúa escribiendo nuevos capítulos.

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