Los novilleros Diego Ortega, Íñigo Norte y Samuel Berdejo firman una notable actuación en el coso salmantino frente a un encierro de dispar condición, destacando la vuelta al ruedo al segundo de la tarde.
La plaza de toros de La Glorieta acogió un interesante festejo con tres becerros del hierro de Esteban Isidro, de juego muy dispar y desiguales condiciones entre sí. Los alternantes rubricaron una tarde de firme compromiso, repartiéndose un total de cuatro apéndices.
Diego Ortega, vestido de nazareno y oro, se midió a un animal geniudo y de arisca condición que exigió mando y sometimiento. El espada no volvió la cara y le exigió la fórmula básica para descubrir la profundidad de las embestidas, logrando pasajes de mérito y paseando una oreja tras marrar con los aceros mediante un pinchazo y casi entera.
Íñigo Norte, ataviado de verde manzana y oro, firmó los momentos de mayor belleza estética y torería de la tarde, destacando de forma excepcional en el toreo a la verónica. Aunque le faltó soltarse para redondear la naturalidad de su toreo sedoso, dejó muletazos con enjundia antes de fulminar a su antagonista con una estocada inapelable que le catapultó a desorejar a su oponente.
Samuel Berdejo, vestido de celeste y oro, actuó como una auténtica revelación al enfrentarse a un complicado astado. El novillero tapó los defectos de su antagonista mostrándose muy valiente, puro y poderoso en la búsqueda constante del buen toreo, amarrando un apéndice tras dos pinchazos y una estocada.