Crónicas

Ismael Martín arrasa y corta dos orejas y rabo en un festival de desigual juego ganadero

Ismael Martín firmó el golpe de autoridad de la mañana al cortar dos orejas y rabo en una función de altibajos ganaderos, donde también destacó David de Miranda, que desorejó a su oponente. Alejandro Talavante paseó una oreja en un festejo marcado por la desigualdad del encierro.

I

Iris Rodríguez

Redactor

22 de Marzo de 2026
Ismael Martín arrasa y corta dos orejas y rabo en un festival de desigual juego ganadero
David de Miranda ante el segundo de la mañanaFoto: Iris Rodríguez Gómez

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de Toros de Guijuelo
GanaderíaNovillos de Loreto Charro, J.M. Criado, Domingo Hernández, Montalvo, Orive y Hnos. Martín Galán.
FestejoFestival variado en comportamiento, donde sobresalió con fuerza la actuación de Ismael Martín, que firmó la obra más rotunda del festejo al cortar dos orejas y rabo. David de Miranda también dejó una actuación de gran calado, desorejando a su oponente, mientras que Alejandro Talavante paseó una oreja tras una faena de temple intermitente. Javier Blanco y Ramón Martín Galán tocaron pelo, cada uno con una oreja, en una tarde marcada por la desigualdad del ganado. Christian González, firme ante un novillo complicado, se fue de vacío por el acero.

Alejandro Talavante

Una oreja

David de Miranda

Dos orejas

Ismael Martín

Dos orejas y rabo

Javier Blanco

Una oreja

Cristian González

Silencio tras aviso

Ramón Martín Galán

Una oreja

Se abrió plaza con un novillo de Juan Manuel Criado para Alejandro Talavante, un animal de inicio noble que permitió al extremeño dejar pinceladas de su personal concepto con el capote. Saludó con gusto y cadencia antes de irse a los medios para comenzar una faena muy de su sello, cimentada en doblones ayudados que marcaron el pulso lento de la obra.
Pronto encontró en el pitón izquierdo la mejor virtud del novillo: una embestida franca, con recorrido, que Talavante templó con ese toreo al ralentí tan característico. Por el derecho, en cambio, afloraron las carencias: falta de fuerza y un punto de queja que deslució los muletazos. Cerró por manoletinas, ya con el novillo rajado, y, pese a su disposición, tuvo que abreviar. Tras un primer pinchazo, dejó una estocada tendida y desprendida que, aun así, resultó suficiente para cortar una oreja.

El segundo, de Loreto Charro, cayó en manos de David de Miranda. Novillo de buena fijeza, aunque con acusada querencia a tablas, que el onubense supo corregir con inteligencia, llevándolo a los medios, donde dibujó cuatro verónicas de excelente trazo. El castigo en varas fue medido, acorde a su condición.
Brilló también en el quite por delantales, muy celebrado por el tendido. Ya con la muleta, inició por ayudados por alto ante un animal que humillaba y pasaba con largura. La zurda fue el argumento principal de la faena, por donde el novillo ofreció su mejor versión. Por el derecho, más áspero y mirón, De Miranda tiró de firmeza, plantado como un poste, imponiéndose sin enmendarse. Supo entender a la perfección al de Loreto Charro y terminó poniendo a todos de acuerdo. Remató de nuevo al natural y, aunque la espada cayó baja, fue suficiente para cortar las dos orejas.

El tercero, de Montalvo, correspondió a Ismael Martín, que desde el saludo capotero dejó claras sus intenciones. El novillo salió suelto, pero el salmantino lo fijó con autoridad, cuajando un recibo de verónicas de gran eco en los tendidos. Tras el paso por el caballo, lo sacó con torería.
El tercio de banderillas fue un auténtico espectáculo: tres pares de enorme exposición, culminados con un tercero que puso al público en pie, saliendo de la cara con el novillo prendido tras él en un alarde de facultades. Con la muleta, comenzó por abajo con temple y mando. Por el derecho firmó dos series rotundas, muy asentado y jugando con distancias cortas; al natural, terminó de encender la plaza con muletazos de gran profundidad, rubricados con “olés” de peso. Se tiró a matar con decisión y dejó una estocada ligeramente tendida pero de efecto fulminante, que le abrió la puerta de las dos orejas y el rabo. Actuación de máximo nivel.

El cuarto, de Orive, fue para Javier Blanco. Novillo de buen trapío pero escaso juego, que no permitió lucimiento en el capote. Tras el trámite de varas, el tercio de banderillas resultó desordenado y sin relieve.
Con la muleta, Javier intentó construir desde el principio con ayudados por alto, pero pronto se evidenció la falta de condición del animal. Por el derecho, el novillo se revolvía con rapidez y sin entrega, provocando dos volteretas de las que el torero salió sin consecuencias graves. Tiró de oficio para cerrar por manoletinas y dejó una estocada de gran ejecución que le valió una oreja de mérito.

El quinto, de Domingo Hernández, lo lidió Cristian González. El de mayor volumen del encierro, pronto mostró querencia a chiqueros y escasa bravura. Apenas pudo lucirse con el capote, más allá de tres verónicas y un buen remate. Tras el puyazo, brindó al público y comenzó la faena desde los tendidos con ayudados por alto.
El novillo, muy rajado, exigía firmeza, y el joven torero no se la negó, plantándose con valor pese a la falta de entrega. Sufrió dos cogidas sin consecuencias, que no le hicieron desistir. Volvió a la cara con determinación, imponiéndose a la mansedumbre del animal. Con la espada, la historia fue otra: cuatro pinchazos antes de lograr enterrar el acero al quinto intento, teniendo que recurrir al descabello.

Cerró el festejo un eral de Hermanos Martín Galán para Ramón Martín Galán, aficionado práctico. Lo recibió con soltura capotera, hilvanando verónicas, chicuelinas y una media de buen gusto. La faena de muleta tuvo altibajos, con algún pasaje estimable por el pitón izquierdo, donde el novillo ofreció mejores sensaciones.
Sin embargo, la obra se fue diluyendo entre enganchones y momentos de apuro. Mostró, eso sí, una actitud entregada en todo momento. Mató de una estocada a la primera, aunque algo baja y tendida, lo que obligó al uso del descabello. Aun así, paseó una oreja que cerró la mañana.

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