Jarocho conquista Las Ventas con una tarde de pureza y valor ante los exigentes Pedraza de Yeltes
El diestro burgalés firmó los momentos de mayor pureza y emoción de la tarde en Las Ventas frente a una exigente corrida de Pedraza de Yeltes. Su faena al sexto conquistó al público madrileño, aunque la espada volvió a privarle del triunfo.

Rubén Sánchez
Coordinador

Cuando la tarde parecía encaminarse hacia el desgaste y la pesadez, apareció Jarocho para encender Las Ventas con una actuación llena de personalidad y aroma clásico. El diestro firmó los pasajes de mayor calidad del festejo en una corrida marcada por el imponente volumen y la exigencia de los toros de Pedraza de Yeltes.
El mejor momento llegó con el sexto de la tarde, “Hurón”, un toro largo y bien armado que permitió al burgalés desplegar una faena de gran suavidad y temple. Desde el inicio, con un elegante cartucho de pescao y trincherillas muy acompasadas, el torero conectó con los tendidos gracias a una tauromaquia lenta y medida.
Especialmente destacados fueron varios naturales ligados con enorme limpieza y naturalidad, muletazos dibujados con calma y gusto que levantaron al público de sus asientos. El animal tuvo nobleza, aunque le faltó transmisión y continuidad, circunstancia que obligó a Jarocho a construir la faena sobre tandas cortas y muletazos aislados. La armonía de toda la obra terminó calando en los aficionados, que lamentaron el fallo final con la espada.
Muy diferente fue la batalla frente al tercero, un toro encastado y de comportamiento áspero que exigió firmeza y mucha exposición. El animal, de gran volumen y seria presencia, puso en aprietos al torero desde el comienzo por su forma de derrotar y vencerse por dentro.
Lejos de amilanarse, Jarocho apostó por quedarse quieto en los medios y tragó una y otra vez las violentas embestidas del Pedraza. Cada pase tuvo emoción y riesgo, con el eco permanente de la enfermería sobrevolando la plaza. La faena tuvo momentos de gran mérito por la capacidad del torero para imponerse a un toro difícil y exigente.
La corrida mantuvo en líneas generales el tono serio esperado de Pedraza de Yeltes, con ejemplares de mucha presencia y complicado manejo. También destacó la actitud de Fonseca, que sufrió una fuerte voltereta al intentar un cambiado por la espalda al cuarto toro, aunque continuó la lidia con evidente entrega.
Más allá de los trofeos, la tarde sirvió para confirmar el crecimiento de Jarocho, un torero de concepto clásico, buen gusto y notables recursos lidiadores, que logró dejar en Madrid una huella de torería auténtica.



