Jarocho fue el gran protagonista artístico de la tarde en Almazán, donde dejó una faena de enorme naturalidad y profundidad frente al sexto toro de El Pilar. El burgalés, que ya había cortado una oreja al tercero, volvió a mostrar su concepto clásico y personal en una actuación de gran nivel que, sin embargo, quedó sin premio por culpa de la espada. Rubén Sanz también salió a hombros después de pasear una oreja de cada uno de sus toros.
La corrida de El Pilar ofreció un comportamiento desigual y dejó diferentes grados de nobleza y dificultades. Paco Ureña, que reaparecía después del percance sufrido en San Isidro, tuvo que enfrentarse a dos toros de escasas opciones y terminó siendo silenciado en ambos.
El murciano abrió la tarde ante un ejemplar complicado, duro y con poco criterio en sus embestidas. Ureña se mostró firme y seguro, consiguiendo templar en algunos momentos a un animal que estuvo siempre por debajo de las exigencias de la faena. Durante su labor recibió incluso un varetazo a la altura de la barbilla, pero continuó sin ceder terreno. El esfuerzo no encontró recompensa y escuchó silencio.
El segundo permitió que Rubén Sanz comenzara a poner la tarde de su parte. El toro mostró clase y fondo y el diestro de Almazán supo aprovechar sus buenas condiciones con un toreo limpio y templado. La faena conectó con fuerza con los tendidos y, después de una estocada casi entera, cortó una oreja.
La primera gran faena llegó con el tercero, en las manos de Jarocho. El toro fue manejable, aunque tuvo la dificultad de no terminar de humillar. El burgalés supo interpretarlo con inteligencia y construyó una labor marcada por el clasicismo y la personalidad. Alternó momentos a pies juntos con otros de mayor apertura de compás, siempre buscando la naturalidad y el buen gusto. Una estocada casi entera puso el punto final a una actuación de categoría que fue premiada con una oreja de peso.
El cuarto fue un auténtico obstáculo para Paco Ureña. Muy deslucido, sin raza y sin entrega, el animal llegó incluso a echarse durante la faena. El murciano poco pudo hacer ante un oponente que no ofreció ninguna posibilidad de lucimiento y terminó siendo silenciado.
Rubén Sanz se mostró nuevamente dispuesto frente al quinto. El toro fue noble, aunque la faena careció de la brillantez necesaria para alcanzar mayores cotas. El diestro insistió durante una labor larga y trabajada, pero no estuvo acertado con la espada y el resultado final fue el silencio.
El cierre de la tarde correspondió a Jarocho, que volvió a exhibir su mejor versión. Ante un toro de buena condición, el burgalés construyó una faena de gran contenido, combinando temple, creatividad y estética por ambos pitones. Hubo profundidad y naturalidad en una labor muy torera, de esas que dejan la sensación de estar ante un torero con personalidad propia. La espada, sin embargo, se llevó un triunfo que parecía al alcance de la mano. Jarocho fue obligado a saludar una ovación.
De este modo, Almazán vivió una tarde en la que Rubén Sanz sumó dos orejas y Jarocho dejó dos actuaciones de notable nivel, mientras Paco Ureña se encontró con el lote menos propicio. El Pilar dejó algunos ejemplares con buenas condiciones, aunque sin la regularidad suficiente para que el conjunto alcanzara una mayor dimensión.