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José Arévalo: "Bruno Gimeno es un torero que solo va por la vía de la verdad"

El banderillero y preparador de Bruno Gimeno, triunfador en Requena, valora la entrega de un matador que "roza la verdad absoluta"

Pablo García

Pablo García

Redactor

31 de Agosto de 2026
José Arévalo: "Bruno Gimeno es un torero que solo va por la vía de la verdad"
Foto: Florencia Arbelo
“No vivimos tiempos fáciles para ser artistas”, reconoce José Arévalo. Pero Bruno sortea las dificultades del momento en el que nos ha tocado vivir con sus dos mejores armas: la entrega y el sacrificio. Un hombre de 20 años capaz de sacrificar su tiempo libre, momentos familiares o su propio descanso se lo merece todo.

Es la historia de un novillero con picadores con mucha alma torera. Un torero de facto que encarna los valores más faltos en nuestra sociedad. Que actúa desde la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Sin tirar la toalla, nunca. Pues fue el propio Bruno Gimeno quien llamó a Arévalo y le pidió “una preparación exhaustiva por la oportunidad que me han dado los hermanos Martí”, dice su preparador.

Un ejemplo que recuerda José Arévalo para mostrar la entrega del novillero es la feria de la Vendimia. “Bruno se levantaba a las 5:30 de la mañana”, continúa el subalterno, “le pedía el coche a su abuela y subía a la montaña. Así durante tres meses” aun sin saber si estaría anunciado en Requena. Una vez acartelado, ya estaría preparado para esa tarde. Solo tendría que demostrarlo en la plaza. Todo el valor, el coraje con el que había entrenado, la púrpura hasta el abismo.

Había trabajado, luego, merecía tener una buena tarde. “Y no fue buena, sino mejor”, sentencia orgulloso su banderillero. “Me sorprendió la capacidad que tuvo de presentar lo que hacíamos de salón, con el carretón, hacerlo en la plaza, incluso mejor, más despacio y con la mente más despejada”. Una mente poderosa que crece ante la presión del momento. Porque siente el toreo.

El estilo, “lo único que no se puede aprender en el toreo”, que diría Joselito, es el don que cada uno trae al mundo. Pues Bruno lo tiene y lo hace brillar incluso ante un toro cada vez más fuerte y bravo que obliga a ser “más técnico, más habilidoso”, confiesa José Arévalo. Cada muletazo, cada pitón que tocaba el tobillo de Gimeno en Requena demuestra que solo entiende el toreo de verdad, muy despacio, por abajo.

Luego está lo personal, a lo que se renuncia para llegar hasta ahí. Entre otras cosas, a ser niño. Arévalo pone en valor que a estos jóvenes “no se les puede comparar con otros chavales de su clase porque ya son hombres que razonan, que saben lo que están haciendo, que se sienten toreros y que matan al toro con muchísima verdad”. Y con un gran sentido del respeto, pues entienden que la muerte del toro “no puede convertirse en un final”.

Estamos ante un novillero con alma de torero, y la hace compatible con una humildad que no todos acostumbran. Al terminar la tarde, de Puerta Grande, en Requena, “Bruno pensaba que no había estado tan bien. Sin embargo, nuestras sensaciones –las de su cuadrilla– fueron extraordinarias, estratosféricas”. También las del respetable, que no podía estar más entregado desde los tendidos.

Bruno Gimeno Fernández es una promesa basada en hechos. No pide nada que no esté dispuesto a dar. No merece nada por lo que no luche. Por eso es importante prestar atención y saber reconocer la valentía a quienes confían en él. Su preparador y banderillero, José Fernando Arévalo Marco, es un ejemplo, pero se debe poner en valor también la oportunidad que le han dado los hermanos Paco y Rafa Martí. Su ejemplo es el de verdadero compromiso presente y futuro con la tauromaquia.

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