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Julio Norte se despide de Salamanca a lo grande: ocho orejas y un rabo en una tarde para el recuerdo

Julio Norte cerró este domingo en Ledesma su etapa como novillero en Salamanca de la manera más rotunda posible. El salmantino firmó una actuación de gran dimensión en su encerrona en solitario, cortando ocho orejas y un rabo ante un encierro de ganaderías salmantinas.

8 de Junio de 2026
Julio Norte se despide de Salamanca a lo grande: ocho orejas y un rabo en una tarde para el recuerdo

Ficha del Festejo

PlazaLedesma
GanaderíaIgnacio López Chaves, Garcigrande, Casasola, Lorenzo Espioja, El Capea y El Puerto de San Lorenzo

Julio Norte

Ocho orejas y rabo


La plaza de Ledesma fue escenario este domingo de una de esas tardes llamadas a ocupar un lugar destacado en la trayectoria de un torero. Julio Norte, que afrontaba su última actuación como novillero en Salamanca antes de tomar la alternativa el próximo mes de agosto en Dax, respondió a la enorme expectación generada con una actuación rotunda, plena de entrega y ambición, que se saldó con ocho orejas y un rabo en una encerrona en solitario frente a utreros de seis ganaderías salmantinas.
En el primero de la tarde, un novillo de Ignacio López Chaves que no regaló facilidades, dejó patente su determinación. Lo recibió de rodillas y construyó una faena de firmeza y autoridad ante un animal de justa fuerza al que fue sometiendo poco a poco hasta terminar metido en terrenos de máxima exposición. La espada redujo el premio a una oreja.
La línea de compromiso se mantuvo ante el segundo, de Garcigrande, noble aunque escaso de recorrido. Norte volvió a apostar por un inicio vibrante de rodillas y por un planteamiento de constante cercanía, obligando al novillo a sacar lo que llevaba dentro. El fallo con el descabello le dejó sin trofeo, aunque el público reconoció el esfuerzo desplegado durante toda la labor.
El tercer capítulo de la encerrona tuvo como protagonista a un ejemplar de Casasola cuya condición quedó seriamente condicionada tras sufrir varios percances en los primeros tercios. El salmantino se enfrentó a un animal limitado y deslucido, pero volvió a imponerse la voluntad del torero, que buscó la emoción donde apenas existía materia prima para ello. Una nueva voltereta no alteró su planteamiento y acabó obteniendo una meritoria oreja.
Hasta ese momento la tarde avanzaba con interés, pero fue el cuarto novillo el que elevó definitivamente la temperatura del festejo. El ejemplar de Lorenzo Espioja, bravo, encastado y de extraordinaria calidad, permitió que aflorara la versión más completa de Julio Norte. Tras un brindis cargado de simbolismo a varias figuras presentes en el callejón ("El Juli", M.A. Perera, "El Capea" y Manuel Diosleguarde), el novillero firmó una faena creciente, intensa y variada, en la que destacó especialmente el toreo al natural. Hubo temple, profundidad y una conexión cada vez más fuerte con los tendidos hasta desembocar en un final de enorme exposición que puso al público en pie. Las dos orejas premiaron la actuación del torero y la vuelta al ruedo reconoció la calidad excepcional del novillo.
Con el ambiente ya entregado, el quinto mantuvo el impulso de la tarde. El utrero de El Capea embistió con nobleza y suavidad, permitiendo a Norte expresarse con mayor relajación y profundidad. Incluso se permitió sorprender al público tomando los palos en un tercio de banderillas tan voluntarioso como valiente. Después llegó una faena basada en el temple y el buen gusto, construida sobre el excelente son del animal y rematada tras otra voltereta que volvió a evidenciar la dimensión de su compromiso. Las dos orejas cayeron con fuerza y dejaron el festejo lanzado hacia un final de máxima expectación.
Quedaba aún el último acto. Y fue precisamente en el sexto donde terminó de redondearse una tarde histórica. El novillo de El Puerto de San Lorenzo, de gran calidad por ambos pitones y especialmente destacado por el derecho, encontró delante a un torero ya completamente entregado a la causa. Norte entendió desde los primeros compases las virtudes del animal y apostó por el toreo fundamental, dejando los muletazos de mayor calado de toda la tarde. Con la plaza completamente rendida, exprimió las embestidas hasta el límite en una labor de gran madurez, ligazón y autoridad. La estocada puso el punto final a una actuación que fue premiada con las dos orejas y el rabo.
Ledesma asistió así a la despedida soñada de un novillero que afronta el salto al escalafón superior en el mejor momento de su carrera. La estadística final, ocho orejas y un rabo, resume la dimensión del triunfo, pero no alcanza a explicar por completo una tarde en la que Julio Norte exhibió valor, capacidad, recursos y una personalidad impropia de quien todavía viste de luces como novillero. Salamanca despidió a uno de los suyos consciente de que la próxima vez que haga el paseíllo en su tierra lo hará ya convertido en matador de toros.

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