¿Cuánto pagará un aficionado por una entrada para ver toros en Zaragoza? Esa es la gran pregunta. Y, viendo el nuevo pliego de La Misericordia, también empieza a ser una preocupación muy seria.
En los últimos tiempos, algunos políticos han terminado creyéndose que el sector taurino es una sucursal del Banco de España: un lugar al que se puede acudir a recaudar a manos llenas y sin el menor disimulo. Zaragoza, y el humillante e indignante pliego que ha sacado la Diputación Provincial a través de Juan Antonio Sánchez Quero, es un ejemplo clarísimo de ello.
El mensaje parece evidente: aquí solo sirve quien tenga millones sobre la mesa. Si no los tienes, mejor quédate en casa y olvídate de Zaragoza. Porque al “señor” Sánchez Quero parece darle exactamente igual la calidad de los espectáculos, el número de festejos previstos o las políticas de precios para abonos y entradas. Todo eso pasa a un segundo plano. Lo único importante es cuánto dinero está dispuesto a dejar el empresario.
Y no hablamos únicamente de un canon ya de por sí desorbitado. Además, la nueva empresa gestora de La Misericordia deberá asumir todos los gastos añadidos: mantenimiento, reparaciones, conservación de la plaza y demás costes derivados de la gestión. Una carga económica enorme que, tarde o temprano, acabará repercutiendo en el bolsillo de siempre: el del aficionado.
Porque conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿se ha parado Juan Antonio Sánchez Quero a pensar de dónde sale el dinero de los empresarios taurinos? Probablemente no.
Y aún más importante: ¿se ha preguntado cuánto tendrá que pagar un aficionado por una entrada para ver toros en Zaragoza con este pliego? Mucho me temo que tampoco.
Lo más paradójico es que, además, casi tendremos que dar las gracias por “salvar” la temporada en Zaragoza… eso sí, metiendo la mano en el bolsillo ajeno. Una manera muy peculiar de defender la Fiesta.
Ahora solo queda esperar una respuesta rápida y contundente tanto de ANOET como de la afición zaragozana ante un pliego que muchos consideran no solo desproporcionado, sino profundamente humillante para el futuro de la tauromaquia en Zaragoza.