Opinión

Pablo Aguado, el toreo convertido en emoción y belleza

El sevillano dejó la faena cumbre del festejo gracias a una obra de enorme inspiración frente a un extraordinario toro de El Parralejo, confirmando que cuando encuentra la materia prima adecuada es capaz de alcanzar cotas de auténtico toreo de arte.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

20 de Julio de 2026
Pablo Aguado, el toreo convertido en emoción y belleza
Hay tardes que sirven para recordar por qué Pablo Aguado ocupa un lugar tan especial dentro del escalafón. Su actuación fue una reivindicación del toreo reposado, templado y lleno de personalidad, ese que no necesita artificios para emocionar cuando la inspiración aparece y toro y torero hablan el mismo idioma.

Frente al tercer toro encontró el colaborador perfecto para desarrollar todo su concepto. Desde el recibo capotero, rematado con tres medias de enorme belleza, hasta una faena construida con naturalidad y cadencia, el sevillano dejó una colección de muletazos de extraordinaria calidad, especialmente con la mano izquierda, donde el temple y la profundidad alcanzaron su máxima expresión. Las dos orejas fueron el justo reconocimiento a una actuación que marcó el rumbo artístico de la corrida.

Su segundo turno no ofreció las mismas posibilidades, pero incluso con un toro de menor raza y fondo volvió a dejar detalles que evidenciaron su dimensión como torero. El fallo con la espada impidió poner el broche estadístico a una gran tarde, aunque difícilmente pudo borrar el recuerdo de una faena destinada a permanecer entre las más destacadas del serial. Aguado volvió a demostrar que cuando el toreo fluye desde la naturalidad y el sentimiento, el resultado trasciende cualquier marcador.

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