Román no pudo tener un mejor estreno en la plaza ‘La Luz’ de León. El diestro valenciano cayó de pie en su debut en el coso guanajuatense, saliendo a hombros después de cortar una oreja a cada uno de sus toros de San Constantino. Un triunfo construido desde la seriedad, la solidez y la capacidad de resolver dos compromisos de distinta condición.
El valenciano demostró que no necesitaba una tarde de facilidades para hacerse notar. Sus dos faenas tuvieron el denominador común de la firmeza y el oficio, sabiendo aprovechar las posibilidades de sus oponentes y manteniendo siempre una actitud de torero dispuesto a competir. Cortar una oreja a cada toro habla de regularidad, de saber estar y de no dejar escapar las oportunidades.
En una plaza que celebraba su 65 aniversario, Román supo asumir la responsabilidad de debutar en un escenario de tanta importancia y convertir la presentación en una tarjeta de visita de peso. No hubo lugar para la especulación: salió a torear, a mostrar su concepto y a ganarse el reconocimiento de una afición que respondió a su entrega.
Su salida a hombros tiene un valor especial porque llega en una tarde de presentación. Román no solo consiguió triunfar, sino dejar la sensación de que su tauromaquia puede encajar perfectamente en plazas y públicos de máxima exigencia. La solidez de sus actuaciones fue la mejor carta de presentación posible.
León ya tiene un nuevo nombre que recordar. Román se marchó con dos orejas, pero, sobre todo, con la certeza de haber dejado una impresión seria, convincente y merecedora de continuidad. Hay debuts que pasan sin ruido y otros que abren puertas. El suyo, sin duda, pertenece a estos últimos.