Samuel Navalón importante triunfo en la Feria de Fallas
El diestro estuvo muy firme toda la tarde y paseó una oreja de cada uno de sus enemigos en un festejo en el que compartió cartel con Talavante y Roca Rey, que se fueron de vacío

Manolo Herrera
Redactor

Ficha del Festejo
Alejandro Talavante
Silencio en ambos
Roca Rey
ovación y silencio
Samuel Navalón
oreja y oreja con petición de la segunda
La entrega del joven matador Samuel Navalón ante los dos
toros de su lote -que le valió sendas orejas y la salida a hombros- sirvió para
redimir las casi tres horas de intrascendencia del festejo delas Fallas de
Valencia, en el que se puso el cartel de "no hay billetes" en las
taquillas.
Este primer
llenazo de la feria vino, sin duda, motivado por el anuncio del peruano Roca
Rey y del extremeño Alejandro Talavante, cuya popularidad como figuras no se
vio justificada hoy sobre la arena, sobre la que, con ese despliegue de
ambición, se les impuso con creces el nuevo torero valenciano.
Como dispuesto a
demostrar que la gravísima cornada sufrida en el cuello hace apenas cinco meses
no frenará su carrera, tras la convalecencia, Navalón volvió a vestirse de
luces hoy en su tierra con una visible ilusión que ya hizo patente al saludar a
su primer toro con dos largas cambiadas de rodillas.
Y desde ese
momento hasta la gran estocada con que tumbó al sexto, el diestro de Áyora puso
toda la carne en el asador, a veces incluso de más, por ir acompañada de un
comprensible punto de ansiedad y aceleración que generó algunos altibajos en
sus faenas.
El tercero de
los toros de Victoriano del Río, al que se acabaría dando una injustificada
vuelta al ruedo que nadie pidió, manseó en el caballo y, como casi todos sus
hermanos, deambuló sin fijeza hasta que se centró con nobleza en la muleta una
vez que Navalón abrió faena en los medios con pases cambiados.
Aun a falta de
una mayor fluidez en los pases, por un exceso de cercanía en los cites, el
trasteo, siempre tesonero, creció especialmente en su final con circulares y
desplantes ya en terrenos de tablas que jaleó con fuerza el festivo público de
hoy, hasta dejar el premio, tras un pinchazo, en esa primera oreja.
La segunda que
paseó fue la del sexto, después de dos horas y cuarenta y cinco minutos de
corrida y una vez que se fue a recibir de rodillas a la misma puerta de
chiqueros al que a la postre iba a ser el toro de más volumen y también de más
brava entrega del sexteto.
Variado con el
capote, Navalón se puso de nuevo de hinojos en la explosiva y aclamada apertura
de un trasteo que esta vez pecó de cierta aceleración y de ese exceso de ganas
que le hizo volver a meterse demasiado en corto, allí donde de nuevo con
adornos populistas y unas apretadas bernadinas. Pero tras una gran estocada, la
puerta grande se le abrió de par en par.
Y es que si
público de Valencia respondió aún con mayor entusiasmo al derroche de Navalón
se debió al contraste con la fría insustancialidad de los trasteos que las dos
figuras del cartel fueron dilatando con cada toro, exactamente durante media
hora por turno.
Talavante se lo
hizo casi todo con la izquierda al que abrió plaza, que, aun con poca raza,
sacó una ductilidad que el extremeño aprovechó en ciertos momentos, que fueron
bastantes más que los que logró con el fácil cuarto, de embestidas abiertas y
sin complicaciones, en un trasteo escondido, ventajista y plagado de
enganchones.
Por su parte,
Roca Rey se extendió con un rígido y seco autoritarismo ante un tercero que se
salía con la cara arriba de las suertes y con el que solo calentó en el arrimón
final, para perder un posible trofeo con sus fallos a espadas.
Y aún aburrió
más, al toro y al público que acabó pitándole, con el quinto, también
manejable, pero con el que el peruano se fue diluyendo entre largas pausas y
vanos intentos con los que concretó tan poco como con el anterior.
CRÓNICA DE AGENCIA EFE




























