Crónicas

Tomás Rufo pone el toreo en una tarde que se quedó sin premio en Albacete

La séptima de la Feria de Albacete dejó una corrida de La Quinta de embestidas dulces pero con una transmisión irregular. Tomás Rufo firmó los pasajes de mayor profundidad y rozó el triunfo ante el tercero, aunque el acero le negó la oreja. El Cid y Emilio de Justo fueron ovacionados en una tarde en la que el buen toreo volvió a encontrarse con la falta de emoción y el desacierto con la espada.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

14 de Septiembre de 2026
Tomás Rufo pone el toreo en una tarde que se quedó sin premio en Albacete

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de toros de Albacete
GanaderíaToros de La Quinta
Festejo La Quinta lidió una corrida de juego desigual, con varios toros de clase y buenas condiciones, pero en general limitada en transmisión. Destacaron especialmente el tercero por su calidad y el primero por su codicia; el cuarto fue el más deslucido, mientras que quinto y sexto fueron perdiendo celo y fuerza durante sus faenas.

Manuel Jesús El Cid

Ovación y Silencio

Emilio de Justo

Palmas y Silencio

Tomás Rufo

Ovación y Ovación

El Cid se encontró en primer lugar con un toro de buenas hechuras, acodado de pitones, con perfil y agradable de líneas. El de La Quinta respondió mejor cuando se le exigió por abajo, mostrando codicia y cierta tendencia a reponer cuando el torero lo llevaba a media altura. Los mejores momentos llegaron por el pitón derecho, donde El Cid consiguió mayor ligazón. Al natural, ya en la parte final, el toro permitió un toreo más pausado y de uno en uno. Una estocada al segundo intento puso fin a una faena que se saldó con ovación para ambos.

Emilio de Justo recibió al segundo con el capote a la verónica. El toro mostró buenas condiciones en el embroque, pero tendió a perder celo en la salida de los muletazos, lo que restó continuidad y repercusión a la labor. El extremeño tuvo que modificar constantemente la manera de plantear las series, ganando terreno al toro o girando para poder enlazar los viajes. Fue una faena trabajada y de recursos, con los mejores pasajes sobre la mano derecha. Tras una estocada trasera, el toro recibió una ovación y Emilio de Justo fue despedido con palmas.

El tercero fue el gran toro para el toreo. Un ejemplar de La Quinta de mucha clase y calidad al que Tomás Rufo supo tratar con el pulso necesario. El toledano condujo las embestidas con los vuelos de la muleta y remató los pases detrás de la cadera, dando profundidad a los viajes. Especial importancia tuvo su toreo al natural, donde surgieron varios muletazos de exquisito trazo y gran temple. Al toro le faltó algo más de emoción para que la faena alcanzara una mayor contundencia en los tendidos, pero Rufo dejó una actuación importante. El fallo con la espada le privó de la oreja. Ovación para ambos.

El cuarto fue el ejemplar más apagado de la corrida. Soso, sin transmisión y desplazándose a media altura, apenas permitió que la faena de El Cid tomara vuelo. El saltereño se mostró firme, especialmente al natural, intentando encontrar alguna opción entre las escasas posibilidades que ofrecía el toro. La labor nunca terminó de prender en los tendidos. El acero tampoco acompañó, necesitando tres intentos para finalizar.

El quinto, bajo, de manos cortas y con cuello, destacó por unas hechuras que aunaban trapío y armonía. Salió con mayor viveza que sus hermanos y empujó con fuerza en el caballo. Durante las banderillas apretó hacia dentro, protagonizando Antonio Chacón un comprometido par que le obligó a saludar. Sin embargo, aquella emoción inicial se fue diluyendo durante la faena de muleta. El toro de Buendía conservó buen embroque, pero perdió celo y terminó buscando las tablas. Emilio de Justo no encontró acierto con la espada, necesitando llegar al tercer intento. Silencio tras aviso.

Tomás Rufo cerró la tarde ante un sexto que tuvo voluntad de embestir, aunque sin la raza y la fortaleza necesarias para sostener una faena ligada y transmitir emoción a los tendidos. El ambiente de la tarde tampoco ayudó. Rufo encontró su mejor versión por el pitón derecho, especialmente en una serie ligada y bien planteada en el sitio, que marcó el momento álgido del trasteo. A partir de ahí, el toro fue perdiendo todavía más intensidad. Una estocada delantera y desprendida dejó la labor en una petición minoritaria de oreja y posterior ovación.

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