La terna firma una tarde de triunfo ante una plaza llena hasta la bandera y una corrida de El Vellosino que puso a prueba a tres conceptos diferentes de toreo
Móstoles quería una tarde grande y tuvo una tarde enorme
. Sebastián Castella, Roca Rey y David de Miranda salieron a hombros por la
Puerta Grande después de repartirse ocho orejas en una
corrida de El Vellosino que convirtió el coso madrileño en una auténtica fiesta. La plaza, llena hasta la bandera y con el cartel de
“No hay billetes” colgado desde días antes, respondió al reclamo de un cartel de máxima categoría.
Había expectación, pero la terna se encargó de convertirla en triunfo. Castella cortó una oreja a su primero y las dos al segundo; Roca Rey paseó una oreja, con fuerte petición de la segunda, y desorejó a su segundo; mientras que David de Miranda cerró la tarde con dos orejas.
- Castella abre la tarde con autoridad y la cierra por todo lo alto.
Sebastián Castella fue el encargado de abrir plaza y no tardó en dejar claro que había venido a por todas. El francés afrontó su primer compromiso con la serenidad y el oficio que le han acompañado durante toda su carrera, buscando siempre la distancia adecuada y tratando de sacar partido de las condiciones de su oponente.
La faena fue creciendo conforme Castella encontró el sitio y consiguió ligar los muletazos. El público reconoció su disposición y, después de la estocada, la petición de trofeo se hizo patente.
Primera oreja de la tarde para Castella.
Pero todavía quedaba lo mejor del francés. Con el cuarto llegó la versión más rotunda de Castella. El torero se asentó con mayor autoridad y construyó una faena de mayor calado, aprovechando las posibilidades del toro y conectando de lleno con unos tendidos que ya estaban completamente entregados.
Esta vez no hubo discusión. La faena terminó con dos orejas, premio que situaba a Castella en la Puerta Grande y elevaba la temperatura de una tarde que ya caminaba hacia el triunfo colectivo.
- Roca Rey pone la plaza en pie.
Roca Rey no podía quedarse atrás. El peruano saltó al ruedo consciente de la expectación que generaba su presencia y asumió desde el primer momento el compromiso propio de una figura.
Ante su primero, Roca Rey planteó una faena de intensidad creciente. El torero se mostró firme, arriesgó en las cercanías y consiguió llevar la faena a terrenos donde su tauromaquia alcanza toda su dimensión.
La estocada puso el punto final y los tendidos reclamaron el premio. Una oreja fue concedida, aunque hubo petición de la segunda, señal inequívoca de la intensidad con la que el público había vivido la faena.
Roca Rey ya tenía un trofeo en el esportón, pero el peruano todavía guardaba una actuación de mayor impacto.
El quinto de la tarde fue el escenario del gran golpe de autoridad. Roca Rey se metió de lleno en la faena, acortó las distancias y llevó al público al límite con una actuación marcada por la entrega y la emoción.
Esta vez el premio fue máximo. Dos orejas para Roca Rey, que redondeaba así una tarde de tres trofeos y aseguraba su salida a hombros.
- David de Miranda no se baja de la pelea.
David de Miranda tenía delante una papeleta de máxima exigencia. Compartir cartel con Castella y Roca Rey en una tarde de “No hay billetes” obliga a competir y a no dejar pasar ninguna oportunidad.
El torero de Trigueros salió decidido a demostrar que su nombre también merece figurar en tardes de esta dimensión. Su actuación estuvo marcada por la disposición y la búsqueda del triunfo desde el primer momento.
De Miranda supo meterse en faena y conectar con un público que ya había disfrutado de los triunfos de sus compañeros. La espada puso el broche a su actuación y la respuesta de los tendidos fue contundente.
Dos orejas para David de Miranda. Conseguía así el premio necesario para acompañar a Castella y Roca Rey en la salida a hombros.
- Ocho orejas y una plaza entregada.
La corrida terminó convertida en una fiesta. No podía ser de otra manera después de un balance de ocho orejas y una terna completa a hombros.
Castella sumó tres; Roca Rey, otras tres; y David de Miranda, dos. Los números cuentan una parte de la historia, pero la fotografía final cuenta el resto: los tres toreros abandonando juntos la plaza por la Puerta Grande ante una afición que llenó el coso hasta la bandera.
Móstoles respondió al cartel y los toreros respondieron a Móstoles. El “No hay billetes” ya anunciaba una tarde especial. El ruedo terminó confirmándolo.
Castella puso la experiencia. Roca Rey, la emoción. David de Miranda, la ambición. Y entre los tres dejaron ocho orejas y una Puerta Grande para la historia reciente de Móstoles.
Una tarde de esas que empiezan con el papel agotado en taquilla y terminan con los toreros a hombros.
Móstoles quería una tarde grande. Y las figuras no fallaron.