Oreja para José Garrido, y disposición de Ismael Martín y Samuel Navalón en la vigesimotercera de San Isidro
Tarde de entrega en los de luces, marcada por la falta de fuerza de los astados de Montalvo

Ruben Castillo
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaPlaza de Toros de Las Ventas
GanaderíaToros de Montalvo
José Garrido
Oreja y Ovación
Ismael Martín
Ovación tras aviso y Vuelta al ruedo
Samuel Navalón
Ovación y Ovación tras dos avisos
Marcaban las siete en los relojes, y rompía la número 23 del ciclo. Una terna con grandes alicientes y con muchas cosas por decir, con José Garrido a la cabeza, e Ismael Martín y Samuel Navalón, dos toreros jóvenes que vienen arreando y que quieren ocupar los puestos más altos del escalafón. Hubo baile de corrales, y se lidiaban toros de Montalvo, que remendaban a la ganadería anunciada -Lagunajanda-.
José Garrido -gris perla y oro- estuvo muy torero e inspirado en toda la tarde. Le salió Superior en primer lugar, que perdió las manos de manera superior, y fue devuelto. Al sobrero -de Casa de los Toreros- lo recibió con verónicas rodilla en tierra, tal y como hizo en el inicio de muleta. El toro tenía una gran condición, y Garrido supo entenderse con él, dejando naturales muy hondos, hundiendo los riñones y llevándolo detrás de la cadera. Molestó mucho el viento en los compases finales de la faena, y se enfrió el público, que volvió a entrar en calor con el estoconazo en todo lo alto, que permitió al de Badajoz cortar el primer apéndice de la tarde.
Quería salir a hombros Garrido, y se fue a porta gayola a parar al cuarto, otro toro marcado por la falta de fuerzas de salida. En el último tercio, continuó tal y como lo fue marcando: parado y agarrado al piso. El extremeño no pudo exprimir al animal más allá de un gran comienzo de faena de rodillas, en redondo, y muletazos sueltos con sabor y torería. Una media agarradita puso fin a su tarde en Madrid.
Ismael Martín -grana y oro- vino a revienta calderas a Madrid. Paró con una larga de rodillas en el tercio al segundo de la tarde, de nombre Caprichoso. Venía arreando Martín, y sacó al toro del caballo con un bonito quite de oro, y tres pares de banderillas, -a toro pasado- para salir de la cara corriendo hacia atrás, y levantando al respetable de sus asientos, muy en el Fandi. Comenzó la faena pasándose al toro por la espalda. No cabía un folio entre medias. El toro se volvió duro en la muleta pese a tener clase en los embroques, pero soltando la cara en el final del muletazo. Trató de meterle en el canasto con oficio, pero fracasó en su intentona. Dejó una estocada trasera, y llegaron a pedirle la excesiva oreja. Ovación.
Se fue a parar al quinto a chiqueros Martín, y se escapó de una tragedia, saliendo el toro como una bala, y pasando a escasos centímetros del salmantino. De nuevo se le apareció la virgen, y se libró de un percance tras una espeluznante voltereta. El toro parecía tener problemas de vista, y tras la visita en varas, fue devuelto por problemas de fuerzas. Ante el quinto bis, de Bohórquez, volvió a porta gayola, y dejó un ramillete de verónicas con mucho gusto. Puso banderillas, de nuevo a toro pasado, salvo el último par, que apretó el toro hacia los adentros y clavó en toda la cara. Una roblesina ceñida calentó al público, pero la faena fue perdiendo intensidad, ante la condición del animal, que le faltó transmisión y lo hacía todo a media altura y soltando la cara en los finales, pese a tener buen embroque. Tiene mucho valor este torero, buscando ligar los muletazos y pasándoselo cerca. Así lo demostró en las bernadinas finales cenidísimas. Pinchazo. Petición de oreja que quedó en vuelta al ruedo
Samuel Navalón -blanco y oro- también vino sin dejarse nada en el hotel. No tuvo suerte en su primero, un toro con clase pero con falta de fuerzas, con el que el de Ayora busco templarle, pero sin entrega. En el final de faena, acortó distancias, metiéndose entre entre los pitones, sin llegar al público. Estocada. Saludos en el tercio
Tal y como hicieron sus compañeros de terna, Navalón paró al sexto a porta gayola y con faroles de rodillas, para dejar seguidamente unos garbosos lances a la verónica. Brindó el toro al público, y comenzó la faena de rodillas, para seguir con derechazos largos aunque poco templados. El toro tenía transmisión y disparo y el valenciano no fue capaz de templarlo y acoplarse del todo, llegando a recibir una fuerte voltereta. Disposición no le faltó, eso sí, y trató de hacérselo por bajo y llevándolo largo , pero sin limpieza. Bernardinas sin ayuda para terminar la faena. Pinchazo y estocada. Ovación








