Juan Ortega, Roca Rey y Aarón Palacio salen a hombros con nueve orejas y dos rabos tras colgar el «No hay billetes» seis décadas después
Nueve orejas, dos rabos y triple Puerta Grande en el cierre de San Atilano, con un lleno de “No hay billetes” que Tarazona no vivía desde 1963.

Ana Teresa Ramos
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaPlaza de toros de Tarazona
GanaderíaJandilla
FestejoCorrida de Jandilla bien presentada y de juego desigual, pero en conjunto aprovechable. Destacó el primero, Defensor, noble, con recorrido y calidad, premiado con la vuelta al ruedo. Hubo varios toros con buenas condiciones para la muleta, aunque faltó mayor regularidad en el conjunto. El sexto fue el más deslucido, con poco fondo. En líneas generales, el encierro dio juego y permitió el triunfo de los tres matadores.
Juan Ortega
dos orejas con petición de rabo y oreja.
Roca Rey
dos orejas y rabo y dos orejas.
Aarón Palacios
dos orejas y rabo y silencio.
Tarazona (Zaragoza), ha puesto el broche de oro a su Feria de San Atilano con una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria de una plaza. El coso turiasonense volvió a colgar el histórico cartel de “No hay billetes”, más de seis décadas después de la última ocasión y la respuesta de los toreros estuvo a la altura de la expectación.
Juan Ortega, Roca Rey y el aragonés Aarón Palacio salieron a hombros después de repartirse nueve orejas y dos rabos frente a una corrida de Jandilla que ofreció momentos de notable calidad.
La tarde comenzó con un Juan Ortega muy dispuesto. El sevillano recibió al primero con gusto a la verónica y, después del tercio de varas, inició la faena de muleta con pases genuflexos. Poco a poco fue encontrando el ritmo del toro y construyó una labor basada en el temple y la calidad por ambos pitones. Los muletazos fueron ganando profundidad hasta alcanzar sus mejores momentos en las series finales. Una estocada efectiva puso en sus manos las dos orejas, mientras el toro, de nombre Defensor, era premiado con la vuelta al ruedo.
Con el cuarto, Ortega volvió a dejar detalles de gran expresión. Lo recibió con el capote llevándolo hasta los medios y comenzó la faena de rodillas. El animal, de embestida más descompuesta, exigió al sevillano una labor de mando y paciencia. Por el pitón izquierdo llegaron algunos de los naturales más profundos de la tarde, toreando despacio y con personalidad. Tras la estocada, paseó una oreja, completando una actuación sólida y artística.
Pero la tarde alcanzó otra dimensión con Roca Rey. El peruano recibió al segundo con variedad de capote y protagonizó después un destacado quite. Ya con la muleta, comenzó de rodillas, dispuesto a no dejar pasar la oportunidad de una tarde grande.
La faena tuvo intensidad desde el primer momento. Roca Rey mandó y templó por ambos pitones, y cuando el toro comenzó a perder recorrido, el torero cambió la distancia y se metió literalmente entre los pitones. Los circulares finales, realizados en un palmo de terreno, encendieron definitivamente los tendidos. La estocada, rotunda, desató la petición de trofeos y el presidente concedió dos orejas y rabo.
El quinto tuvo inicialmente una embestida más desentendida, pero Roca Rey consiguió centrarlo rápidamente. Sobre la mano derecha construyó muletazos largos y de mano baja, mientras al natural encontró también momentos de profundidad. En la recta final volvió a reducir las distancias y, sin ayuda, metido entre los pitones, levantó de nuevo al público. Otra estocada efectiva le permitió cortar dos orejas. El quinto, Cursilón, recibió también la vuelta al ruedo.
Y si alguien tenía reservado un lugar especial en esta tarde era Aarón Palacio. El joven torero aragonés no desaprovechó la oportunidad de convertirse en protagonista ante su público. Su recibo capotero al tercero fue variado y vibrante, con tres largas de rodillas y un quite por cordobinas.
Con la muleta comenzó con el conocido cartucho de pescao y tuvo que administrar las fuerzas de un Jandilla noble, aunque justo de fondo. Palacio entendió las condiciones del animal y, a medida que acortó las distancias, consiguió los pasajes de mayor profundidad. Las manoletinas finales pusieron el broche a una faena cargada de entrega.
Al entrar a matar sufrió una aparatosa voltereta, pero se levantó y consiguió dejar una estocada entera. El premio fue rotundo: dos orejas y rabo, convirtiéndose en uno de los grandes nombres de una tarde que el aficionado aragonés difícilmente olvidará.
El sexto, sin embargo, no permitió a Palacio redondear su actuación. El toro tuvo menos opciones y el torero tuvo que conformarse con una actuación sin premio. Aun así, el triunfo ya estaba asegurado.
El balance final resume por sí solo la dimensión de la corrida:
- Juan Ortega, tres orejas.
- Roca Rey, cuatro orejas y un rabo.
- Aarón Palacio, dos orejas y un rabo.
Los tres toreros abandonaron la plaza por la Puerta Grande.
Tarazona despidió así una Feria de San Atilano que ha dejado una imagen especialmente poderosa: una plaza llena, un ambiente de acontecimiento y tres toreros a hombros. Pero, sobre todo, una tarde en la que la afición turiasonense volvió a vivir un “No hay billetes” que llevaba más de sesenta años sin aparecer en las taquillas del coso.
Una tarde para recordar. Una tarde de toros. Una tarde histórica en Tarazona.




