Crónicas

Urdiales firma una obra de dos orejas y La Corredera disfruta de una tarde de buen toreo

La tarde en La Corredera tuvo un nombre propio: Diego Urdiales. El riojano protagonizó frente al cuarto una faena de enorme dimensión, especialmente al natural, que terminó siendo la obra más importante de un festejo en el que también David de Miranda y Víctor Hernández pasearon dos orejas cada uno.

Manuel Cobaleda

Manuel Cobaleda

Redactor

1 de Septiembre de 2026
Urdiales firma una obra de dos orejas y La Corredera disfruta de una tarde de buen toreo
Triple puerta grande en Colmenar

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de toros ‘La Corredera’, Colmenar Viejo
GanaderíaToros de Juan Manuel Criado
FestejoMenos de media entrada.

Diego Urdiales

Silencio y dos orejas tras aviso

David de Miranda

Oreja y oreja

Víctor Hernández

Oreja y oreja

La corrida de Juan Manuel Criado ofreció comportamientos desiguales. El primero mostró buenas condiciones de salida, especialmente por el pitón derecho, pero perdió toda su entrega después del caballo y terminó moviéndose sin clase y sobre las manos. Urdiales apenas pudo hacer más que dejar algunos naturales de buen trazo, condicionados además por el viento. Los pitos al toro y el silencio para el torero reflejaron la escasa emoción del conjunto.

La tarde comenzó a tomar vuelo con David de Miranda, que se presentaba en La Corredera. El segundo, protestado inicialmente por su presentación, terminó ofreciendo posibilidades. El onubense inició la faena de rodillas en el tercio, dejando muletazos por alto y varios naturales de mucha profundidad que conectaron rápidamente con los tendidos. El animal fue perdiendo intensidad, pero De Miranda supo alargar las embestidas por ambos pitones y terminó apostando por terrenos de mayor compromiso. Un pinchazo y una estocada desprendida no evitaron que cortase una oreja.

La faena de Víctor Hernández al tercero tuvo como principal argumento el temple. El toro, más justo de fuerzas, tuvo movilidad y prontitud, aunque careció de la clase necesaria para mantener la intensidad. El madrileño encontró sus mejores pasajes al natural y consiguió mayor reunión cuando ajustó los terrenos. Una estocada casi entera puso en sus manos otro trofeo.

Pero la tarde alcanzó su punto culminante con Diego Urdiales frente al cuarto. El toro, de hechuras poco armónicas y con dificultades para humillar inicialmente, no terminó de convencer durante los primeros compases por el pitón derecho. Todo cambió cuando Urdiales tomó la muleta con la izquierda. El riojano toreó de frente, ofreciendo el pecho, adelantando la pierna y construyendo los naturales uno a uno, con una pureza y una profundidad extraordinarias.

Los tendidos reconocieron inmediatamente la dimensión de la obra. Urdiales llegó incluso a prescindir de la música para dejar que los olés acompañaran una faena basada en el toreo fundamental y en la naturalidad. La estocada puso el broche a una actuación de enorme categoría y las dos orejas fueron el justo reconocimiento a una de las grandes faenas de la tarde.

David de Miranda volvió a mostrar su capacidad frente al quinto, un toro bajo y acapachado, pero limitado de poder y con tendencia a tomar la muleta por dentro. El onubense tuvo que pulsear constantemente sus embestidas para intentar alargar los viajes, sin encontrar la ligazón deseada. Aun así, hubo profundidad en los trazos y, tras una gran estocada, consiguió cortar una oreja.

El sexto permitió a Víctor Hernández completar su actuación con otro trofeo. El madrileño se encontró con un animal noble y manejable, aunque muy marcado hacia las tablas. Supo darle mayor celo por el pitón derecho, donde llegaron los pasajes más destacados de una faena que cerró con acierto con la espada.

Así, La Corredera despidió una tarde de dos orejas para Diego Urdiales, una para David de Miranda y otra para Víctor Hernández, con la obra del riojano al natural como gran acontecimiento de un festejo en el que el buen toreo tuvo su máxima expresión en la muleta izquierda de Urdiales.

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