¿Y tú de quién eres?
La tauromaquia moderna desde un tendido en cualquier plaza de toros

Manolo Herrera
Redactor

No soy mucho de dar mi opinión, ya que siempre he considerado que uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Pero lo que me ocurrió el pasado fin de semana en la plaza de toros de Jerez bien merece una reflexión.
El coso de la calle Circo de Jerez no tiene palco de prensa. La empresa nos ubica en distintos lugares de la plaza donde haya quedado algún hueco libre. Este que firma el artículo, durante la pasada feria, pasó por una grada, el palco de ganaderos y un tendido. Aunque esto es lo de menos, me viene bien para meterlos en contexto.
El sábado, con Morante, Manzanares y Juan Ortega en el cartel, estuve ubicado en el tendido, fila cuatro. Justo en la fila superior llegó un grupo de jerezanas que rondaban —o incluso sobrepasaban— la edad de jubilación. Arregladas para la ocasión y muy jerezanas ellas.
Yo, que soy un fatiga y me gusta llegar temprano a la plaza para comprobar que mis dispositivos no fallan y poder informar puntualmente, ocupé mi localidad una hora antes del festejo. Las señoras fueron llegando escalonadamente hasta completar una docena de asientos en la fila cinco. Allí estaba yo, en medio de todas ellas, una fila más abajo.
Como ya he dicho, en cuanto vieron el móvil, la tablet y demás artilugios, llegó la primera pregunta:
—¿Quién es usted para tanto cacharro?
Tras las oportunas explicaciones, la que parecía mover el cotarro iba informando a las demás según llegaban. Mientras tanto, yo pensaba para mis adentros cuánto tardaría en aparecer la pregunta del millón.
Después de una banal conversación sobre la feria —no la taurina, sino la folclórica— llegó:
—Muchacho, muchacho… ¿y tú de quién eres?
Yo, con una risa interior y tirando de la ironía más gaditana, respondí con todo mi aje:
—Yo soy de la Paqui y de Manolín, pero no soy de Jerez, sino de El Puerto. Por eso, a lo mejor, no me conocen.
Ellas rieron y, tras el clásico “qué gracioso el muchacho”, llegó lo que ya esperaba.
—Nosotras venimos a ver a Morante porque está de moda. Sale en TikTok, en Instagram y en Facebook.
Anda que no está puesta esta gente.
—La tauromaquia no es como el fútbol, señora. Allí uno puede ser del Betis o del Sevilla, del Madrid o del Barcelona. Yo, claro que tengo gustos y me inclino más por el corte artístico, pero no soy de ningún torero porque, en realidad, soy de todos. Desde el chaval que está empezando en una escuela taurina hasta Morante, pasando por todo el escalafón.
Las señoras rieron de nuevo y sentenciaron:
—Pues nosotras somos de Morante.
Y ojalá haya muchas más como ellas.
Me alegra profundamente que un torero de corte artístico, sin necesidad de salir en la llamada prensa del corazón, tenga hoy la capacidad de llevar gente a las plazas. Siempre he defendido eso, incluso en tiempos de los llamados toreros mediáticos: aunque solo sea un pequeño porcentaje, si algunos de esos nuevos aficionados se quedan, ya habremos ganado adeptos para la causa.
Y eso, en estos tiempos, es muchísimo.
Viva usted, don José Antonio, por llevar hasta la plaza de Jerez a Juana, Mercedes, Lola, Carmen, Antonia, María, Concha, Teresa, Solé, Pilar, Matilde y Adela.
Yo me llevé aquel día una experiencia maravillosa, explicándoles lo que hacían los toreros y la liturgia de la tauromaquia.
Y gracias, maestro Morante, por arrastrar a la masa hasta las plazas.


