Fuenlabrada (Madrid) vivió una tarde marcada por la emoción, el reencuentro y el triunfo. La vuelta por un día de
César Jiménez a los ruedos, precisamente en casa, convirtió el festejo en una cita especial que terminó con el diestro madrileño a hombros después de cortar
cuatro orejas. Junto a él salió por la Puerta Grande
Francisco Fernández "El Fuenlabreño", que sumó
una oreja de cada uno de sus novillos. Francisco José Espada, por su parte, protagonizó dos actuaciones de firmeza y compromiso, pero los aceros le privaron de acompañar a sus compañeros en el triunfo.
Con casi lleno en los tendidos, la tarde comenzó con la actuación de El Fuenlabreño ante un primer novillo de José Cruz, con ritmo y celo. El rejoneador firmó una actuación notable, mostrando su buena doma y capacidad a lomos de sus caballos. La faena tuvo el reconocimiento del público, aunque le faltó mayor contundencia con el rejón de muerte. Finalmente, paseó una oreja.
El cuarto volvió a poner de manifiesto las virtudes de El Fuenlabreño. El novillo tuvo volumen y respondió con ritmo, permitiendo al rejoneador lucirse sobre sus caballos. Una actuación destacada y de buen nivel que volvió a encontrar premio en los tendidos con otra oreja, suficiente para garantizar su presencia en la salida a hombros.
Pero el gran acontecimiento de la tarde estaba reservado para César Jiménez. El diestro madrileño volvía a enfundarse el vestido de luces para medirse de nuevo a un toro en su localidad, protagonizando uno de los momentos más emotivos de la jornada.
Ante el segundo de la tarde, Jiménez encontró un animal manejable al que supo aprovechar con un toreo templado y de buen tono, tanto con la mano derecha como con la izquierda. El torero demostró que el oficio y las formas permanecen intactos. La faena alcanzó su máxima expresión con una gran estocada, que puso en sus manos las dos orejas.
La tarde de César Jiménez no quedó ahí. Frente al quinto llegó una nueva demostración de capacidad y técnica. El madrileño tuvo que construir la faena poco a poco, con paciencia, conocimiento y una tauromaquia que volvió a hacerse presente en su plaza. Sin prisas, fue dando forma a una actuación meritoria que terminó de redondear con la espada. Dos orejas más y una salida a hombros que puso el broche perfecto a su regreso puntual a los ruedos.
También dejó su sello Francisco José Espada. Ante el tercero, el madrileño realizó una faena maciza, rotunda y ligada ante un toro manejable de José Cruz. Espada toreó con decisión por ambas manos y construyó una actuación de peso, pero el fallo con la espada hizo desaparecer el premio. El público reconoció su esfuerzo con una ovación tras aviso.
En el sexto, Espada volvió a demostrar su compromiso. El toro midió y ofreció embestidas desiguales, obligando al torero a pisar terrenos comprometidos. Hubo firmeza y riesgo en una actuación en la que el diestro se jugó la cogida ante un animal exigente. De nuevo, los aceros se cruzaron en su camino: el fallo con el descabello le dejó sin recompensa, escuchando silencio tras aviso.
Fuenlabrada terminó así rindiéndose a una tarde especial. César Jiménez convirtió su regreso por un día en una celebración del toreo con cuatro orejas; El Fuenlabreño confirmó su ambición con dos trofeos y la Puerta Grande; y Francisco José Espada dejó sobre la arena la firmeza y el compromiso que, esta vez, no encontraron recompensa en los aceros.