Castella, Adrián de Torres y Borja Jiménez firman una gran tarde en Villacarrillo
Alejandro López
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaVillacarrillo
Ganadería Toros de Salvador Domecq
FestejoEl francés corta dos orejas, Adrián de Torres suma tres y Borja Jiménez pasea dos en una corrida de Salvador Domecq en la que el quinto ejemplar fue premiado con la vuelta al ruedo.
Sebastián Castella
oreja tras aviso y oreja.
Adrián de Torres
dos orejas y oreja.
Borja Jiménez
oreja y oreja.
La plaza de toros de Villacarrillo vivió una tarde de notable contenido taurino, marcada por el triunfo de Sebastián Castella, Adrián de Torres y Borja Jiménez, que salieron a por todas ante una corrida de Salvador Domecq de juego variado. La terna supo aprovechar las posibilidades de sus respectivos lotes, destacando especialmente la actuación de Adrián de Torres frente al quinto, un ejemplar de gran calidad por el pitón izquierdo que terminó siendo premiado con la vuelta al ruedo.
El balance final dejó siete orejas en el esportón: dos para Castella, tres para Adrián de Torres y dos para Borja Jiménez.
Castella abre la tarde con oficio y temple
Sebastián Castella se encontró en primer lugar con un toro de Salvador Domecq de excelente presentación, aunque condicionado por una fuerza justa. El francés comprendió desde los primeros compases que había que cuidar las alturas y evitar cualquier exigencia innecesaria.
Castella condujo las embestidas a media altura, con una muleta siempre puesta y sin tirones, tratando de mantener la continuidad de las arrancadas. Por ambos pitones consiguió extraer muletazos de mérito, sustentados principalmente en el temple, la colocación y la capacidad del diestro para administrar las fuerzas del animal.
La faena tuvo el sello profesional de un torero veterano, que supo leer perfectamente lo que tenía delante y no dejó escapar las posibilidades del astado.
Una estocada desprendida puso final a la faena. Tras sonar un aviso, paseó una oreja.
Ante el cuarto, Castella tuvo delante un toro castaño con numerosas dificultades. Era un animal que se defendía, embestía sin demasiada clase y soltaba la cabeza al final de los muletazos, obligando al torero a mantener una posición muy firme.
El francés volvió a demostrar su capacidad de resolución. Con colocación, mando y poder, fue ganándole terreno al toro hasta imponerse por ambos pitones. Castella entendió la distancia que necesitaba el ejemplar y construyó una faena basada en la precisión y en la capacidad de dominar una embestida deslucida.
El resultado fue otra oreja, completando dos trofeos en su actuación.
Adrián de Torres, tres orejas y una faena cumbre
La tarde tuvo uno de sus momentos de mayor importancia en manos de Adrián de Torres. El segundo toro mostró desde el inicio cierta tendencia a buscar la querencia de chiqueros y acusó el esfuerzo del encierro.
El de Linares no dudó. Tras recibirlo con un par de verónicas, llevó la faena de muleta con absoluta determinación, especialmente por el pitón izquierdo, que resultó ser la vía más potable del animal.
Con la figura muy manoletada, Adrián dejó varias tandas de gran trazo, llevando al toro con firmeza y ligazón. Hubo momentos de toreo caro, con muletazos largos y templados, demostrando una notable capacidad para imponerse a las condiciones del astado.
Una estocada casi entera terminó con el toro y la petición del público se tradujo en dos orejas.
Pero la faena de mayor calado de Adrián llegaría con el quinto. Un colorado de bonitas hechuras y, sobre todo, con una extraordinaria calidad por el pitón izquierdo.
Lo recibió con delantales a pies juntos y posteriormente realizó un quite por gaoneras, dejando ya patente la disposición con la que había salido al ruedo.
En la muleta encontró un animal con clase y calidad. Adrián de Torres lo cuajó fundamentalmente al natural, alcanzando los momentos más importantes de su actuación. La figura erguida, los pies asentados y los muletazos largos marcaron una faena de gran expresión.
Especialmente destacable fue la forma de llevar al toro de delante hacia atrás, vaciando las embestidas por detrás de la cadera y dando continuidad a las series. El torero consiguió que la calidad del ejemplar luciera en toda su dimensión.
Falló en dos ocasiones con los aceros, circunstancia que redujo el premio final, pero no impidió que paseara una oreja.
El toro fue reconocido con la vuelta al ruedo, uno de los grandes protagonistas de la tarde.
Borja Jiménez: poder, torería y capacidad de entrega
Borja Jiménez recibió al tercero, otro ejemplar de notable presentación y con condición brava. El toro mostró buena disposición, aunque al final de los muletazos tendía a cabecear y no terminó de encontrar un ritmo definido en sus embestidas.
El sevillano supo leer la situación y trabajó con gusto y torería. Sin forzar las condiciones del animal, fue sacándole todo lo que llevaba dentro, alternando momentos de mayor profundidad con otros en los que tuvo que imponerse a las dificultades del astado.
Borja estuvo poderoso y resolutivo, mostrando una importante capacidad de adaptación.
La suerte suprema no resultó limpia en el primer intento: la estocada hizo guardia, siendo necesario recurrir posteriormente al descabello. Finalmente, cortó una oreja.
El sexto fue el toro de mayor cuajo de la corrida. Un ejemplar que tuvo un buen embroque en los primeros compases de los muletazos, pero al que le faltó fondo para mantener esa condición durante toda la faena.
El animal se quedaba corto, se defendía y además acusaba una fuerza justa, circunstancias que obligaron a Borja Jiménez a plantear una faena de enorme sentido profesional.
El sevillano lo entendió perfectamente y toreó siempre a la altura que exigía el astado, manteniéndolo cosido a los vuelos de la muleta y evitando enganchones innecesarios.
La faena tuvo mérito por la capacidad del torero para sacar partido de un toro que fue perdiendo recorrido. Borja consiguió mantener la intensidad y exprimir las últimas posibilidades del animal.
Tras la estocada tuvo que utilizar el descabello en tres ocasiones. Finalmente, paseó una oreja, cerrando así una tarde de dos trofeos.
Una corrida con un quinto de vuelta al ruedo
El encierro de Salvador Domecq ofreció un juego desigual, con ejemplares que presentaron diferentes condiciones y exigieron respuestas distintas a los toreros.
El quinto destacó especialmente por su calidad y clase por el pitón izquierdo, permitiendo a Adrián de Torres protagonizar la faena más artística de la tarde. Su comportamiento le valió el reconocimiento de los tendidos y el posterior premio de vuelta al ruedo.
También hubo toros con menor fondo, otros más defensivos y ejemplares que exigieron mayor capacidad técnica. La terna, sin embargo, supo responder y terminó dejando una tarde de importante contenido artístico y profesional.
Siete orejas para cerrar una gran tarde
Villacarrillo despidió una tarde de triunfo. Sebastián Castella, con su habitual capacidad de lectura y dominio, cortó dos orejas. Adrián de Torres fue uno de los grandes protagonistas al sumar tres trofeos y protagonizar la faena más destacada al quinto. Y Borja Jiménez, siempre dispuesto y poderoso, completó la terna con dos orejas.
Siete trofeos en total y un toro premiado con la vuelta al ruedo resumen una corrida en la que los tres espadas encontraron argumentos para reivindicar su condición de toreros de recursos, capacidad y ambición.


