Crónicas

Juan Ortega conquista la Puerta Grande y Pablo Aguado corta una oreja en Almería

Juan Ortega fue el gran triunfador del festejo al cortar las dos orejas del quinto, en una actuación de gran profundidad y torería que permitió al sevillano salir a hombros. Pablo Aguado completó el balance artístico con una oreja del sexto, mientras Morante de la Puebla dejó una imagen de entrega ante dos toros de escasas opciones. Una tarde marcada por el buen toreo de la terna y por el desigual comportamiento de un ganado que condicionó en buena medida el resultado.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

28 de Agosto de 2026
Juan Ortega conquista la Puerta Grande y Pablo Aguado corta una oreja en Almería
Foto: Carmen Gálvez

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de toros de Almeria
GanaderíaToros de Olga Jiménez (1º), Álvaro Núñez (3º) y Hnos. García Jiménez (2º, 4º, 5º y 6º)
FestejoEl ganado ofreció un juego muy desigual, con predominio de ejemplares faltos de raza, recorrido y transmisión. El quinto fue la excepción más destacada, mostrando mejores condiciones y permitiendo el triunfo de Juan Ortega, mientras el sexto también ofreció posibilidades para el lucimiento de Pablo Aguado.

Morante de la Puebla

Silencio tras aviso y Ovación

Juan Ortega

Ovación y Dos orejas

Pablo Aguado

Silencio y Oreja

Morante de la Puebla abrió la corrida ante un toro de Olga Jiménez de comportamiento poco claro desde los primeros lances. El animal se mostró incierto durante la lidia, midiendo los engaños, embistiendo con la cara alta y llegando incluso a voltear sin consecuencias a ‘El Pincho’. El diestro cigarrero tuvo que emplearse para corregir las dificultades de su oponente, tratando de conducirlo siempre muy metido en la muleta y tapando sus defectos. Sin embargo, la condición del astado no mejoró y la faena quedó condicionada desde el principio por la falta de colaboración. El público valoró el esfuerzo del sevillano, aunque tampoco acertó con los aceros ante un toro que se complicó en la suerte suprema. Silencio.

Juan Ortega recibió al segundo sentado en el estribo, con una estampa de gran torería, antes de lucirse con el capote ante un toro de Hermanos García Jiménez que apuntó buenas condiciones en sus primeras embestidas. El sevillano aprovechó esas arrancadas iniciales, pero el animal fue perdiendo fuelle hasta quedarse prácticamente sin recorrido y comenzar a defenderse. Ortega dejó algunos muletazos de gran estética, especialmente durante un comienzo de faena de notable sabor, aunque la falta de fondo del toro impidió que su labor alcanzara mayores cotas. Ovación.

Pablo Aguado recibió al tercero con un pausado saludo a la verónica, aprovechando las embestidas inciertas de un ejemplar de Álvaro Núñez para desplegar su personal concepto con el capote y levantar al público de Almería. El toro puso en dificultades a los banderilleros, destacando Iván García con un gran par que le valió la ovación tras desmonterarse. Aguado apostó fuerte y brindó al público antes de iniciar de rodillas junto a tablas. Sin embargo, el animal, aunque noble, careció de transmisión y terminó perdiendo las manos, evidenciando además un comportamiento cada vez más deslucido. El sevillano insistió sin encontrar respuesta y la faena no pudo tomar vuelo. Finalmente, el toro tuvo que ser apuntillado.

Morante de la Puebla afrontó el cuarto de la tarde, un ejemplar de Hermanos García Jiménez de embestida incierta y escasa entrega. El cigarrero volvió a intentarlo con el capote antes de construir una faena de mucho mérito, en la que su torería y capacidad de entrega suplieron las limitaciones del animal. El sevillano toreó con ambas manos, dejando una labor salpicada de detalles y mando, con especial profundidad en los muletazos sobre la diestra. La espada impidió que el esfuerzo encontrara recompensa, aunque los tendidos reconocieron su actuación con una ovación. Tras saludarla, Morante abandonó el coso con permiso de la presidencia y de sus compañeros de cartel para poner rumbo a Bilbao, donde tenía previsto hacer el paseíllo dos días después.

Juan Ortega ante el quinto, el ejemplar de Hnos. García Jiménez mostró una condición mucho más favorable que la de sus hermanos y el sevillano supo aprovecharla desde el primer momento. Comenzó la faena con pases de rodillas, ganando terreno hasta llevar al toro hacia los medios. A partir de ahí, Ortega fue creciendo junto al animal y metiéndose poco a poco al público en el bolsillo, siempre desde la torería y el temple que le caracterizan.

Los momentos de mayor hondura llegaron por el pitón izquierdo, donde el sevillano consiguió enganchar las embestidas con los vuelos de la muleta y conducirlas con largura y profundidad. Una faena de mucha categoría, asentada y llena de torería, que permitió a Ortega rescatar una tarde condicionada hasta entonces por la escasa raza y calidad del ganado. Culminó la labor con una estocada casi entera y el público solicitó de forma unánime las dos orejas, que finalmente fueron concedidas.

Pablo Aguado puso el broche a la tarde con una faena de gran sabor frente al sexto, un toro al que supo entender desde el inicio. El sevillano desplegó un toreo basado en el temple, la naturalidad y el gusto, encontrando los mejores pasajes cuando logró llevar la embestida con mayor profundidad. La faena fue creciendo en intensidad y conectó con fuerza con los tendidos, antes de rubricar su actuación con la espada. La labor fue reconocida con una oreja, premio a una actuación de gran personalidad.

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