Roca Rey fue el gran protagonista de la tarde en La Condomina al pasear cuatro orejas y un rabo, tras imponerse a sus dos oponentes. Paco Ureña y Juan Ortega se fueron de vacío, con Ureña ovacionado en sus dos actuaciones y Ortega silenciado.
Paco Ureña, El primero de Victoriano del Río tuvo movilidad y permitió a Ureña lucirse en el saludo capotero. Ya con la muleta, el murciano comenzó su labor en los medios y encontró un toro de buena condición, sobre el que desarrolló una faena basada en el toreo por abajo y la profundidad del trazo. Destacaron especialmente los naturales y un cierre de máxima entrega, en el que llegó a pasarse al animal muy cerca de los muslos. Fue una actuación de gran autenticidad, pero el desacierto con la espada, cuando tenía las orejas al alcance, dejó el premio en una ovación.
Juan Ortega, El segundo, un toro largo, fino y alto de agujas, no terminó de definirse en ningún momento, con cambios constantes en el ritmo de sus embestidas. Mostró poca raza y resultó deslucido, obligando a Juan Ortega a emplearse a fondo para intentar encauzar su comportamiento. El sevillano planteó una faena basada en el esfuerzo y la constancia, siempre por encima de las condiciones del animal, tratando de imponer su concepto. Los problemas con los aceros en el tramo final, tras recibir dos avisos, hicieron que su actuación se saldara con silencio.
Roca Rey, recibió al tercero con un saludo por chicuelinas ante un toro que ya dejó muestras de escasa entrega. Durante el tercio de banderillas, el animal hizo hilo a Paquito Algaba, que sufrió una lesión al caer de forma desafortunada en el callejón. El torero peruano inició la faena de muleta con estatutarios, frente a un ejemplar que no se empleó, y posteriormente lo condujo hasta los medios. Allí desarrolló una labor basada en el sometimiento y en llevar las embestidas por abajo, imponiendo su mando sobre el animal. Fue una actuación de mucha disposición y responsabilidad, en la que Roca Rey trató de extraer todo lo que el toro llevaba dentro, ganándole siempre la acción. Cuando el astado terminó por aplomarse, el diestro se colocó entre los pitones y conectó con el público a base de cercanías. Una muestra de superioridad ante su oponente, rematada con una estocada contundente que le valió las dos orejas.
Paco Ureña, hizo su aparición el cuarto, un ejemplar de menor alzada al que Paco Ureña condujo con suavidad hasta los medios. El toro de Victoriano del Río fue noble y respondió con buena disposición a los toques de un Ureña preciso y meticuloso. Aunque tuvo prontitud, anduvo justo de fuerzas, condición que el murciano supo interpretar a la perfección, llevando la muleta por delante y tirando de la embestida para firmar dos tandas en redondo por abajo. Añadió después una serie de naturales de gran profundidad y continuó con otras dos tandas en redondo, mostrándose especialmente entregado en una de ellas a pies juntos. El cierre fue de mucha intensidad y entrega. Tras un pinchazo, dejó una estocada, pero el toro tardó en doblar y el ambiente perdió fuerza. Necesitó finalmente un golpe de descabello y fue ovacionado.
Juan Ortega, protagonizó un extraordinario quite en el que combinó gaoneras y verónicas. Sin embargo, el toro llegó al último tercio muy falto de raza, aplomado y sin apenas posibilidades de lucimiento. El sevillano se mostró dispuesto ante su oponente e intentó alargar sus embestidas, tratando de disimular las limitaciones del animal con su personal forma de interpretar el toreo. Tras una estocada, su actuación fue silenciada.
Roca Rey, comenzó la faena al sexto de forma arrolladora, con muletazos de rodillas que levantaron de inmediato a la plaza. El toro mostró carácter y el peruano respondió con intensidad, enlazando los muletazos por ambas manos. El animal fue bueno y Roca cuajó una faena a la altura, mostrándose ambicioso y completamente metido en la labor. La Condomina vibró con la actuación del diestro, que puso el broche con una gran estocada, entrando a matar con decisión y dejando un auténtico cañonazo. Dos orejas y rabo.