Crónicas

Daniel Luque confirma su gran momento y se lleva el mano a mano de Dax

El sevillano se impone en el cierre de Toros y Salsa 2026, mientras Miguel Ángel Perera corta una oreja; la tarde queda marcada también por el grave percance del picador Ignacio Rodríguez

Tendido Digital

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Redactor

13 de Septiembre de 2026
Daniel Luque confirma su gran momento y se lleva el mano a mano de Dax

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de Toros de Dax
GanaderíaToros de El Torero
FestejoToros de El Torero, bien presentados, de juego desigual y exigente en su conjunto (destacó la bravura y transmisión del 2.º y la noble calidad del 5.º; áspero y con peligro el 6.º).

Miguel Angel Perera

Silencio , Ovación Tras Aviso y Oreja

Daniel Luque

Dos Orejas , Palmas Tras Aviso y Silencio

La Feria Toros y Salsa 2026 de Dax ha echado el telón con un mano a mano memorable en su último festejo, protagonizado por Miguel Ángel Perera y Daniel Luque frente a un serio y manejado lote de El Torero. La tarde, que transitó entre la emoción, la técnica depuesta y los momentos de auténtica zozobra, se saldó con un balance triunfal que abrió la puerta grande para ambos coletas tras cuajar faenas de enorme mérito y aguante frente a antagonistas de dispar condición.

Abrió plaza Miguel Ángel Perera con un astado fino de hechuras y veleto, noble de salida en el capote pero que acusó una flagrante falta de fuerzas y fondo en el tercio definitivo, impidiendo cualquier opción de lucimiento (silencio).

La locura estalló en el segundo de la suelta, un animal abanto que embistió recto en el capote de Daniel Luque y tomó con codicia el segundo puyazo al relance. Muy distraído y con querencia a los adentros, el de El Torero exigió un esfuerzo titánico. Luque, tras brindar al público, comenzó doblandose con autoridad al hilo de las tablas. Tragando sin inmutarse ante los amagos de colada del astado, el de Gerena lo encerró en un palmo de terreno por ambos pitones hasta someterlo por completo. Veinte muletazos encajados en la faja sin enmendar un milímetro redondearon una obra cumbre. Mató de entera y el público, desatado, concedió con justicia las dos orejas.

El tercero, fino de hechuras, permitió a Perera estructurar un trasteo donde destacó el buen pitón derecho. Por el izquierdo el animal protestó más y acabó por venirse abajo antes de tiempo. Tras una buena serie de diestros y una labor entregada, despachó al oponente de una estocada entera con el aviso sonando (ovación).

Tras el intermedio, el cuarto evidenció mayor cuajo y embistió con franqueza en el capote de un Luque que dejó lances de gran gusto, destacando además la labor de Contreras y Arruga en banderillas. En la muleta, el toro se apagó pronto; Luque lo midió y mimó con temple, premiando el fondo del animal aunque sin la raza necesaria para romper arriba. Pinchazo hondo y entera tras un aviso (palmas).

El quinto de la tarde, un burraco imponente, protagonizó el susto del festejo. Se lanzó de largo desde el centro del ruedo sobre el caballo que acababa de entrar, arrollándolo por detrás y derribando con violencia al picador Ignacio Rodríguez, que quedó atrapado bajo las costillas del equino en una escena de angustia donde faltaron capotes al quite hasta que el propio Luque se agarró del rabo del toro. El picador tuvo que pasar a la enfermería con posible fractura abierta de codo derecho, mientras el caballo sufría daños considerables. Superado el trance, el burraco resultó extraordinario. Perera lo toreó a placer por ambos pitones con tandas ligadas y redondas de exquisita reunión, rubricando con una entera algo baja de efecto rápido que le valió cortar una importante oreja.

Cerró la tarde un sexto de El Torero muy complicado, bajo, que echó las manos por delante y apretó en la lidia —saludando Mathieu Guillon en banderillas—. El animal no regaló ni una embestida, manifestando genio y peligro constante para colarse o rebañar. Con el esportón ya triunfal, Luque no quiso descuidar su compromiso y se empeñó en poderle, extrayendo muletazos de altísima exposición y inmenso valor que el público supo valorar. Solo el fallo con los aceros evitó un nuevo trofeo tras pinchar antes de la estocada (silencio).

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