Crónicas

El gran momento de El Mene: Oreja en Arganda ante un deslucido encierro de Valdefresno

El novillero maño rescata una tarde de escaso lucimiento en el coso madrileño a base de naturalidad, serenidad y firmeza, mientras que Gonzalo Capdevila y Martín Morilla marchan de vacío ante las complicaciones de los astados.

Tendido Digital

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Redactor

9 de Septiembre de 2026
El gran momento de El Mene: Oreja en Arganda ante un deslucido encierro de Valdefresno

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de Toros de Arganda
GanaderíaNovillos de Valdefresno
FestejoDe desigual presentación y juego

Gonzalo Capdevila

Silencio y Silencio

El Mene

Silencio y Oreja

Martín Morilla

Silencio y Bronca

La localidad madrileña de Arganda del Rey ha vivido una nueva jornada de la trigésimo séptima edición de su Feria de Novilladas ‘Vid de Oro’ 2026, marcada por el juego desigual y falto de opciones de los astados del hierro de Valdefresno. En medio de este contexto, El Mene ha emergido como uno de los nombres propios del verano taurino al cuajar una gran actuación que le permitió pasear un trofeo.

El Mene protagonizó los momentos más brillantes de la función. Con su primer oponente, un segundo bisojo y complicado que careció de fijeza en los avíos, el novillero se mostró entregado y dispuesto pese a las nulas opciones de lucimiento, dejando detalles sueltos de buen trazo antes de ser silenciado. La verdadera dimensión llegó con el quinto de la tarde, un astado al que supo construirle la faena desde la serenidad. Tras un lucido inicio capotero, el espada exhibió firmeza y soltura en ambos pitones, brillando de manera especial al natural con un toreo de exquisito buen gusto. La labor in crescendo se rubricó con una estocada efectiva que le valió el corte de una oreja de ley.

Gonzalo Capdevila pechó con un lote deslucido que limitó sus opciones de triunfo. Recibió al primer cornúpeta con una larga cambiada en el tercio, aunque el animal evidenció escasez de fuerzas desde los primeros tercios, una condición que condicionó de principio a fin el trasteo de un voluntarioso Capdevila. Con el cuarto, que ofreció algo más de transmisión y recorrido pese a arrastrar también problemas de solidez, el espada firmó una labor correcta y esforzada que, sin embargo, no logró calar en los tendidos, marchándose de vacío con silencio en ambos turnos.

Martín Morilla vivió una tarde aciaga ante un lote sumamente desabrido. El tercio de banderillas del tercero dejó momentos de máxima tensión cuando el astado metió la cabeza entre los barrotes del coso argandeño. Ante un animal que salió constantemente suelto y con la cara alta, el novillero optó por abreviar, cosechando el silencio. Tampoco colaboró el sexto, negado para el lucimiento en varas y banderillas. Sin opciones reales ante sus difíciles condiciones, abrevió con rapidez y, tras emplear media estocada y varios descabellos, la actuación quedó embitada por una fuerte protesta del respetable que se tradujo en bronca.

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