Opinión

El león nunca dejará de rugir

Iván Fandiño habría cumplido hoy 46 años. Nueve años después de su muerte, su nombre continúa ligado a una manera de entender el toreo basada en la verdad, el valor y la independencia

Eduardo Elvira

Eduardo Elvira

Director

29 de Septiembre de 2026
El león nunca dejará de rugir
Hay toreros que pasan por la historia de la tauromaquia y otros que consiguen permanecer en la memoria mucho después de abandonar los ruedos. Iván Fandiño pertenece, sin ninguna duda, a ese segundo grupo. Hoy, 29 de septiembre, habría cumplido 46 años y su nombre vuelve a aparecer en la memoria de los aficionados. Han pasado nueve años desde aquella tarde de junio de 2017 en Aire-sur-l’Adour, pero el paso del tiempo no ha conseguido borrar la figura de aquel torero que hizo de la lucha, la independencia y la entrega una forma de entender su profesión.

Para comprender al Fandiño que terminó conquistando las principales plazas hay que regresar a sus primeros años y, especialmente, a Guadalajara. Allí llegó siendo todavía un joven que buscaba oportunidades y que necesitaba abrirse camino en un mundo en el que nadie regalaba nada. En las capeas de la provincia comenzó a demostrar unas condiciones que no pasaron desapercibidas para Néstor García, quien se convirtió en una de las personas fundamentales de su trayectoria. El encuentro entre ambos marcaría para siempre la carrera del torero.

Néstor apostó por aquel joven de Orduña cuando todavía estaba muy lejos de los grandes carteles. Fandiño llegó incluso a vivir en Guadalajara, en casa de su apoderado, y allí comenzó a construirse una relación que fue mucho más allá de la estrictamente profesional. Fueron años de aprendizaje, de sacrificios, de viajes, de capeas y de buscar cualquier oportunidad para poder ponerse delante de un toro. Néstor fue su hombre de confianza durante una etapa decisiva y estuvo a su lado cuando el nombre de Iván Fandiño todavía no tenía el peso que alcanzaría posteriormente.

En aquella etapa también estuvo cerca Álvaro Polo, otra de las personas vinculadas a los primeros años del torero en Guadalajara. Fueron tiempos en los que todo estaba por construir y en los que el futuro todavía era una incógnita. Fandiño tenía que demostrar cada tarde que podía llegar a ser alguien dentro del toreo, y Guadalajara se convirtió en uno de los lugares donde pudo crecer, curtirse y comenzar a hacerse un nombre.

Con el paso de los años, aquel joven que buscaba oportunidades en las capeas terminó llegando a Madrid, Bilbao, Sevilla y a las principales plazas de Francia. Su carrera se construyó desde abajo, sin atajos y con una personalidad que terminó convirtiéndose en una de sus grandes señas de identidad. Fandiño nunca quiso que le regalaran nada. Quiso ganarse cada contrato, cada triunfo y cada reconocimiento delante del toro.

Madrid fue uno de los grandes escenarios de su trayectoria. La Puerta Grande de Las Ventas en 2014 y la encerrona de 2015 con seis toros de diferentes ganaderías representan dos capítulos fundamentales de aquella carrera. Más allá de los resultados, aquellas tardes reflejaban la mentalidad de un torero que entendía su profesión desde el riesgo y la exigencia. Fandiño buscaba aquello que más podía exigirle y aceptaba el compromiso de enfrentarse a ello.

Pero reducir su figura a sus estadísticas sería quedarse en la superficie. Lo que hizo especial a Iván Fandiño fue la personalidad que transmitía cuando se colocaba delante del toro. Tenía una manera propia de entender el toreo, una forma de afrontar las dificultades y una determinación que le acompañó desde sus primeros años hasta las grandes plazas. Podían existir opiniones diferentes sobre su concepto, pero era difícil negar que había construido una identidad propia.

Y en todo ese camino Guadalajara nunca desapareció de su historia. La ciudad había conocido al joven que llegó buscando oportunidades y fue testigo de su transformación en figura. El Coso de las Cruces terminó siendo además uno de los escenarios importantes de su carrera y, después de su muerte, la relación entre Fandiño y Guadalajara quedó todavía más marcada con el reconocimiento de la ciudad a su figura.

El 17 de junio de 2017 todo cambió. En Aire-sur-l’Adour, un toro de Baltasar Ibán acabó con la vida de Iván Fandiño cuando solamente tenía 36 años. Aquella noticia sacudió al mundo del toro y dejó una herida difícil de cerrar. Desde entonces, cada aniversario de su nacimiento y de su muerte sirve para recordar una trayectoria que terminó demasiado pronto, pero que había conseguido dejar una huella profunda.

Hoy no tiene demasiado sentido preguntarse qué habría sido de Fandiño si aquella tarde no hubiera sucedido. Nadie puede saber cuántas temporadas habría toreado, qué nuevas metas habría perseguido o hasta dónde habría llegado su carrera. Lo que sí sabemos es lo que dejó. Dejó el recuerdo de un torero que tuvo que luchar por cada oportunidad, que encontró en Guadalajara un lugar donde crecer y que consiguió llegar a las grandes plazas gracias a una personalidad y una determinación absolutamente reconocibles.

También dejó personas que nunca olvidarán aquellos años. Néstor García, que apostó por él cuando todavía era un desconocido; Álvaro Polo, que compartió aquella etapa de crecimiento; y tantos otros que estuvieron cerca del torero cuando todavía no existían los grandes carteles ni los grandes reconocimientos. Para ellos, Fandiño no fue únicamente el torero que después salió por la Puerta Grande de Las Ventas. Fue aquel joven que llegó a Guadalajara con un sueño y que tuvo que luchar para convertirlo en realidad.

Por eso hoy, cuando Iván Fandiño habría cumplido 46 años, merece la pena recordarlo más allá de la tragedia. Recordarlo por el camino recorrido, por las tardes que protagonizó y por las personas que estuvieron a su lado cuando todavía estaba empezando. Recordarlo como aquel torero que nunca aceptó que el camino fácil fuera una opción y que convirtió la dificultad en una parte esencial de su carrera.

Hay nombres que el tiempo termina alejando de la actualidad y otros que permanecen porque representan algo que va más allá de los resultados. Fandiño pertenece a estos últimos. Su historia sigue siendo contada por quienes lo conocieron, por quienes compartieron plaza con él y por quienes descubren hoy sus imágenes y sus tardes. Y cada vez que aparece su nombre, vuelve también aquella forma de entender el toreo basada en la lucha, el riesgo y la verdad.

Iván Fandiño habría cumplido hoy 46 años. Guadalajara fue una parte fundamental de su historia y quienes estuvieron cerca de él durante aquellos primeros años forman parte también de la historia de aquel torero. Néstor, Álvaro y tantos otros ayudaron a acompañar a un joven que soñaba con ser figura y que terminó dejando una huella que todavía permanece.

Porque podrán pasar los años y podrán cambiar los nombres de los carteles, pero hay toreros cuya personalidad permanece intacta en la memoria de la afición. Iván Fandiño es uno de ellos. El león se marchó demasiado pronto, pero su rugido nunca dejará de escucharse.

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