Juan Ortega sigue en racha y suma Palencia a sus puertas grandes

Javier Holgado
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaPalencia
GanaderíaEl Capea (1º, 5º y 6º) y Carmen Lorenzo (2º, 3º y 4º)
FestejoEl encierro de El Capea resultó desigual y condicionado por la falta de fuerzas y fondo. El primero fue muy justo de poder, noble y con tendencia a rajarse, aunque permitió momentos de calidad; el segundo mostró buenas condiciones para el toreo por la derecha, con nobleza y recorrido; el tercero tuvo calidad y temple, pero acusó pronto su falta de fondo; el cuarto fue de escaso recorrido, aunque manejable y con capacidad para permitir el toreo por ambos pitones; el quinto, gran protagonista de la tarde, fue justo de fuerzas pero con calidad, nobleza y buenas condiciones para el toreo; y el sexto resultó de poco fondo y terminó apagándose, dejando escasas opciones. En conjunto, una corrida noble y con calidad, pero falta de poder y fondo en varios ejemplares.
Diego Urdiales
ovación tras aviso y oreja
Juan Ortega
ovación tras aviso y dos orejas
Pablo Aguado
silencio tras aviso y silencio
Primer toro: Diego Urdiales — ovación.
Diego Urdiales recibió al primero con un buen saludo a la verónica, mostrando desde el capote su sello de torero clásico. En el quite volvió a lucirse por chicuelinas, aunque el toro evidenció rápidamente su escasa fortaleza.
El riojano tuvo que plantear una faena de mucho mérito ante un animal que se movía con las fuerzas muy justas y que amenazaba constantemente con rajarse. Urdiales consiguió darle vuelo por el pitón derecho, mientras que al natural tuvo que perder pasos continuamente para mantener la embestida. Surgieron muletazos aislados, de gran calidad y profundidad. La espada terminó privándole de un premio que había ganado en el ruedo. Ovación.
Segundo toro: Juan Ortega — ovación tras aviso.
Juan Ortega dejó una notable expresión a la verónica en el recibo del segundo. Ya con la muleta comenzó a mostrar su concepto clásico con varios muletazos genuflexos, antes de sacar al toro a los medios para desarrollar allí toda la faena.
El sevillano encontró sobre la mano derecha las mejores condiciones del animal y consiguió construir tandas en redondo, templadas y ligadas, con su habitual gusto y naturalidad. Hubo momentos de gran armonía, aunque el desacierto con la espada le impidió redondear la actuación. Ovación tras aviso.
Tercer toro: Pablo Aguado — silencio tras aviso.
Pablo Aguado encontró en el pitón derecho el mejor argumento de un toro de El Capea al que toreó con temple y largura durante los primeros compases. El sevillano consiguió correr la mano con suavidad y dejar algunos muletazos de buen trazo.
La faena perdió intensidad cuando tomó la izquierda, ya que el animal acusó la falta de fondo. Aguado regresó a la diestra para recuperar el tono y volvió a dibujar pasajes de calidad. Necesitó tres intentos con la espada para acabar con el toro. Silencio tras aviso.
Cuarto toro: Diego Urdiales — oreja.
Diego Urdiales volvió a hacer gala de su torería ante un cuarto de escaso recorrido, al que consiguió extraer todo lo que llevaba dentro. El riojano tiró de él con paciencia y logró ligar el toreo por ambos pitones.
La faena fue creciendo hasta alcanzar sus mejores momentos en el tramo final, cuando Urdiales dejó muletazos sueltos, templados y cargados de hondura. Una estocada contraria puso fin a una labor de mucho contenido. Oreja.
Quinto toro: Juan Ortega — dos orejas y Puerta Grande.
Juan Ortega alcanzó la cima de la tarde ante el quinto, un toro de El Capea de fuerzas justas pero con calidad. El sevillano construyó una faena de corte clásico, basada en el temple, la elegancia y la armonía.
Toreó con enorme naturalidad por ambas manos, hilvanando series de mucha clase y profundidad. La faena estuvo salpicada de pasajes de gran belleza, en los que Ortega impuso su concepto y convirtió las limitadas fuerzas del animal en un ejercicio de toreo reposado y artístico. Cerró con unas manoletinas de rodillas en tierra. Aunque la estocada cayó baja, el público valoró la dimensión de la faena y el sevillano paseó las dos orejas, asegurando la Puerta Grande.
Sexto toro: Pablo Aguado — silencio.
Pablo Aguado comenzó con algunos muletazos de interés sobre la mano derecha, intentando aprovechar las primeras arrancadas del sexto. Sin embargo, el toro fue perdiendo progresivamente gas y terminó completamente apagado, dejando al sevillano sin posibilidades de dar continuidad a su labor. Silencio.


