Manuel Román responde en Córdoba con una actuación de entrega y personalidad
El joven torero cordobés aprovechó el gran tercero de Juan Pedro Domecq para firmar una faena intensa y conectada con los tendidos, confirmando el sitio y la ambición con los que afrontó su compromiso en Los Califas.
Rubén Sánchez
Coordinador

La tarde de Manuel Román en Córdoba dejó señales muy positivas sobre el momento y la proyección del joven diestro cordobés. En un cartel de máxima responsabilidad y rodeado de figuras consolidadas, Manuel supo mantener el pulso de la corrida y responder con personalidad ante su público.
Su gran oportunidad llegó con el tercero de la tarde, un toro extraordinario de Juan Pedro Domecq que reunió clase, transmisión y profundidad en la embestida. Un animal con ritmo y fondo que permitía el lucimiento, pero que también exigía ligazón y capacidad para mantener siempre el mando de la faena.
Y Manuel Román no se dejó ganar la partida. Desde el inicio se mostró entregado y decidido, apostando por una labor intensa y muy conectada con el público cordobés, que rápidamente se metió en la faena. El joven torero encontró especialmente por el pitón derecho los momentos de mayor dimensión, logrando tandas en redondo de notable continuidad y buen gusto.
La obra tuvo ritmo y emoción, sostenida siempre por la actitud de un torero que quiso apostar fuerte delante de un toro con muchas virtudes. Hubo ligazón, frescura y también un evidente deseo de dejar huella en una tarde importante para su carrera.
Además, Manuel atacó la suerte suprema con rectitud y verdad, aunque el toro tardó en caer y eso terminó enfriando parcialmente el ambiente tras sonar un aviso. Aun así, la oreja concedida tuvo peso y reconoció una actuación de mérito frente a uno de los mejores animales de la tarde, ovacionado en el arrastre.
Con el sexto, sin embargo, no pudo redondear el triunfo. El toro tuvo nobleza, pero la faena nunca terminó de coger vuelo ni de alcanzar la intensidad del primero de su lote. Faltó continuidad y conexión, en una labor más apagada que fue perdiendo fuerza con el paso de los minutos.
El fallo con la espada volvió a convertirse en un obstáculo y el silencio final tras el aviso dejó la sensación de oportunidad perdida para cerrar una tarde de mayor dimensión estadística.
Pese a ello, Manuel Román salió reforzado de su compromiso en Córdoba. Más allá del trofeo, dejó la impresión de ser un torero con ambición, personalidad y capacidad para conectar con los tendidos cuando encuentra el toro adecuado y la confianza necesaria para soltarse.






