Opinión

Morante de la Puebla abre la Puerta Grande de Jerez y reafirma que el arte también gana

En la tarde de ayer en la Plaza de Toros de Jerez de la Frontera, Morante de la Puebla volvió a escribir otra página de su historia grande: salió por la Puerta Grande tras una actuación cargada de personalidad, inspiración y momentos de toreo de enorme profundidad. Más allá del resultado, su triunfo volvió a dividir entre la estadística y la emoción.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

17 de Mayo de 2026
Morante de la Puebla abre la Puerta Grande de Jerez y reafirma que el arte también gana
Foto: Javier Romero
Hay tardes en las que el toreo no necesita explicación, sino silencio. Y la de ayer en Jerez fue una de esas tardes en las que la figura de Morante de la Puebla volvió a imponerse con esa lógica suya, tan poco lógica para el sistema moderno del toreo.

Salió por la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Jerez de la Frontera, y ese dato, frío en apariencia, en realidad cuenta muy poco si no se entiende el contexto: lo que allí ocurrió fue menos una sucesión de muletazos que una reivindicación de un concepto artístico.

Morante no torea para puntuar. Y eso, en una época obsesionada con los trofeos, es casi un acto de resistencia. Su tauromaquia no siempre es regular, ni previsible, ni cómoda. Pero cuando encuentra el pulso de la faena, el tiempo cambia de ritmo.

En Jerez hubo momentos de esa naturaleza: pasajes de inspiración, verónicas con sello personalísimo, y una capacidad de transformar un instante aislado en algo que el público percibe como irrepetible. La Puerta Grande, en este caso, no es solo una consecuencia del reglamento, sino una confirmación de impacto.

También hubo, como casi siempre en su caso, zonas de dificultad, faenas que no terminaron de romper con claridad absoluta y toros que no ayudaron a elevar el conjunto. Pero Morante no depende de la perfección del conjunto: depende del relámpago.

Y ese relámpago apareció lo suficiente como para que Jerez acabara rendido. Porque cuando Morante se conecta con su idea del toreo, no hay término medio: o te desconcierta o te conmueve.

La Puerta Grande, por tanto, no es solo un triunfo numérico. Es la validación de una forma de entender la lidia que no busca la suma, sino el instante. Y en ese territorio, Morante sigue siendo un nombre propio sin equivalente.

Ayer en Jerez no ganó solo un torero. Ganó una idea del toreo que se niega a desaparecer.

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