Opinión

Murcia tiene toreros, pero necesita apostar por ellos

Antonio Puerta, Filiberto y Antonio Aparicio representan tres caminos distintos dentro de la tauromaquia regional, mientras la Escuela Taurina El Toreo trabaja para que el futuro del toreo murciano no se quede en una promesa.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

16 de Octubre de 2026
Murcia tiene toreros, pero necesita apostar por ellos
Foto: David Martínez Fajardo y Alfredo Arévalo
La temporada taurina va llegando a su final y es momento de mirar hacia casa, de detenerse en los nombres propios que sostienen la afición en la Región de Murcia y de preguntarse qué lugar ocupa realmente el toreo murciano en el panorama nacional. Porque Murcia tiene toreros, tiene talento y cuenta con una cantera que trabaja para abrirse camino. Lo que no siempre parece tener es el respaldo y la continuidad que todo ese potencial merece.

Tres nombres permiten dibujar buena parte de esa realidad: Antonio Puerta, Filiberto y Antonio Aparicio. Tres trayectorias diferentes, tres maneras de entender el momento profesional y una misma raíz que los une: el orgullo de representar a una tierra con una profunda tradición taurina.

Antonio Puerta ha vivido una temporada marcada por un paso de enorme responsabilidad: su confirmación de alternativa en la plaza de toros de Las Ventas, el pasado 15 de agosto. Madrid no es una plaza más en la carrera de un torero. Es un escenario que exige, que examina y que obliga a demostrar la capacidad de estar a la altura de las circunstancias. Su campaña ha dejado también actuaciones de relieve en otras plazas, como la de Cehegín, donde se midió a los toros de Victorino Martín. Puerta sigue escribiendo su historia, y su recorrido merece ser seguido con atención por una afición murciana que necesita sentir como propios los pasos de sus toreros.

Filiberto, por su parte, conoce bien el lado más exigente de esta profesión: el de seguir luchando cuando las oportunidades no llegan con la frecuencia que desearía un torero. Su experiencia, su oficio y su empeño por mantenerse activo forman parte de una realidad que invita a reflexionar sobre la dificultad de abrirse paso y permanecer en un escalafón tan competitivo. El toreo no se sostiene únicamente con las tardes de triunfo; también lo hace con la perseverancia de quienes continúan preparándose, toreando y esperando esa oportunidad capaz de cambiar el rumbo de una temporada.

El caso de Antonio Aparicio representa la ilusión de una carrera que busca consolidarse. El novillero de Torre Pacheco ha afrontado compromisos de importancia durante 2026, con actuaciones en plazas como Blanca, Calasparra y Villaseca de la Sagra, donde ha tenido la oportunidad de medirse a distintos públicos y demostrar sus condiciones. Su juventud no debe servir para exigirle resultados inmediatos, sino para valorar su evolución, su ambición y la capacidad de aprovechar las oportunidades. El camino hacia el objetivo de convertirse en matador de toros es largo, y en ese trayecto tan importante es el talento como encontrar novilladas, continuidad y confianza.

Los tres coincidieron el pasado 11 de octubre en el festival taurino de La Unión, una cita que dejó un balance de dos orejas para Antonio Puerta, dos para Filiberto y dos orejas y rabo para Antonio Aparicio. Más allá del resultado artístico, aquel cartel tuvo un valor especial: reunir en una misma plaza a tres representantes del toreo murciano y demostrar que existe materia prima para ofrecer festejos con identidad propia. Fue una fotografía del presente taurino regional, con experiencia, juventud y ganas de seguir avanzando.

Pero una reflexión sobre los toreros murcianos estaría incompleta si no mirase hacia quienes todavía sueñan con vestirse de luces. La Escuela Taurina El Toreo de Murcia constituye una pieza fundamental en esa tarea. Su actividad, la participación de sus alumnos en festejos y certámenes y su presencia en distintas plazas demuestran que el trabajo de formación no se limita a enseñar a manejar los trastos: también consiste en inculcar disciplina, responsabilidad, preparación y respeto por una profesión tan exigente como esta.

Los alumnos necesitan oportunidades reales para demostrar lo aprendido. Necesitan empresarios que apuesten por las clases prácticas, instituciones que comprendan el valor de mantener viva la formación taurina y aficionados que acudan a las plazas cuando el cartel está compuesto por jóvenes que empiezan a abrirse camino. Detrás de cada novillero hay horas de entrenamiento, desplazamientos, sacrificios familiares y una ilusión que merece ser tratada con seriedad.

Por eso, hablar de Antonio Puerta, Filiberto y Antonio Aparicio también significa hablar de la responsabilidad colectiva de cuidar el futuro taurino de Murcia. No basta con celebrar un triunfo cuando llega ni con llenar las redes sociales de elogios después de una buena faena. El verdadero apoyo se demuestra ofreciendo continuidad, dando sitio en los carteles y permitiendo que los toreros puedan construir una trayectoria con oportunidades para crecer.

La Región de Murcia no necesita vivir únicamente de los recuerdos de sus grandes tardes ni conformarse con contemplar cómo sus toreros buscan fuera las oportunidades que tanto necesitan. Tiene nombres con presente, jóvenes con futuro y una escuela que trabaja desde la base. Ahora hace falta que todos esos elementos encuentren el respaldo necesario para formar un proyecto taurino sólido.

Porque el futuro del toreo murciano no depende de un solo nombre ni de una única temporada. Se construye con la perseverancia de sus toreros, el trabajo de sus maestros, el compromiso de quienes organizan festejos y la respuesta de una afición que debe seguir creyendo en lo suyo.

Murcia tiene toreros. Tiene cantera. Tiene historia y tiene argumentos para mirar hacia delante. La cuestión es si sabrá convertir todo ese potencial en oportunidades, continuidad y futuro. Y esa responsabilidad, más allá del ruedo, pertenece a todos los que dicen sentir y defender la tauromaquia murciana.

Más noticias de Opinión