Paco Ureña deja una tarde de entrega y matices frente al lote con más opciones de Fuente Ymbro
El murciano encontró momentos de interés y emoción en una actuación marcada por la exigencia técnica de sus toros y por una conexión irregular con los tendidos de Las Ventas.
Rubén Sánchez
Coordinador

La actuación de Paco Ureña en Madrid tuvo contenido y pasajes de notable interés, aunque también dejó la sensación de que algunas opciones importantes se escaparon en una corrida de Fuente Ymbro que exigió firmeza, colocación y un planteamiento muy preciso en cada momento.
Su primero, “Infortunado”, salió frío y reservón, aunque pronto comenzó a enseñar un fondo de emoción que despertó la atención de los tendidos. El toro, bien presentado y ofensivo por delante, mostró una embestida encastada y exigente, especialmente cuando se le llevaba sometido y por abajo. Sin embargo, también acusó cierta querencia hacia tablas y una tendencia a descomponerse cuando perdía la línea o se le obligaba por alto.
Paco Ureña entendió pronto que el toro pedía mando y distancias muy concretas. Las primeras series sobre la mano derecha tuvieron transmisión y llegaron con fuerza al público gracias a la ligazón y al temple con el que el murciano consiguió bajar la mano. El toro respondía mejor cuanto más exigido se le llevaba, sacando emoción y profundidad en los muletazos.
La faena cambió de registro cuando Ureña tomó la zurda. Ahí apostó por un planteamiento más arriesgado y de mayor exposición, cruzándose mucho al pitón contrario y llevando la embestida en trayectorias menos convencionales. Fueron naturales de uno en uno, muy de verdad, pero también más difíciles de ligar debido a la condición del animal, que perdía ritmo fuera de las líneas más paralelas.
La entrega del torero fue indiscutible y la plaza reconoció varios pasajes de mérito, aunque el pinchazo previo a la estocada final enfrió una actuación que había tenido argumentos importantes. Aun así, quedó la sensación de que Ureña había sabido exprimir las virtudes de un toro con emoción y fondo encastado.
Con el quinto, “Laminado”, volvió a aparecer un toro de interés. Más serio y recogido de hechuras, el animal tuvo humillación, calidad y una embestida que pedía siempre mando por abajo. Ureña lo recibió con gusto a la verónica y posteriormente intentó construir una faena basada en la firmeza y el valor de permanecer muy quieto en el sitio.
El toro tuvo clase, especialmente por el pitón derecho, aunque también requería cierta inercia entre muletazo y muletazo para mantener la continuidad de la embestida. Ahí estuvo una de las claves de la faena. El murciano optó por un planteamiento más estático, apostando por el ajuste y la quietud, lo que redujo la longitud de las series y restó algo de fluidez al conjunto.
Al natural, además, nunca terminó de encontrarse el acople necesario y la obra fue perdiendo intensidad poco a poco. Una estocada caída terminó de dejar todo en silencio.
Pese a no tocar pelo, Paco Ureña volvió a dejar patente en Madrid su capacidad para asumir retos complejos y apostar siempre por el compromiso y la verdad delante del toro, incluso en una tarde donde el triunfo nunca terminó de abrirse del todo.





