Opinión

Perera, voluntad sin recompensa en una tarde condicionada por el viento y la falta de fondo del lote

El extremeño dejó momentos de autoridad y buen concepto frente a dos toros de Fuente Ymbro que nunca terminaron de romper hacia adelante en una tarde espesa y de escasa transmisión en Las Ventas.

Rubén Sánchez

Rubén Sánchez

Coordinador

18 de Mayo de 2026
Perera, voluntad sin recompensa en una tarde condicionada por el viento y la falta de fondo del lote
La comparecencia de Miguel Ángel Perera en Madrid estuvo marcada por la dificultad de encontrar continuidad y emoción frente a un lote de Fuente Ymbro que ofreció movilidad, pero muy poca entrega. El extremeño, siempre firme y dispuesto, intentó imponerse a las condiciones de sus oponentes y también a un viento incómodo que terminó condicionando gran parte de la tarde.

Su primero, “Vinazo”, ya dejó entrever desde salida ciertas limitaciones en la embestida. Aunque el toro tenía intención de humillar y cierta clase en el viaje, le faltaba poder y tendía a moverse descompuesto, especialmente cuando las exigencias aumentaban. Perera entendió pronto que el animal pedía las distancias cortas, aunque el viento y las protestas del toro complicaron desde el inicio el planteamiento de la lidia.

Tras un tercio de banderillas bien ejecutado por Daniel Duarte, el extremeño inició faena con doblones por alto, encontrándose con una embestida incierta y de movilidad más incómoda que franca. Aun así, consiguió someter al toro en una serie diestra de mérito, llevándolo muy mandón y con muletazos largos que por momentos hicieron pensar en una posible remontada de la faena.

Pero el toro fue desarrollando complicaciones. La movilidad, sin verdadera entrega, y el viento terminaron haciendo imposible el gobierno total de la embestida. La faena se fue diluyendo entre enganchones, dudas y una sensación de que el toro nunca acabó de romper hacia adelante. La espada, además, tampoco ayudó: una estocada defectuosa y el descabello dejaron todo en silencio tras sonar un aviso.

Con el cuarto, “Trasmallo”, Perera volvió a apostar por la variedad y el oficio desde el inicio, firmando un quite vistoso por chicuelinas y tafalleras. El toro, más bajo y rematado que sus hermanos, cumplió sin excesiva brillantez en varas y permitió un destacado tercio de banderillas de Daniel Duarte y Vicente Herrera, ambos ovacionados.

Brindó el extremeño al público consciente de que el toro tenía mejor condición que el anterior, aunque pronto se comprobó que le faltaba fondo y transmisión. Las primeras tandas sobre la mano derecha dejaron los momentos más destacados de la actuación de Perera, especialmente por el temple y la firmeza con la que logró bajar la mano y ligar algunos muletazos de calidad.

Sin embargo, el toro se apagaba rápidamente conforme avanzaban las series. A partir del tercer o cuarto muletazo, la embestida perdía ritmo y obligaba a constantes recolocaciones, rompiendo cualquier posibilidad de emoción sostenida. La faena terminó perdiendo intensidad y quedó en una actuación más técnica que brillante.

De nuevo, el acero se convirtió en un obstáculo. Perera necesitó un segundo intento con la espada y posteriormente el descabello, cerrando así una tarde en la que la disposición del torero nunca encontró el eco suficiente ni en los toros ni en el tendido.
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